Los psicólogos tranquilizan: tanto elegir viajar con los niños como dejarlos en el pueblo puede ser bueno.

Guía para sobrevivir y disfrutar un viaje con niños. Xphere

Vida Sana

Guía para sobrevivir (y disfrutar) de un viaje con niños

Las palabras “viajar” y “niños” en la misma frase lo mismo provocan entusiasmo que hacen saltar chispas. Decenas de blogs en la web con los mejores consejos y experiencias versus los que reniegan de los resorts mientras sueñan con dejar a los niños en el campamento o en el pueblo y huir unos días a algún destino inaccesible.

Lo que es cierto es que planificar un viaje con niños dista mucho de lo que esos mismos padres planeaban cuando aún no lo eran. Si antes podían elegir el destino poniendo un dedo con los ojos cerrados sobre una bola del mundo en movimiento, ahora tienen que pensar en una lista casi infinita de condicionantes como el transporte, el agua corriente, el clima o los insectos.

Planificar un viaje con niños dista mucho de lo que esos mismos padres planeaban cuando aún no lo eran

Pero entre quienes hacen la maleta felices de incluir pañales o flotadores y quienes maldicen mientras preparan el equipaje añorando su vida anterior, los psicólogos ponen paz. No hay que sentirse mal en ninguno de los casos. “Lo que es importante es pensar en las necesidades de cada uno de los miembros de la familia. Obviamente para los niños, viajar con sus padres tiene muchos beneficios a nivel emocional, pero para los padres también es necesario desestresarse y un viaje a veces es la mejor forma de conseguirlo, siempre con cabeza”, explica Amalia Gordóvil, profesora colaboradora de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

«Los padres son el árbol y los hijos los frutos, pues el árbol tiene que estar sano para que los frutos salgan también sanos». Con este símil apacigua también las aguas Natalia Sánchez, profesora de Educación Infantil en la Udima, que apuesta por los viajes con niños, que «les hacen sentirse más relajados, seguros y estimulan la secreción de oxitocina, la hormona de la filiación, que les ayuda al apego y el desarrollo», mientras que es conveniente «reservar algún día para una escapada en pareja más relajada».

Entonces, ¿en quién hay que poner el foco? “Pues depende”, dice Gordóvil, psicóloga infantil también en el centro GRAT, “si los padres de un niño de un año se van un mes, a la vuelta van a tener problemas de vinculación, pero si tiene que hacerse hay formas para hacerlo mejor, preparando poco a poco el tránsito a la separación para que no sea tan traumático”.

¿Cómo planificar un viaje con niños?

Lo primero es tratar de conjugar los gustos de todos los miembros de la familia. “Los padres no tienen por qué cambiar sus gustos, pero sí tendrán que adaptarlos. Sobre todo hay que pensar en los ritmos y en buscar momentos de disfrute para todos los miembros. Si a papá le apetece ver un museo, hay que ir. Pero también a tomar un helado si lo pide el más pequeño”, dice la psicóloga de la UOC.

A la hora de elegir el destino, si los niños son mayores los expertos recomiendan pedirles su opinión para hacerles partícipes del viaje desde el principio. También es importante atender a las formalidades, como la necesidad de pasaporte para los niños (que en algunos países pueden exigir que sea válido hasta seis meses después de la fecha de retorno) o de vacunarse.

El botiquín también tendrá que ser algo más grande de lo habitual e incluir antitérmicos infantiles, crema para golpes, termómetro, pastillas para purificar el agua o cremas para rozaduras, como recomienda la guía Viajar con niños de Lonely Planet.

En el equipaje de mano, especialmente si se hace un viaje largo en avión, hay que incluir todo lo necesario para que el niño pueda comer, cambiarse y entretenerse. El chupete si aún lo usa o algún caramelo para los cambios de presión evitarán posibles dolores de oídos. Los niños son más propensos a deshidratarse que los adultos, así que la botella de ser permanente compañera.

La clave, no tener falsas expectativas

Es posible pasarlo bien. Es posible seguir haciendo lo que gusta (si es viajar) y hacer del viaje una experiencia inolvidable. Tan sólo hay que tener en cuenta unos pequeños consejos y, sobre todo, no olvidarlos. Porque si algo es importante, viajando los niños, es tratar de tenerlo todo controlado.

Es importante conocer hasta dónde pueden llegar los niños, aunque luego seguramente nos sorprenderán»

Lo primero, las expectativas. «La clave es no generar falsas expectativas», dice Gordóvil, «hay que evitar llenar una agenda de actividades sino escoger alguna de las que le gusten a cada miembro de la familia». «Es importante conocer hasta dónde pueden llegar los niños, aunque luego seguramente nos sorprenderán, pues son capaces de adaptarse al ritmo de los padres mejor que en la dirección contraria», añade Sánchez.

En la maleta familiar hay que dejar también un gran hueco para la paciencia. «El mejor de los consejos para los padres es la paciencia. Paciencia, paciencia y más paciencia», insiste Gordóvil, «los niños se van a cansar algunas veces antes que los padres y otras al revés; hay que comprenderlo».

¿A dónde vamos? Cinco destinos de ensueño para los más pequeños

Cada familia – y cada uno de sus miembros – es diferente. Las hay que prefieren la naturaleza, otras son más urbanitas. Las hay aficionadas al deporte y las que deciden un destino en función de la gastronomía. Para todas hay miles de destinos apetecibles, que pueden explorarse en internet o guías de viaje como las de Lonely Planet, en las que se cuentan algunos destinos infantiles que pueden dejar huella.

Napapiiri, el pueblo de Papá Noel.

Napapiiri, el pueblo de Papá Noel.

Conocer a Papá Noel en Finlandia y visitar la cueva donde los elfos preparan galletas. 

El verano es la estación ideal para viajar a este país nórdico, aunque si se viaja al norte (territorio de Santa Claus, en Napapiiri), hay que llevar buena protección para los mosquitos. Finlandia no es tan caro como cabría suponer, especialmente fuera de Helsinki. En la mayoría de restaurantes sirven menús infantiles, a veces gratis. Si a los pequeños no les gustan el salmón ni los arenques, la dieta local propone albóndigas de reno (mejor no confesarles su origen tras visitar la cueva). Algunas visitas apetecibles son el museo del espía en Tampere, el parque temático de los mummins o el mayor castillo de arena de Escandinavia (en verano) en Lappeenranta.

 

Castillo de Drácula en Transilvania.

Castillo de Drácula en Transilvania.

Visitar el verdadero castillo de Drácula en Rumanía. 

El Castillo de Drácula es en realidad el Castillo de Bran y allí vivió el prícipe Vlad Tepes, que inspiró el famoso vampiro. Transilvania no es, además, tierra solo de castillos. También hay granjas, caballos, bandadas de gansos y carros que introducirán a los niños en un mundo rural desaparecido en Europa. Aunque Rumanía no es el destino tirado de precio que en su día fue, el transporte público es más asequible que el alquiler de coches y la comida – con el cerdo y las patatas como pilares de su gastronomía – gustan a casi todos los niños. Dos advertencias: en las montañas rurales aún vive una población considerable de osos y si es necesario acudir a un hospital, mejor los de las ciudades grandes.

 

Ver orangutanes rescatados en Malasia.

Ver orangutanes rescatados en Malasia.

Observar orangutanes en Malasia. 

Observar a los orangutanes rescatados en el centro de rehabilitación de Sepilok o visitar elefantes en Kuala Gandah donde es posible hasta bañarse con los paquidermos son algunas de las actividades con animales que se pueden disfrutar en Malasia. Es importante protegerse del dengue y no beber agua del grifo. En algunas zonas también es recomendable el tratamiento preventivo contra la malaria. Llevar ropa larga y calzado cubierto en las zonas selváticas es imprescindible. En Kuala Lumpur, se puede subir a las torres petronas (452 metros) o el Skybridge que comunica sus dos elevadas estructuras por el piso 41. Los hoteles del país son buenos y a precios razonables. Aunque la comida es picante, las brochetas de ternera o pollo marinadas suelen ser seguras y encantan a los niños.

 

Ruinas mayas, aztecas e incas en México.

Ruinas mayas, aztecas e incas en México.

Pirámides prehispánicas, animales y aventuras en México. 

México es barato comparado con el resto de norteamérica y ofrece en la península de Yucatán un sinfín de entretenimientos para los más pequeños. Los yacimientos prehispánicos como Chichén-Itzá encuentran una combinación ideal con los cenotes, pozas naturales de agua turquesa en los que se puede nadar. En los alrededores de Veracruz es posible admirar los pelícanos a la luz de la mañana o bucear entre peces e incluso tiburones ballena cerca de la isla de Holbox. La comida, pollo, burritos, fajitas, nachos… satisfará a los niños, siempre que eviten las salsas con mucho chile. Cuidado con la malaria y el dengue, para los que hay que protegerse.

 

 

Espectáculo en el Loro Parque de Canarias.

Espectáculo en el Loro Parque de Canarias.

Volcanes, delfines y una reconstrucción del salvaje oeste en Canarias. 

Dentro de España también hay destinos que dejarán de piedra a los más pequeños. Observar las columnas de lava de Pico Viejo desde el Teide por la mañana y visitar por la tarde el Loro Parque de Tenerife con sus más de 3.000 loros, su acuario y su delfinario por la tarde es posible en esta isla. Otros de los atractivos del archipiélago es el paisaje lunar del Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote) o los paseos en camello en Oasis Park, un pequeño zoo en Fuerteventura. Las playas y las piscinas naturales de agua salada son seguras para los niños, que disfrutarán comiendo quesadillas o papas arrugás. Además, es un destino barato comparado con otros nacionales e internacionales.

 

Lo último, sobrevivir a la vuelta a casa

Nada ni nadie conseguirá evitar el sabor tristón que dejan en pequeños y mayores el fin de las vacaciones, pero lo que se puede intentar es paliar sus efectos. La recomendación general: ir poquito a poco. «Hay que evitar un batallón de estímulos negativos el primer día. Los niños notan mucho los cambios y hay que ir introduciéndolos poco a poco», dice Sánchez. «Pero tampoco es necesario intentar volver a la rutina antes de llegar a casa, hay que disfrutar al máximo las vacaciones», añade.

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