Una y otra vez se agitan los temores a las radiaciones electromagnéticas, como las ondas del wifi o del teléfono móvil, aunque antes fueron las de la radio o la TV (las UHF). Sin embargo, nadie ha podido demostrar científicamente que haya una correlación clara entre la exposición normal a estas radiaciones y enfermedades como el cáncer. Con todo, la OMS, que es extremadamente cauta, considera que, en tanto es una tecnología reciente y hay estudios en desarrollo, es una radiación tipo 2B desde el punto de vista cancerígeno. Es decir, causante poco probable del cáncer. Uno de esos estudios vuelve a la misma conclusión: no hay peligro para la salud, en concreto, entre la población infantil.

Tal y como se explica en este vídeo, si nos dan miedo las ondas del wifi de casa, deberían dar miedo las de una bombilla encendida. Son de la misma naturaleza (perturbaciones cíclicas de los campos eléctricos y magnéticos). Pero se distinguen por su longitud y energía. Cuanto más largas, menos energéticas. Pues bien, el wifi está del lado de las poco energéticas (2,5GHz a 5GHz). Son largas y pueden llegar relativamente lejos en el hogar y atravesar paredes. La luz es ‘más corta’, y tiene mucha más energía (749.000 GHz). Con todo, la exposición normal a ésta no nos hace daño a nivel celular. | Vídeo: M.V.

 

Investigadoras del Instituto de Salud Global (ISGlobal/Fundación La Caixa) acaban de publicar en Environment International las conclusiones de un estudio a nivel europeo que demuestra que el grado de exposición de la infancia a las ondas electromagnéticas –aunque fueran inocuas– es, de por sí, “muy bajo, en relación a los límites legales”, señala a El Independiente la investigadora principal Laura Ellen Birks.

Se definieron seis tipos de bandas de frecuencia: la total y las relacionadas con teléfonos inalámbricos; antenas de radio y televisión; teléfonos móviles; antenas de telefonía móvil (o estaciones base); y WiFi.

La muestra del estudio contó con 529 niñas y niños de entre 8 y 18 años. Viven en Dinamarca, Holanda, Eslovenia, Suiza y España. Les colocaron unos medidores portátiles en un cinturón y una mochila por el día. Durante la noche, se lo dejaron junto a su cama, a lo largo de tres días seguidos. Para la medición de ondas de móviles y fuentes de radiación en casa, se les hizo un cuestionario.

Muy por debajo de las recomendaciones internacionales

La conclusión de las mediciones fue que el promedio de exposición por persona total fue de 75,5 µW por metro cuadrado, un valor muy por debajo del nivel de referencia de 4,5 a 10 W/m2 establecido por la Comisión Internacional para la Protección contra Radiación No-Ionizante (ICNIRP).

Las antenas de telefonía móvil son las que más contribuyeron a la exposición total

Las antenas de telefonía móvil son las que más contribuyeron a la exposición total, seguidas por las antenas de radio y televisión. El WiFi y los teléfonos inalámbricos contribuyeron muy poco. En general, la exposición fue más elevada en los ambientes urbanos, fuera de casa, durante desplazamientos movimientos, y durante el día frente a la noche.

“La exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (RF-EMF) ha aumentado rápidamente y se sabía poco sobre los niveles de exposición en los niños”, apunta Birks. “Es necesario seguir evaluando la exposición en la población infantil, ya que el uso de nuevos dispositivos y las fuentes seguramente variarán en los próximos años”. En este sentido, es sería útil precisar el efecto entre los más pequeños del uso de móviles en el momento de llevarse el aparato a la cabeza, ya que en el momento de la llamada “la exposición es mayor” y no se ha medido en este estudio. No hay evidencia clara de que este gesto tenga peligro alguno para la salud, pero Birks cree que es necesario “seguir investigando” y, de hecho, “ya estamos trabajando en ello”.