Moverse durante la noche forma parte del sueño común y no necesariamente representa una enfermedad. El cuerpo cambia de posición de forma automática mientras dormimos, aunque la frecuencia y la intensidad de esos movimientos son variables y muchas veces distan mucho entre personas. En la mayoría de los casos estos gestos nocturnos son útiles ya que permiten el confort y no alteran el sueño. Tal vez, cuando los movimientos son desmesurados o afectan a la calidad del sueño reparador convenga identificar el trastorno.

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Tu cuerpo cuando duermes

El sueño suele organizarse en ciclos que se repiten una o varias veces a lo largo de la noche. En cada transición entre ciclos o fases, el cuerpo suele reajustar su postura, por lo que tales giros, estiramientos o recolocaciones resultan ser habituales y tienen una finalidad protectora en la medida que evitan la presión mantenida sobre músculos y articulaciones. Esa cantidad de giros depende de diferentes factores como la profundidad del sueño o la cantidad de cansancio acumulado.

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Fases del sueño y control muscular

En las fases no REM, el cuerpo mantiene las posibilidades motrices intactas, por lo tanto, se manifiestan algunos cambios posturales. Por otro lado, en la fase REM se establece una desconexión muscular casi total. Este mecanismo impide ejecutar físicamente los sueños y solo pueden darse pequeños gestos, como pequeñas muecas de la cara, pero no pueden desplazarse grandes distancias.

Señales de alerta al dormir

El movimiento nocturno puede comenzar a ser un problemón si se fragmenta el sueño, ya que puede resultar en que uno esté más cansado durante el día. Un sueño poco reparador se traduce en una dificultad para concentrarse o la sensación de estar agotado desde el comienzo del día. Cuando la persona no duerme bien, dejará de ser funcional, un indicador claro de la mala calidad del sueño.

Trastornos asociados a movimientos nocturnos

Diferentes cuadros clínicos identifican donde el movimiento cumple una determinada pauta. Algunos de ellos afectan las piernas, con la necesidad continua de moverlas en reposo, sobre todo antes de dormir. Los otros hacen referencia a interrupciones en el sueño profundo, llegando a producirse patadas repetidas.

En la infancia son muy comunes algunas conductas automáticas, como pueden ser el caminar dormido o realizar movimientos amplios sin tener posteriormente recuerdo de ellos. En edades avanzadas, los individuos presentan gestos de gran vigor durante el sueño REM, simulando las acciones del contenido del sueño, gestos más elaborados que imitan las diversas tareas durante el día, o movimientos bastante más complejos.

Factores que influyen mientras se duerme

Un sueño poco profundo o interrumpido da lugar a un aumento de la actividad corporal a lo largo de la noche. Las consecuencias del estrés cotidiano, el insomnio crónico y la falta de rutinas estables conducen a un sueño de escasa profundidad y a un aumento de las transiciones de posicionamiento. Aunque se trate de cambios normales, su aumento refleja que el sueño no tiene la calidad adecuada.

Alimentación y consumo de sustancias

El uso de sustancias estimulantes como cafeína o la nicotina hace que el descanso nocturno sea peor y que el sueño sea más fragmentado. El alcohol y algunos medicamentos sedantes alteran también la arquitectura del sueño e incrementan los microdespertares y los movimientos reflejos. Lo mismo ocurre con una dieta a base de productos ultraprocesados, que genera peores descansos, con más interrupciones y gestos involuntarios.

En definitiva, moverse mientras se duerme es algo habitual, pero cuando los movimientos no permiten descansar bien, es preciso extremar la atención a los hábitos adoptados por cada persona y sopesar la posible alteración del sueño que pueda existir y así ponerle remedio.