Los ejercicios de resistencia han cobrado más protagonismo en las últimas temporadas como una de las prácticas físicas más completas para lograr una buena salud de forma prolongada en el tiempo. Más allá de la estética o del rendimiento físico, este tipo de entrenamiento también influye de manera directa sobre la calidad de vida, el bienestar cotidiano y la prevención de patologías relacionadas con el envejecimiento. El hecho de incorporarlo a la rutina semanal supone una inversión muy simple y eficaz para el cuerpo.

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Los ejercicios de resistencia y el cuerpo

Los ejercicios de resistencia implican desplazar el cuerpo contra una carga que presenta oposición. Esa carga puede provenir del propio peso corporal, de cintas elásticas, de pesos libres o de máquinas. Su objetivo es estimular los músculos para que trabajen de manera controlada, mejorando su capacidad de respuesta y su estabilidad.

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Adaptaciones físicas para la salud

Cuando el cuerpo se encuentra de forma habitual con este tipo de situaciones, se producen adaptaciones positivas. Los músculos aumentan su fuerza y efectividad, las articulaciones son más estables, el sistema nervioso hace más efectiva la coordinación, lo que ayudará a ejecutar acciones de uso diario con menor coste físico y una mejor adaptación a las lesiones.

Beneficios de los ejercicios de resistencia

La práctica habitual de ejercicio de resistencia no solo activa la musculatura, sino que también actúa de un modo directo sobre los huesos. El organismo, sometido a la tensión mecánica del trabajo de resistencia, va a reforzar la estructura interna de los huesos y esto permitirá contribuir a mantener mayor densidad ósea con el paso del tiempo, disminuyendo así las probabilidades de fractura, de los dolores persistentes y de la pérdida de movilidad.

Metabolismo y equilibrio corporal

Este tipo de formación aumentará el gasto energético incluso después del final de la sesión de entreno que se haya realizado. A cuanta mayor masa muscular, mayor es el gasto energético en reposo, con lo cual también favorecemos el control del peso corporal. Asimismo, dicha mejora del equilibrio y de la propia postura corporal también mejora la salud de la espalda y favorece la prevención de molestias crónicas.

Integrar los ejercicios de resistencia

Una programación equilibrada plantea la inclusión de dos a tres sesiones semanales de entrenamiento de resistencia. En el caso de los principiantes, este entrenamiento debe ser de movimientos sencillos y cargas ligeras. En la medida que el organismo se adapte, la intensidad del ejercicio podrá ir aumentando de forma paulatina, pudiendo llegar a ser de manera intensa, pero siempre conservando una técnica correcta y controlada.

Movimientos que aportan resultados

Los ejercicios que se encuentran entre los más eficaces suelen ser, al mismo tiempo, los usualmente practicados. Las sentadillas, por ejemplo, son un ejercicio que tiene como objetivo la activación de piernas y glúteos, el remo es el que trabaja la espalda, el press de hombros es el que activa la parte superior, y el press de pecho es el que trabaja el tronco. El peso muerto sería el que puede completar esta rutina al involucrar grandes grupos musculares y reforzar la zona lumbar. Tales movimientos permiten entrenarse no sólo casa, sino también en el gimnasio sin que esto conlleve a incluir equipos complejos.

El entrenamiento de resistencia es considerado por muchos como el tipo de ejercicio más accesible y adaptable a cualquier capacidad física. Un programa regular de entrenamiento de fuerza, desde una perspectiva de ejercicio en general, ayuda a construir un cuerpo más fuerte, estable y preparado para afrontar las exigencias del día a día. Apostar por el entrenamiento de fuerza significa cuidar de la salud desde un punto de vista global, y los beneficios se mantienen a lo largo del tiempo.