Hace ya tiempo que los flotadores que nos poníamos los niños de hace 30 años dejaron de ser considerados seguros. Fueron mayoritariamente sustituidos por los manguitos, que sujetados a los antebrazos, disminuían el peligro de que el niño acabara del revés en el flotador, con las piernas hacia arriba y la cabeza sumergida en el agua.

Ya es difícil ver a un niño en la playa o piscina con un aro flotador, pero lo más común es verlo con manguitos, un sistema cuya seguridad también cuestionan los expertos. Estos días han circulado por internet varios vídeos que muestran lo fácil que resulta que el niño que se tira a la piscina vea cómo los manguitos se le desprenden inmediatamente.

«Los manguitos deberían estar prohibidos», han dicho estos días algunos usuarios, también médicos, en twitter. Desde la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo, Jessica Pino – autora del Informe Nacional de Ahogamientos-, corrobora que los manguitos no son un sistema de flotación seguro si no se acompañan de una supervisión continua. Pino incide en que los manguitos, al igual que los flotadores, son de tamaño estándar y no consiguen adaptarse de forma fija al niño que los lleva.

«El método más recomendado es el chaleco», asegura Pino, porque «es el único que garantiza que si tienes un problema, las vías respiratorias van a quedar fuera del agua». Coincide Mª Jesús Esparza, miembro del grupo PrevInfad de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) en que «el método más seguro es el del chaleco bien colocado, aunque sea el que menos se ve en playas y piscinas».

La pediatra subraya que ningún otro de los métodos que habitualmente se encuentran en las tiendas – manguitos, burbuja, flotadores… – son totalmente seguros y que siempre es necesario que haya un adulto supervisando a los niños. «Si están de barbacoa o comiendo, que hagan turnos. Pero los niños tienen que estar continuamente vigilados y, como se suele decir, al alcance del brazo de un adulto».

El 70% de los ahogados en piscinas son menores de seis años y tres de cada cuatro muertes se producen en piscinas privadas

Los expertos son muy insistentes y cada año vuelven campañas como #OjoPequeAlAgua o #StopAhogados. Y es que no en vano, en verano las lesiones infantiles se triplican, como afirma la Asociación Nacional de Pediatría. Y los ahogamientos son el principal peligro.

Porque el 70% de los ahogados en piscinas son menores de seis años y tres de cada cuatro muertes se producen en piscinas privadas. «El dato de ahogamientos infantiles en España es dramático. Las piscinas tienen que tener siempre una valla perimetral y es muy importante que los niños no se queden nunca solos cerca», indica Esparza, que afirma que es imposible conocer cuanto tiempo de apnea es suficiente para provocar lesiones cerebrales en un niño y que por ello es tan necesario «actuar inmediatamente».

Bañarse en zonas vigiladas

Desde la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo, aconsejan además no bañarse nunca en zonas no vigiladas, algo válido tanto para niños como para adultos. «Independientemente del dato infantil, hay que subrayar que nueve de cada 10 muertes por ahogamiento se producen en zonas no vigiladas y el 70% en personas de más de 55 años», explica Pino.

La autora del informe anual de ahogamientos también llama a evitar juegos peligrosos – «no empujar o dar zambullidos» -, respetar tiempos de digestión y sumergirse en el agua poco a poco».

No relajar la vigilancia de los niños en vacaciones

Esparza advierte a los padres de la importancia de no relajar la vigilancia sobre los niños en vacaciones: «Las caídas son frecuentes, hay que recordar las medidas de protección que deben utilizar los niños, por ejemplo el casco que siempre deben utilizar si montan en bicicleta».

La pediatra pone el foco también en balcones y ventanas, así como otros peligros para los niños que debemos identificar cuando lleguemos a un hotel, apartamento o casa de vacaciones. «Ahora en verano, las ventanas suelen estar abiertas y los niños pueden subirse a sillas. Hay que extremar la vigilancia en los entornos que conocemos menos», añade Esparza.