El agua con gas ha padecido durante muchos años de un desacreditado estigma. Muchas personas la han considerado culpable del desarrollo de efectos que no siempre están justificados. No obstante, cada vez son más las evidencias y los comportamientos de consumo que revelan que esta bebida puede convivir perfectamente con una alimentación saludable y equilibrada. Fuera de las burbujas, la soda es una alternativa fácil de hacer, refrescante y con propiedades poco conocidas para incluir en nuestro día a día.
El valor del agua con gas en la dieta diaria
El agua con gas presenta la misma composición básica que el agua habitual que se ha consumido siempre, sin aportar calorías, grasas ni azúcares, por lo que no juega un papel en el aumento de peso. La diferencia fundamental está en el dióxido de carbono incorpóreo, que le conferirá el efecto efervescente, pero no producirá ningún cambio a nivel de su composición ni la hará menos saludable que el agua.
Diferencias frente a otras bebidas con gas
Las confusiones son frecuentes al comparar el agua con gas con los refrescos o las distintas variedades de bebidas gasificadas. Ya sea por su contenido común de azúcares o edulcorantes, o bien por los aditivos que sí impactan en nuestro organismo. El agua con gas, cuando tiene unos mínimos estándares de pureza, se encuentra en otro plano e, incluso, puede ser una alternativa útil para evitar beber refrescos u otras bebidas asociadas más al ocio.
Beneficios digestivos del agua con gas
El gas que se encuentra en esta bebida podría estimular la actividad del sistema digestivo de ciertas personas, en particular estimulando la digestión haciendo de una digestión más liviana, o permitiendo una mejor tolerancia entre las personas al final de las comidas. Además de ello, se pone en movimiento el gas en el estómago y esto favorece ciertas sensaciones de bienestar digestivo.
Saciedad y control de la ingesta diaria
Se ha podido comprobar que la ingesta de agua con gas puede incrementar la sensación de saciedad en el momento de consumirla. Esta característica contribuye a reducir la cantidad de alimentos que se ingieren, sobre todo entre comidas. Al tratarse de agua, sólo proporciona ese tipo de sensación, sin aportar calorías ni otros nutrientes, lo que refuerza la utilidad en el contexto de una dieta equilibrada en donde se busca reducir los alimentos que se consumen.
Mitos comunes sobre el agua con gas y la salud
Uno de los mitos más extendidos se da en relación con la hinchazón abdominal. Si bien el gas puede generar una leve hinchazón, este efecto es temporal y no implica un incremento del contenido graso en el organismo. La confusión de hinchazón con incremento de peso ha ayudado a crear una imagen negativa que dista mucho de la realidad de esta bebida.
Cuándo conviene moderar el consumo
Si bien el agua carbonatada no presenta efectos negativos para la mayor parte de la población, no todas las personas responden de la misma manera. Las personas con problemas digestivos frecuentes, o sufren de reflujo o presentan una sensibilidad intestinal, pueden notar algo de incomodidad. Es muy importante leer la etiqueta con atención, ya que algunas variedades llevan sodio añadido, un aspecto que se debe tener en cuenta en caso de dietas en las que se quiere controlar el consumo de sal.
El agua con gas se establece como una bebida funcional y polivalente. Rehidrata igual que el agua natural, introduce variabilidad en nuestra ingesta diaria de líquidos, y puede llegar a sustituir parcialmente la cantidad de refrescos en nuestra dieta. Si se consume con sensatez, representa una alternativa para llevar un estilo de vida sano que se complementa a la perfección con una buena alimentación.
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