Tras perder la Segunda Guerra Mundial, el gobierno japonés prohibió el judo, el kendo y otras artes marciales, al considerar que habían contribuido al militarismo que llevó al país al conflicto. Sin embargo, más que incitar a la violencia, estas disciplinas y todo el resto de artes que acaban en “do”, significan “el camino de” y trabajan mucho más que la defensa o el ataque.

Tanto las artes marciales como las que se basan en otras actividades – las flores, el tiro con arco o las fragancias – son un camino personal de concentración, sabiduría, paz interior que esconden, además, los secretos de la felicidad. Al menos eso es lo que plantea Junko Takahashi, que acaba de publicar Dõ. El camino japonés de la felicidad (Planeta).

“Estas culturas no enseñan solo la técnica, sino a desarrollar la personalidad a través de ellas. Se trata de vaciar la mente, de pensar y darse a los demás”, afirma la autora desde Madrid. Ella, que primero publicó El método japonés para vivir 100 años, descubrió que “todos los centenarios que entrevistaban eran muy felices, por lo que para vivir mucho parece que se necesita esa conexión”.

Así, la propia Takahashi decidió probar estos caminos para descubrir si realmente conseguía ser feliz.  Y empezó por el kado o camino de las flores. “Me enganchó mucho, si paso dos semanas sin ir a clase me siento inquieta, casi como si fuera una adicta”, confiesa la nipona. El arte de arreglar flores, que hoy se utiliza como incluso como terapia y consiste en realizar composiciones florales. Precisamente éste es por el que Takahashi cree que los españoles pueden comenzar su camino japonés de la felicidad. “En España también hay muchas flores, creo que puede ser un buen comienzo”, añade.

Además de arreglar flores, uno puede encontrar la felicidad a la japonesa oliendo incienso. Percibir los aromas de las maderas aromáticas forma parte de un protocolo que incluye preparar la ceniza, colocar el pedacito de la madera y pasar el quemador a los allegados. Aunque suene un poco ajeno, Takahashi cree que los españoles pueden acercarse a la felicidad a través de estas prácticas. “Aunque es diferente, a los españoles les gusta mucho la cultura japonesa. Hay una calle en Kyoto, donde están las geishas, donde prácticamente solo oigo hablar español”, asegura.

Independientemente del arte que se practique – en el libro también se habla del camino del tiro con arco o el de organizar espacios, la autora destaca que “es fácil encontrar la felicidad en ellos porque la tenemos al lado. La felicidad es subjetiva, cuando uno piensa que es feliz, lo es».                               

 Y respecto al tiempo – uno de los bienes más escasos de la sociedad moderna – que se necesita para poner en marcha uno de estos caminos, Takahashi cree que “cuando se quiere, se consigue hacer el hueco. No hace falta tanto tiempo, pero sobre todo lo importante es que cuando te dedicas a ello, pasa volando».