España se prepara para uno de los grandes acontecimientos astronómicos de las últimas décadas. Este miércoles 12 de agosto de 2026 tendrá lugar el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo. La franja de totalidad cruzará el país de oeste a este y alcanzará numerosas ciudades, mientras que en otras zonas el fenómeno se observará como eclipse parcial. Todo ocurrirá, además, al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte.
La expectación será enorme, pero también lo será el riesgo de cometer un error aparentemente inocente: mirar directamente al Sol sin la protección adecuada. El Dr. Nabil Ragaei Kamel, jefe del Servicio de Oftalmología de los hospitales Quirónsalud San José, Quirónsalud Marbella y Quirónsalud Toledo, advierte de que hacerlo “puede dañar la retina y especialmente la mácula, lo que puede tener consecuencias graves permanentes sobre la visión que, en casos extremos, podrían derivar en ceguera”.
Un eclipse excepcional que recorrerá España
Según el Instituto Geográfico Nacional, la franja de totalidad entrará en España por el noroeste y avanzará hacia el este, alcanzando también las Islas Baleares. El eclipse será total en gran parte de la mitad norte peninsular y parcial en otras zonas del país. Ciudades como A Coruña, León, Bilbao, Zaragoza o Valencia se encuentran entre las que atravesará la banda de totalidad.
Los horarios variarán según la localidad. En A Coruña, por ejemplo, el eclipse comenzará a las 19:31 horas, alcanzará su máximo a las 20:28 y finalizará a las 21:22; la fase de totalidad durará unos 76 segundos. En Burgos, el máximo llegará hacia las 20:29 y la totalidad se prolongará unos 104 segundos. En Palma, el máximo se producirá aproximadamente a las 20:32, ya muy cerca de la puesta de Sol.
Esa combinación de espectacularidad y amplia visibilidad hará previsiblemente que millones de personas levanten la vista al cielo. Y ahí comienza el problema.
Una quemadura que puede no doler
El principal peligro es el daño en la retina, el tejido sensible situado en el fondo del ojo. La radiación solar puede provocar quemaduras a nivel celular y afectar especialmente a la mácula, la zona responsable de la visión central y de actividades tan importantes como leer, reconocer rostros o apreciar detalles.
El riesgo tiene una particularidad especialmente traicionera: la lesión puede producirse sin dolor inmediato. “Los daños se producen sin que en ese momento seamos conscientes, al no sentir dolor inmediatamente”, explica el Dr. Ragaei. Los efectos pueden aparecer de forma inmediata y empeorar con el paso de las horas.
Por eso es falso que mirar solo unos segundos resulte inofensivo. El especialista advierte que esa acción puede provocar una quemadura en la retina aunque la exposición sea mínima.
Las gafas de sol normales no sirven
Para observar directamente el eclipse se necesitan gafas específicamente diseñadas para la observación solar y homologadas conforme a la norma ISO 12312-2. Las gafas de sol convencionales, aunque sean muy oscuras o de buena calidad, no ofrecen la protección necesaria.
Tampoco son seguros algunos trucos caseros utilizados tradicionalmente: radiografías, negativos fotográficos, cristales ahumados o discos compactos. Que reduzcan el deslumbramiento no significa que protejan adecuadamente la retina.
Otro error frecuente consiste en observar el eclipse a través de cámaras, prismáticos o telescopios sin filtros solares específicos. Estos dispositivos ópticos pueden aumentar el riesgo al concentrar la radiación solar.
Mejor en tandas breves
Incluso utilizando gafas homologadas, el Dr. Ragaei desaconseja observaciones prolongadas. No existe un tiempo máximo universal, porque intervienen distintos factores personales y de exposición, pero recomienda no superar los dos minutos continuados y optar preferentemente por tandas breves, descansando la vista entre una y otra.
Los niños deben estar especialmente supervisados para evitar que, movidos por la curiosidad, se quiten las gafas o miren directamente al Sol. El daño puede afectar tanto a menores como a adultos. También deben extremar las precauciones las personas con enfermedades retinianas previas, ya que su retina puede ser más vulnerable y tener menor capacidad de recuperación.
Qué síntomas deben alertarnos
Después de observar el eclipse, una disminución de la agudeza visual, la aparición de manchas oscuras, una zona borrosa en el centro del campo visual o cualquier pérdida de visión central deben llevar a consultar rápidamente con un oftalmólogo.
La recomendación es realizar una exploración completa de la retina para valorar posibles daños. No conviene esperar simplemente a que los síntomas desaparezcan: dependiendo de la gravedad, las lesiones solares de la retina pueden ser permanentes y no existe un tratamiento capaz de reparar el tejido ya dañado.
El eclipse del 12 de agosto será una ocasión histórica para mirar al cielo. Precisamente por eso conviene prepararse con tiempo. Ni gafas de sol, ni radiografías, ni trucos caseros, ni la falsa seguridad de pensar que unos segundos no pueden hacer daño. Para disfrutar de un acontecimiento que no se repetía en la Península desde hace más de un siglo, la protección visual adecuada será tan importante como encontrar un buen lugar desde el que observarlo.
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