He venido a España porque tenía un sueño que no podía cumplir en mi país”, dice Ahmed desde Ceuta. Las pantallas son, muchas veces, la única fuente de información sobre la que se ha forjado el “sueño europeo” que lleva a miles de menores a dejar sus países y cruzar solos la frontera. Los que lo consiguen y llegan a España se convierte en menas (menores migrantes no acompañados), una figura llena de contradicciones por un sistema de acogida, protección e integración que no funciona como se esperaría.

Las verja esconde el cuerpo de este mena del que solo vemos las manos Pedro Armestre para Save the Children

Los fallos en el sistema son el objeto de la denuncia del último informe de Save the Children, “Los más solos”, que alerta del preocupante aumento de menores solos que llegaron a España en patera en 2017, casi cuatro veces más que el año anterior.

El número de menores inmigrantes tutelados – que acceden a los servicios de protección – también aumentó el año pasado hasta casi el doble que en años previos. En total, 6.414 adolescentes, la mayoría de 16 o 17 años, en su mayoría de Marruecos y Argelia, aunque también de Guinea y Costa de Marfil. En su mayoría son chicos, ellas representaron el 10% el año pasado. Andalucía fue con diferencia la región con más menores tutelados – por su cercanía al continente africano -, seguida de Melilla, Madrid, la Comunidad Valenciana, Cataluña y País Vasco.

Otro de los problemas que sufren estos menores es el abandono de los sistemas de protección. En 2016 se fueron voluntariamente de los centros – y figuran “en fuga” 825 menores de los que se ignora su paradero. Las causas son variadas, según el informe de Save the Children, los sirios suelen emprender viaje a algún país del norte de Europa donde les esperan familiares. Sin embargo, tras la desaparición de las niñas y jóvenes nigerianas suelen estar las redes de trata. Para muchos marroquíes, la dura situación de los centros y su deseo de llegar a las comunidades donde saben que tendrán mejores oportunidades les empuja a fugarse y continuar su vida en la calle. Muchos de ellos vagan por las calles de Ceuta y Melilla con vidas errantes que ha fotografiado Pedro Armestre, colaborador de la ONG para este informe.

Algunos menas viven dentro de este coche en Ceuta Pedro Armestre para Save the Children

Las manos de los menores inmigrantes que llegan solos a España hablan “de indiferencia social, de maltrato, de racismo”, dice Pedro Armestre. Son manos tras una valla. Visibles en el interior del coche donde conviven con otras manos. Manos que señalan un destino incierto en un mapa cualquiera. Las manos llegaron, según Armestre, “por casualidad. Cuando empecé a ver las fotos, como de los menores no se puede mostrar su cara, me encontré un línea común. Las manos son, al final, el motor con el que se pueden hacer las cosas”.

Armestre pone la piel a los datos del informe. Desde 2015 – aunque no era la primera experiencia del autor con los “menas”- el fotógrafo ha hecho tres viajes a Melilla, dos a Ceuta, fotos también en Madrid y en varios centros de acogida del sur de España. En todos ellos, Armestre ha encontrado esos mismos sentimientos de rechazo. “Realmente lo que hace la Administración es un reflejo de lo que siente la sociedad. Si la sociedad no demanda protección para estos menores, la Administración se relaja”, indica. El fotógrafo pone como ejemplo el último atropello que se cobró la vida de un menor en Melilla el pasado febrero. “La sociedad justificaba el atropello a propósito del camionero al menor. La gente se puso del lado de un asesino”, lamenta.

Los menas están muy unidos entre ellos, cuenta Pedro Armestre Pedro Armestre para Save the Children

Cuando fija su mirada en ellos por primera vez, lo que encuentra son “unos ojos apagados y muy tristes. Muchos de ellos tienen grandes depresiones, los más pequeños los he visto de siete años. Salen de su casa buscando un futuro mejor y se quedan atrapados en el camino, abusados muchas veces, perseguidos y bajo un rechazo social”, cuenta el fotógrafo. “Sin embargo, si les das un mínimo de atención, quizás no más que pasarles una mano por el pelo, cuando te vuelven a ver van a ti como locos. Porque tras sus cuerpos sucios y sus manos llenas de cicatrices no son más que niños”, añade.

Armestre afirma que entre los menas se genera un gran compañerismo. “Se ayudan muchísimo y también a los demás. Un día que llegué al parking abandonado donde estaba el coche en que vivían unos cuantos, estaban preparando bocadillos con lo que les había dado la gente a las puertas del Mercadona donde solían ir a pedir. Era la hora de comer y como yo estaba allí, me ofrecieron el primer trozo que partieron”, recuerda Armestre.

Un mena señala Madrid en un mapa. Pedro Armestre para Save the Children

 Un arduo camino desde que llegan

Otro de los problemas que tanto Save the Children como otras organizaciones como la Fundación Raíces o el Defensor del Pueblo han denunciado es la identificación que se hace de estos jóvenes cuando llegan a España. En la práctica, se basa en una radiografía de la muñeca que según denuncian, son “invasivas y poco fiables de determinación de la edad”. “Estas pruebas médicas deberían ser el último recurso cuando sea imposible determinar la edad e ir acompañadas de exámenes psicológicos, sin embargo, España sigue haciendo caso omiso a las recomendaciones y realizando estas pruebas, incluso cuando el niño o niña tiene documentación que acredita su minoría de edad. Cuando esto ocurre, el menor queda en un limbo jurídico que le impide disfrutar de sus derechos como adulto y de la protección que merece como menor de edad”, denuncia el informe.

Las chicas son sólo entre un 10 y un 15% de los menas que llegan a España Pedro Armestre para Save the Children

El informe del Defensor del Pueblo en 2017 dedicó, como ya había hecho en años anteriores, un capítulo a los menas en el que incide en el número de quejas creciente sobre los procedimientos de determinación de la edad. El informe lamenta que pese a la existencia de un protocolo marco que establece las buenas prácticas que se deben llevar a cabo, “a pesar del tiempo transcurrido, no parece que el citado documento de buenas prácticas sea de general conocimiento y aplicación por parte de los distintos profesionales sanitarios que participan en el procedimiento de determinación de la edad”. Así mismo, el documento urge a aplicar las recomendaciones que el propio Defensor del Pueblo realizó en un informe en 2011.

Las manos tapan la cara de este mena que se está duchando en algún sitio público en Melilla Pedro Armestre para Save the Children

La Fundación Raíces, otra de las entidades que lleva años denunciando la situación de los menas, lamentaba el pasado febrero la decisión del Tribunal Supremo que estimó que el “Protocolo Marco sobre Determinadas Actuaciones en relación con los Menores Extranjeros no Acompañados” no tiene carácter normativo y que deja así a los niños, según la fundación, en una situación de “indefensión jurídica”. “La Fiscalía somete sistemáticamente a todos los menores extranjeros no acompañados a pruebas de edad intrusiva­­­s y denigrantes (como son los desnudos integrales para la exploración de sus genitales o la radiografía de la muñeca), cuyos resultados están muy cuestionados por su inexactitud por la comunidad científica, sin dar validez a la documentación de sus países de origen”, denunciaba.

Dos manos de menas en Ceuta Pedro Armestre para Save the Children

Para conseguir cambiar la situación que atraviesan estos jóvenes, Save the Children pide una reforma de la Ley de Extranjería y el Convenio Marco para que la autoridad asuma de oficio la guarda del niño y para que las pruebas sanitarias sean sólo el último recurso y no se apliquen a ningún menor que tenga un documento de identidad de su país. Además, la creación de una figura de asesor independiente y voluntario que acompañe al niño desde su llegada, en sus trámites (donde también piden que haya un abogado) y hasta que se integre en la sociedad de forma estable. La ONG pide también que se de al niño siempre un permiso de residencia de cinco años desde el momento de declaración del desamparo y que se les ofrezca un plan de seguimiento al menos hasta los 25 años en lugar de abandonarles el día de su 18 cumpleaños.