En la madrugada del próximo domingo 29 de marzo, tras dos semanas de confinamiento, se producirá el cambio horario de verano. A las dos de la mañana, deberemos adelantar nuestros relojes en una hora, pasando a marcar las tres. Esto supone que a pesar de descansar una hora menos, se comenzará a apreciar una hora más de luz solar.

Hace justo un año, el Parlamento Europeo apoyó poner fin al cambio de hora estacional a partir de 2021, pero todavía no hay una decisión firme, entre otras cuestiones porque los países miembros tienen que escoger entre horario de invierno o de verano, y además los países europeos piensan que se necesita un estudio de impacto, que no se ha elaborado, y además hay temor a un caos de husos horarios. De momento, el cambio de hora sigue en pie y lo más llamativo de este, es que tendrá lugar en unas circunstancias excepcionales.

Lo normal es que el tiempo de adaptación al horario de verano sea de entre 48 y 72 horas. Es muy importante que nuestras rutinas sean acordes con él, que salgamos a las calle y nos dé el sol. «Sin embargo, este año lo más probable es que nos lleve más tiempo debido al confinamiento» cuenta a El Independiente María Huertas, psicóloga del centro especializado Psinergia. Al no poder mantener nuestra actividad tal cual la teníamos antes de la cuarentena, y las limitadas posibilidades de exponernos al sol, tardaremos más de tres días seguramente. «Nos encontraremos más cansados, irascibles y con problemas de concentración».

Normalmente, los días que siguen al cambio de hora alteran nuestro ritmo interno y provocan alteraciones en el sueño. En algunos casos, incluso genera estrés, aumentan los riesgos de sufrir hipertensión y migraña, y puede acrecentar en casos extremos, los riesgos de suicidio. Además. «si tenemos problemas cardiovasculares, hay más riesgo de sufrir un infarto». Uno de los últimos inconvenientes que suele aparecer es que «al anochecer más tarde, y debido a la cuarentena, puede aparecer sintomatología depresiva por alteraciones del sueño», cuenta la psicóloga.

La parte positiva sin embargo, es que el confinamiento durará menos, y ganaremos una hora de luz, que se traduce en ahorro energético. La clave para que las repercusiones sean menores consiste en mantener la calma, asimilar el cambio con naturalidad y continuar realizando los hábitos y rutinas establecidos. Ademas, Huertas explica que, una vez que se sucedan los días, «la luz hará que estemos más activos por la mañana».

Es importante seguir una dieta equilibrada, evitando el consumo de productos excitantes y, en relación al sueño, que suele alterarse debido al cambio de hora, es interesante «mantener las rutinas adaptadas al nuevo horario, no compensar el cansancio con siestas y, durante los próximos días, ir adelantando quince minutos la hora de acostarse, e intentar abrir ventanas y persianas para que entre la mayor luz posible en la casa», aconseja la psicóloga.

Las encuestas arrojan que 9 de cada 10 españoles quieren eliminar el cambio de hora, algo coincidente con la opinión pública europea, que muestra un 85% de respaldo a dicha medida. La mayoría aboga por mantener el horario de verano, ya que esto garantizaría un aumento del consumo, por una mayor predisposición a salir a la calle, lo que beneficiaría al sector turístico y hotelero. Además, el fin del cambio de hora podría fomentar unas jornadas laborales intensivas, que supondrían una mejora de la conciliación familiar.

Sin embargo, para María Huertas, que nuestros relojes pasen de marcar las dos a las tres de la mañana «no es demasiado grave. Psicológicamente no afecta al ser humano más de tres días», concluye.