Oír la palabra cancerígeno es más que suficiente para que salten las alarmas. En las últimas semanas les ha tocado el turno a los tatuajes. Un nuevo estudio publicado en la revista Scientific Reports afirmaba que la tinta de los tatuajes puede afectar al sistema inmune al pasar a los ganglios linfáticos, con problemas como un ‘posible’ obstáculo para las técnicas de diagnóstico del cáncer.

La investigación confirmaba la migración y depósito en los ganglios de tóxicos y pigmentos del tatuaje, pero no establecía consecuencias para la salud más allá de “alteraciones de biomoléculas que pueden contribuir a la inflamación cutánea y otras adversidades de tatuarse”. El artículo sí apuntaba, partiendo de los nuevos hallazgos, a la necesidad de una mayor investigación de casos en los que se hayan dado reacciones adversas para averiguar la relación que pueden tener con el paso del tatuaje a los ganglios.

Los dermatólogos aseguran que no hay evidencia científica que relacione los tatuajes con ninguna patología

También este año, la Comisión Europea publicaba un informe, titulado “Seguridad de los tatuajes y maquillaje permanente”, que alertaba de que algunos componentes de la tinta de los tatuajes “pueden liberar sustancias cancerígenas”. Sin embargo, la evidencia científica es diversa y la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) ha querido llamar a la calma. Un mensaje que interesará al 12% de la población europea que tiene un tatuaje (un mayor porcentaje en jóvenes), según la AEDV.

“Un estudio de la Universidad de Alabama concluyó justo lo contrario. Que los tatuajes fortalecen el sistema inmune”, afirma Donís Muñoz, dermatólogo y miembro de la AEDV. La revista American Journal of Human Biology publicaba en marzo de 2016 dicho estudio en que aseguraba que para protegerse de un resfriado, cuantos más tatuajes, mejor.

Un estudio de la Universidad de Alabama afirmaba que para protegerse de un resfriado, cuantos más tatuajes, mejor

Otro estudio citado también por la AEDV y publicado en PLos ONE en 2014 afirmaba también que la tinta de los tatuajes provoca ennegrecimiento de los ganglios linfáticos, pero hasta el momento no hay evidencias de que dichos pigmentos ocasiones ningún tipo de patología, a pesar de las altas concentraciones de encontradas de hidrocarburos policíclicos aromático (PHA), unos elementos carcinógenos. “Una cosa es que se haya visto que los PHA se acumulen en los ganglios, y que en base a ello se genere una hipótesis de trabajo, y otra muy distinta es que existan evidencias científicas de que ello se cumpla y generen un efecto negativo sobre ellos. En este sentido, no existen tales evidencias”, afirma Muñoz, autor de Tratado sobre los tatuajes. Claves para su eliminación con láser.

Unas evidencias que no han llegado, subraya el dermatólogo, aunque los tatuajes llevan en la civilización 4.000 años, con pueblos como el maorí, donde sus habitantes tienen hasta un 80% del cuerpo tatuado y no han registrado un mayor índice de cáncer u otras enfermedades que se puedan relacionar.

El pueblo maorí, con un 80% del cuerpo tatuado, no ha registrado mayor índice de cáncer

Incluso otro estudio realizado en Dinamarca con cobayas para tratar de demostrar si la exposición continua a radiaciones ultravioleta de la piel tatuada de negro podría conllevar un mayor riesgo de contraer cáncer de piel obtuvo conclusiones distintas en este sentido: “La incidencia de cáncer de piel en los cobayas tatuados fue bastante menor”, asegura Muñoz.

Mitos y verdades sobre los tatuajes

– Incompatibilidad con la anestesia epidural. “Es una leyenda urbana que si tienes un tatuaje en la parte baja de la espalda, no puedes ponerte la anestesia epidural. Con independencia de que no hay ninguna evidencia científica que avale que si la tinta pasa al sistema nervioso central haya consecuencias, la solución está en hacer una pequeña incisión y automáticamente se elimina la posibilidad”, afirma Muñoz.

– La tinta roja es la que da más problemas.  “Cierto, el 90% de las reacciones las genera la tinta roja. La que menos da es, por el contrario, la negra”, afirma el miembro de la AEDV.

– La reacción inflamatoria puede darse años después de ponerse el tatuaje. “Es cierto que la reacción puede llegar años después de tatuarse. Porque la reacción puede darse no a los elementos del tatuaje sino a la degradación de los mismos, que pueden reconvertirse por la exposición al sol o la interacción con los fluidos corporales, por ejemplo”.

– Los tatuajes pueden generar alergias. “Sí, pero las reacciones a los tatuajes son infrecuentes (con la profesionalización del tatuaje las reacciones bajaron drásticamente) y, además, de todas ellas solo un pequeño porcentaje son alergias. En estos casos sí puede haber un problema, sobre todo si el tatuaje es extenso, porque la única opción es eliminar el pigmento o esperar a que el cuerpo lo elimine, pero eso puede ser un sufrimiento”, explica Muñoz.

En el caso de que se produzca la reacción inflamatoria, Muñoz recomienda acudir siempre a un dermatólogo que primero dará algún tratamiento tópico. “Lo normal es que con esto desaparezca, pero si no lo hace es necesario quitar el tatuaje y realizar una biopsia para descartar enfermedades. Una de las más graves es la sarcoidosis sistémica, una enfermedad grave que no es causada por los tatuajes pero en la cuál la inflamación de un tatuaje puede llegar a ser el único síntoma para detectarla”.

– Los tatuajes pueden interferir en los resultados de pruebas diagnósticas. “Sí, en un caso en Estados Unidos una mujer fue erróneamente diagnosticada al confundir el analista células tumorales con los ganglios ennegrecidos por los tatuajes. Por ello recomendaría que si alguien con tatuajes va a realizarse una prueba, advierta al radiólogo que lleva o ha llevado tatuajes. Con ello evitaremos estos graves errores diagnósticos”, subraya Muñoz.

– Las resonancias magnéticas pueden provocar quemaduras sobre las resonancias magnéticas.  “Esto no es así. Es cierto que la zona, si presenta un tatuaje muy grande y el pigmento fuera metálico, puede calentarse más, pero es algo que se soluciona aplicando un paño húmedo en la zona. Además, este mayor calentamiento sólo ocurre cuando hay pigmentos procedentes de sales metálicos, que en la actualidad se usan muy poco ya que la mayoría de veces se trata de pigmentos sintéticos azoicos”, afirma Muñoz.