Los vivos no terminan de encontrar su sitio en Jerusalén, pero los muertos tampoco: ya no caben en Jerusalén. En la ciudad israelí los cementerios están ya llenos, por eso se están construyendo unas gigantescas catacumbas bajo tierra que albergarán veintidós mil tumbas para la ciudad. Son para judíos, los cristianos y musulmanes tienen sus propios cementerios.

El primer cementerio subterráneo moderno en Israel es un túnel excavado bajo el cementerio Herzl, el mayor de la ciudad, en el barrio jerosolimitano de Givat Shaul, donde las tumbas ya se salen del recinto asignado al camposanto y son más de ciento cincuenta mil. Allí reposan los restos de los premios Nobel de la Paz y Simón Peres e Isaac Rabin, de la primera ministra Golda del fundador del sionismo moderno, Theodor Herzl, y de otros líderes del país, ubicados en la parcela de los Grandes Líderes de la Nación.

«Se me ocurrió este proyecto porque durante años, al llegar a Jerusalén hacia el trabajo, lo primero que veía al entrar en la ciudad era un cementerio, y me parecía desagradable y antiestético», explicó a Efe Arik Glazer, gerente de la constructora de túneles israelí Rolzur, encargada del proyecto.

En la inmensa obra subterránea en la que el equipo de Glazer excava y taladra, el constructor explica con orgullo que «después de mil seiscientos años, por primera vez en el mundo, habrá enterramientos institucionales en catacumbas».

Un museo para los vivos

El complejo subterráneo tendrá doce túneles por los que transitarán los vivos visitando a los muertos, y contará con tres pisos, ascensores, ventilación, una iluminación suave y hasta un museo.
Esperan terminarlo en unos seis años pero algunas las más de veinte mil tumbas proyectadas ya están reservadas y podrán ser utilizadas en 2018.

Glazer pensó que la solución a la escasez de terreno para enterrar sería construir hacia abajo y no hacia arriba, como habían empezado a hacer en los últimos tiempos. Los encargados de todo lo relacionado con los enterramientos judíos son una organización llamada Jevre kadisha, sociedad enterradora, que tuvo que hacer una revolución para convencer a los futuros inquilinos de las tumbas a ocupar nichos, algo foráneo para el Judaísmo, y luego en terrazas.

«Ahora hemos vuelto a como había sido siempre, en cuevas bajo tierra, con la tierra», manifestó a Efe el rabino Jananya Shajor, director de Jevre kadisha. El ejemplo más temprano de tumba subterránea es la doble Cueva de Majpelá, en la ciudad cisjordana de Hebrón y conocida por los musulmanes como Mezquita de Ibrahim, donde según la tradición están enterradas tres parejas bíblicas: Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, y Jacobo y Lea.

Los enterramientos en Israel son cubiertos por la seguridad social, pero Jevre kadisha contaba con los muchos judíos que viven fuera de Israel pero desean ser enterrados en Jerusalén para pagar el precio: de cinco a diez mil dólares las tumbas más asequibles.