“Mi tercer hijo nació a las 30 semanas de gestación. Una tarde empecé a encontrarme mal y me fui a urgencias. Allí, en principio me dijeron que intentaríamos aguantar un tiempo y me dieron una primera dosis de corticoides – que se administran 48 horas antes del parto para acelerar la maduración de los pulmones del bebé – sin embargo, a la una de la madrugada el médico me comunicó que tanto mi bebé como yo estábamos en riesgo y que había que hacer la cesárea inmediatamente”.

Cristina Maroto tuvo a su tercer hijo a las 30 semanas de gestación por una preeclampsia grave

El testimonio de Cristina Maroto, presidenta de la Asociación de Padres de Niños Prematuros (APREM), recoge cómo fue su experiencia tras dar a luz a su tercer hijo de forma prematura a los siete meses de embarazo. “Fue un auténtico shock. Cuando te quedas embarazada te haces a la idea de que te llevarás a tu niño a casa, en mi caso como los dos anteriores que había tenido, y de repente te encuentras con que tu hijo pesa menos de un kilo”, relata por teléfono.

“Ver a mi hijo ahí, como un ratón lleno de cables, me enfrentó a un montón de sentimientos desconocidos. Angustia, pena, incertidumbre, miedos… empecé a vivir un duelo por el la ausencia de lo que esperaba y lo que tuve”, recuerda Maroto, que hoy día ha superado junto a sus hijos todas las dificultades que fueron llegando en los años siguientes. El pequeño ya ha cumplido 11.

Lo primero que temió Maroto como madre fue la muerte de su bebé. “Lo que más me asustaba al principio era que no sobreviviera. Los médicos eran muy realistas y me decían que tenía que vivir al día. Mi hijo tuvo una infección por culpa de un catéter y empezó a hacer apneas, por lo que tuvieron que volver a intubarle. Cuando tienes un hijo prematuro crees que solo tiene que engordar y crecer en la incubadora hasta que pasen las 40 semanas, pero en seguida te das cuenta que eso es sólo el principio”.

“Ver a mi hijo ahí, como un ratón lleno de cables, me enfrentó a un montón de sentimientos desconocidos”

A pesar de que tenía otros dos niños en casa, esta madre volvió a sentirse “como una auténtica primeriza”. “La crianza es muy complicada, la lactancia materna requiere un sobreesfuerzo brutal, porque el bebé no puede succionar y tú tienes que estar continuamente entre las tomas y sacarte la leche para que la tome con biberón. Es agotador”.

Como en todos los casos, Maroto y su familia se llevaron a su hijo a casa avisados de un sinfín de riesgos. “Nos advirtieron que tuviéramos pocas visitas en casa, que no fuera a la guardería, que extremáramos la higiene y que no fuéramos a sitios muy concurridos. Nos llevamos a casa a un bebé que no pesaba ni dos kilos, fue muy duro explicarle a la familia todas las precauciones que había que tomar”.

Maroto, que reivindica la necesidad de incluir la atención temprana en el Sistema de Salud, se considera afortunada porque sólo esperó “siete meses para el tratamiento de su hijo”. “Me cogí una excedencia en el trabajo y estuve persiguiendo el tema hasta que conseguí que me dieran hora a las dos de la tarde, que entiendo que otros muchos no pueden”. Así, consiguió que su hijo tuviera el tratamiento de fisioterapia que necesitó durante los tres primeros años de vida.

Maroto se considera “afortunada” porque sólo esperó siete meses para la atención temprana

Al echar la vista atrás, Maroto ha conseguido relajarse aunque reconoce que vivió los primeros años “con la espada de damocles encima, pensando si gatearía, si conseguiría andar, hablar… si se le darían bien las matemáticas…” Por eso ahora, esta mujer lucha desde Aprem por los derechos de los niños prematuros, para los que reclama el derecho a la atención temprana y un apoyo a las familias a nivel psicológico y desde las unidades de neonatología: “Porque hay situaciones anímicas que se cronifican”.

La presidenta de Aprem reconoce la labor de los profesionales y los avances que han permitido, por ejemplo, que uno de los padres de un gran prematuro pueda acogerse a una reducción de jornada con el 100% del sueldo, en virtud del Real Decreto de enfermedades graves, “aunque las mutuas siguen poniendo muchas pegas a los padres que la solicitan”. Por eso incide en que “queda mucho camino por recorrer”.