Tantas noches fuera de casa con lo pequeño que es? ¿Y si lo pasa mal?” Estas preguntas podrían ponerse en la boca de muchos padres que a estas alturas del año están pensando si ha llegado el momento de enviar a su hijo a un campamento de verano. Lo que no está tan claro es cuál es el motivo real de su imsonio o, en otras palabras, si los padres de hoy tienen más miedo a sufrir la ausencia de sus hijos que los propios pequeños.

Si los campamentos de verano siempre han sido una fórmula para despegar a padres e hijos, la necesidad de esa desconexión es aún mayor ahora. Más de la mitad de los niños de 11 años y el 75% de los de 12 años ya disponen de un teléfono móvil, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Y les cuesta soltarlos, tanto a los pequeños como a sus padres.

“Los niños están todo el día pegados al móvil y los campamentos son un sitio ideal para que desconecten”, afirma Camino de Lecea, responsable de comunicación en Todocampamentos, una empresa que lleva desde 2005 facilitando la búsqueda de campamentos y asesorando a los padres en la labor. La cuestión es que a veces, a quién más les cuesta que los niños dejen el móvil no es a los niños sino a sus padres: “Se dice que los niños cada vez son más difíciles, pero no que a veces la culpa no es suya”, insiste De Lecea.

Los campamentos, distintos de los de hace unos años

El auge que en los últimos tiempos han adquirido los campamentos militares es de lo que más sorprende a De Lecea, que ha visto la evolución de padres e hijos en la última década. Estos campamentos, al más puro estilo del extinto servicio militar,  se han colado entre las granja-escuelas y los intensivos de inglés. Son campos de trabajo con “horario férreo, sin vicios, sin consolas, sin móvil, comida sana y sin tonterías” (así se publicita un campamento militar en Madrid) y compiten en la oferta cada vez más variada con otros antagónicos como los de Greenpeace, donde el objetivo es aprender educación ambiental, pacifismo y tolerancia.

Sin vicios, sin móvil, comida sana y sin tonterías” se publicita un campamento en Madrid

Son la cara y la cruz de las opciones que tienen los niños – y los padres – y que cada vez es más amplia. “Antes estaba el campamento multiaventuras y poco más, ahora cada vez los hay más temáticos y tienen mayor éxito, sobre todo entre los mayorcitos”, dice la responsable de Todocampamentos.

Casi todos los campamentos para niños, independientemente del tipo, promueven que el móvil se quede en casa

El campamento El Gran Capitán, en Madrid, no permite el uso de móviles.

Cada edad, un tipo de campamento

Desde los tres años, los niños pueden empezar a familiarizarse con los campamentos. “Desde los tres a los seis o siete años ya pueden acudir a campamentos urbanos, que funcionan unas horas al día y el pequeño duerme en casa”, cuenta De Lecea, que reconoce que esta opción se da sobre todo en las grandes ciudades, ya que en las pequeñas suele haber más recursos familiares y menos necesidades relacionadas con el trabajo de los padres.

A partir de los seis años y más o menos hasta los 14 o 15, los niños “disfrutan mucho de los campamentos residenciales”, dice la responsable de Todocampamentos. Una edad en la que tiran más los campamentos “de toda la vida, pero con idiomas”.

Desde los 14 o 15 aumenta la especialización. “Van a campamentos más intensivos de idiomas o a los especializados en las temáticas que les gustan”, continúa De Lecea.

Cada vez más especializados

– Militares: Como El gran capitán, ofrecen disciplina y mucho orden. Los suelen organizar militares jubilados y otros profesionales retirados relacionados con las fuerzas armadas y de seguridad. Entre las actividades principales, protocolo, primeros auxilios, orientación, técnicas de defensa personal, técnicas de superviencia y seguridad, comunicaciones militares y visitas a un acuartelamiento militar completan el plan. El coste de siete días es de 550€.

Los niños y niñas aprenden a cocinar en talleres, visitas y clases con chefs invitados.

Campamento del Basque Culinary Center centrado en la cocina Basque Culinary Center

– De cocina: Son otros de los que han proliferado en los últimos años al calor de los numerosos programas de televisión. Uno de ellos, el organizado por el Basque Culinary Centre, ofrece a chicos de entre 12 y 17 años la oportunidad de descubrir los secretos de la gastronomía a través de chefs invitados, talleres prácticos y visitas relacionadas con el mundo de la cocina. Tiene varias ubicaciones por España y el precio de 10 días son 750€.

– Ecología: La lucha por un futuro verde se une a la paz, la tolerancia y la igualdad en el espíritu de los campamentos de la ONG Greenpeace, que organiza cada año campamentos para niños entre ocho y 17 años, además de otros orientados a familias. En Alborache (Valencia) y El Cerviñuelo (Cuenca), los niños realizan talleres de educación ambiental, juegos y multiaventuras, además de actividades para conocer cómo trabaja la ONG. El precio oscila en torno a los 400€ por estancias de 10 días.

– De deportes: aunque el fútbol es la estrella, hay campamentos centrados en rugby, hockey, ski o deportes naúticos como el surf. Éste último, por ejemplo, en Artsurfcamp, en Carballo (A Coruña), donde niños y también adultos pueden aprender este deporte y otros complementarios como capoeira, longskate o yoga. La estancia de seis días cuesta entre 400 y 600€ dependiendo de las fechas.

– De Cine:  Para futuros cineastas o precoces cinéfilos, campamentos como el del campamento urbano de la Escuela de Cine de Madrid, Maker space, propone a niños de entre ocho y 17 años escritura de guiones, rodaje de cortos y clases de narrativa audiovisual. Cuesta 190 euros y dura cinco semanas.

– Tecnológicos: Para los más enganchados a la tecnología y desde los ocho años pueden optar por campamentos como Shannon Code&Play, en Gijón, donde aprenden código, programación, robótica, ciencia recreativa o juegos. La formación es, además, en inglés y el residencial, durante siete días, cuesta 725€.

Programación y robótica para los más enganchados a la tecnología en este campamento de Gijón.

En el campamento Shannon Code&Play los pequeños aprenden a programar. Shannon Code&Play

Para niños con necesidades especiales: funcionan tradicionalmente gracias a las asociaciones relacionadas con las enfermedades o trastornos que se padecen. Por ejemplo, el de la Federación de Asociaciones de niños con TDAH para niños con este trastorno. El precio, sin ser socio de una asociación, es de 235€ por una semana.

– Para toda la familia:  Para los que no quieren separarse de sus familias o porque el campamento se antoja el único momento para pasar todos juntos, iniciativas como La aldea juglar, en el Valle del Jerte (Extremadura), ofrece una opción específica para familias monoparentales en el mes de agosto. El precio para tres personas durante seis días es de 595€.

Las opciones son muchas y pueden verse clasificadas por temáticas y edades en páginas como todocampamentos o buscocampamentos.

Para cuando se acerque el día, algunas recomendaciones

Es importante conocer algunos consejos básicos para que la experiencia no se tuerza antes de tiempo.

  • A la hora de preparar la mochila, respeta siempre las normas y la indumentaria necesaria que haya facilitado el propio campamento.
  • Responsabiliza a tu hijo en los preparativos del campamento: que ayude en las compras, en el marcado de la ropa o en la maleta.
  • Mejor ropa usada y que no dé pena estropear, ni objetos de valor porque en un momento dado, se pueden manchar, romper, perder…
  • Márcalo todo, hasta las cosas que parezcan más innecesarias (como la toalla o el cepillo de dientes).
  • No al teléfono móvil: no lo necesitan para nada. Si el niño tiene que comunicarse con vosotros o vosotros con él, seguro que el campamento tiene su propio sistema para que puedan hacerlo con total normalidad.
  • Nada de ipod, PSP o similares, son aparatos que aíslan, y a un campamento se va para, además de hacer deporte, idiomas, música o lo que se haya elegido, divertirse, hacer amigos y aprender a convivir.
  • Neceser: acuérdate de incluir un producto antiparásitos de fácil manejo, crema de protección solar, preferiblemente resistente al agua, y algún calmante para las picaduras.