«A veces pensaba tras el primer embarazo: la vida no merece la pena, no soy feliz aquí, no tiene sentido estar en este mundo. Pero con el tercero, en cambio, era recurrente». Este es el testimonio de Marta (nombre ficticio que se ha utilizado en el reportaje para salvaguardar su anonimato), mujer que ha sufrido tres depresiones posparto, uno con cada nacimiento de sus hijos. No quería salir de la cama, le costaba encontrar alegría en lo que hacía, no podía cuidar a su bebé ni crear un vínculo con él y el cansancio le acompañaba durante todo el día. «Hubo un día en el que no pude más, cogí la puerta y me fui», cuenta. «Dejé a mi madre con mi hijo y caminé durante 3 horas. Ahí fui consciente de que no podía hacerlo, que no era capaz de gestionar la sensación emocional que tenía en ese momento».

Su pareja era consciente de que necesitaba ayuda, pero ella no entendía por qué estaba mal. Había preguntas que revoloteaban sobre su cabeza continuamente: «¿Por qué me siento así? ¿Cómo puede ser que tengas un niño que esté bien de salud, sea risueño y tú no te sientas bien? Pero era algo que no podía controlar». La dureza de la maternidad, el desconocimiento del desarrollo de un niño y «pasar de ser una persona autónoma a dedicar tu tiempo y tu energía a otro ser». Todo se fue acrecentando hasta que explotó.

La matrona Ascensión Gómez tuvo un momento muy crítico en el que estuvo al borde del ingreso. Dejó la lactancia, volvió a trabajar y llegó a estar 15 días sin dormir, era un «zombie», «ni comía ni bebía». Ella no era consciente de que estaba mal hasta que un día su marido le cogió y le dijo: «Me da igual cómo te pongas, te voy a llevar al médico». Fue hace 19 años, tras el nacimiento de su primera hija. Cuando retrocede a aquella época, recuerda un episodio en el que perdió la paciencia, se puso a gritar e insultar y una amiga que estaba en su casa le dijo: «Tranquila, es un bebé». Fue una de las veces en las que, a pesar de no ser consciente de la gravedad de la situación, reflexionó que tal vez le estaba pasando algo «más gordo de lo que pensaba».

No era constante, pero a veces repudiaba al bebé. Tenía una lucha interna: «Una parte de mí lo rechazaba y le culpaba de lo que me estaba pasando, pero la parte racional me decía que esto no podía ser, que tan solo era un bebé». «¿Puedes estar bien con alguien cuando no estás bien contigo misma?», se pregunta Marta. «Te pesa la vida, te cuesta respirar, te cuesta dar un paso. Y, claro, todo esto con un niño que necesita que le cuides, pero tú no puedes». «Yo pensaba: que pare el tren y yo me baje», añade.

Las diez preguntas del Test de Edimburgo

Existe una escala a la que se someten las mujeres embarazadas o que han dado a luz recientemente, que evalúa cómo se sienten durante el proceso, y determina si pueden o no tener depresión posparto. Es el llamado ‘Test de Edimburgo’. Consta de 10 preguntas, en las cuales tienes que responder si has sentido miedo o si te has culpado a ti misma cuando las cosas salían mal. La última pregunta plantea si alguna vez has pensado en hacerte daño. A Marta se le corta la voz por teléfono cuando confiesa que en aquella prueba a la que se sometió, al llegar a esa última pregunta, llegó a reconocer que tenía pensamientos suicidas. «Respondía que sí, los lunes, los martes, los miércoles y todos los días de la semana». «No hay que llegar hasta ahí», advierte, «muchas veces llegas y ni siquiera sabes cómo».

Te pesa la vida, te cuesta respirar. Y, claro, todo esto con un niño que necesita que le cuides, pero tú no puedes

Cuando las mujeres dan a luz hay una bajada en su estado de ánimo, sufren cansancio y tienen dudas sobre la maternidad. No tiene por qué ser fruto de un parto traumático. Afectan incluso los antecedentes familiares que tengas. Si tu madre, tu hermana o tu abuela han sufrido una depresión posparto, tienes más papeletas para sufrirlo. Las alarmas saltan «cuando vemos una madre triste, tan cansada que no es capaz de levantarse de la cama, duerme mucho o, por el contrario, no puede dormir, y es incapaz de encargarse del bebé y crear un vínculo con él», explica Esther Ramírez, psicóloga perinatal, docente y coordinadora en el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.

En el caso de Marta, ninguna de las tres depresiones que sufrió fueron inmediatas. A los meses de dar a luz, cuando vio que la situación no se sostenía, empezó a ir a una psicóloga. Con su segundo bebé fue más leve, en seguida lo supo reconocer en sí misma y se puso sus propias estrategias, como darse su tiempo y rodearse de amigos y familiares. Fue capaz de hablarlo con su pareja y de reconocer que no se encontraba bien, pero no llegó a ir a terapia. «Piensas que ya lo sabes todo, que no te va a volver a pasar, que lo viste venir con el segundo; y esta vez lo volví a ver venir, pero aun así no llegué a pedir ayuda hasta que estaba en lo más bajo de lo bajo», relata Marta. A pesar de sus experiencias anteriores, con su último hijo la lactancia fue muy dura. Llegó a ir a terapia con una psicóloga especializada en perinatal, que incluso le recomendó tratamiento farmacológico, el cual rechazó porque consideraba que «si empezaba nunca saldría de ahí».

‘Siempre piensas que a ti no te va a pasar’

«Tú puedes, inténtalo sola», es una de las frases que más se repiten las madres que pasan por esta situación. Hasta que, como en el caso de Ascensión, no pudo más y le recetaron medicación ansiolítica y antidepresiva, la cual estuvo tomando durante 3 años. El tratamiento psicológico no fue inmediato, tardó varios años en someterse a él, y precisamente cuando lo hizo, empezó a retirarse la medicación. Además de tener un trabajo estresante de noche como enfermera en cuidados intensivos, tenía antecedentes de tratamiento por depresión, tenía los factores de riesgo, pero a pesar de ello, dice, «siempre piensas que a ti no te va a pasar».

Han pasado 19 años desde que Ascensión se sumiera en ese luto de tristeza y, aun así, reconoce que es algo que «deja una huella para siempre». La medicación le afectó mucho, el primer año de vida de su primera hija estuvo prácticamente ausente. Y eso lo notó cuando nació su segunda hija seis años más tarde: «Ella veía el vínculo que yo tenía con su hermana, y la mayor sentía que a ella no le había pasado eso, es algo que seguimos restaurando mi primera hija y yo». Al final, dice, «no puedes volver atrás en el tiempo», pero «duele y es una cicatriz del alma que siempre estará ahí».

«La maternidad se vende como una foto en la que aparece una mujer súper arreglada, aseada y sonriente con un bebé precioso», cuenta Esther, psicóloga perinatal. «Parece que hablar mal de la maternidad asusta, nos lo pintan de una manera irreal y nos infantilizan», comenta Ascensión. «Yo no necesito que me digas que las cosas van a ir bien, madres vamos a ser el resto de nuestras vidas, necesitamos que nos den información de cara a las dificultades, no porque nos tenga que pasar, más que nada porque si nos pasa, sepamos reconocerlas a tiempo», concluye Marta.

Desconocimiento del puerperio

El puerperio es el periodo de tiempo que dura la recuperación completa del aparato reproductor después del parto. Para Ascensión es «el gran olvidado». «Las mujeres están super controladas durante el embarazo, en el parto no se separan ni un minuto de ti y, de repente, das a luz, te vas a tu casa y ya está. Y ahí es cuando empieza lo más difícil, que es la lactancia y la adaptación», explica.

Las tres denuncian el desconocimiento que hay en torno al puerperio, y eso que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión posparto la sufren al menos una de cada 10 madres en países industrializados, el doble en países en desarrollo. Para Esther, «se habla mucho del parto, pero no se habla del posparto». De hecho, según la psicóloga, uno de los «grandes retos del sistema» es realizar revisiones específicas a la madre, «existe la revisión del bebé sano, pero no existe la revisión de la madre sana».

Mi marido se veía impotente porque sabía que yo estaba mal y no sabía cómo ayudarme, él aguantó el carro de los niños porque si yo no estaba, él no podía fallar

Cuando las mujeres sufren depresión posparto, muchas tienen miedo a contarlo y a hablar del tema incluso con sus personas más cercanas. La psicóloga Esther Ramírez explica que algunas no quieren ser juzgadas, otras en cambio, no saben ni siquiera «cómo contarlo». En el caso de Marta no fue capaz de contarlo a algunas de sus personas más cercanas, de ahí su anonimato en este reportaje, pero con su marido era transparente y no tenía reparos en mostrar sus sentimientos. «Mi marido se veía impotente porque sabía que yo estaba mal y no sabía cómo ayudarme, él aguantó el carro de los niños porque pensaba que, si yo no estaba, él no podía fallar». Antes le dolía hablar del tema, ahora, en cambio, está realizando un curso y no tiene ningún problema en presentarse: «Hola, soy Marta, soy madre de 3 hijos y he tenido 3 depresiones posparto». De hecho, a raíz de lo que sufrió, Marta dejó su anterior trabajo, que nada tenía que ver con todo esto, y pasó a ser asesora de lactancia.

«Hay que preguntar muchas veces si están bien, ellas ni siquiera sacan el tema porque hay tal idealización de la maternidad, que la mayoría ni siquiera se atreve a plantearlo, y siguen sonriendo», explica Esther. Ante la duda, el personal sanitario «retira la lactancia y medican, pero no dan apoyo psicológico, y eso agrava la situación», indica Esther.

Grupos de madres como terapia

«Los grupos de madres a veces hacen más labor que el propio sistema sanitario, por eso es muy importante estar rodeadas de mujeres que están pasando por lo mismo y crear más grupos específicos de puerperio», afirma Ascensión. Marta también cree que, a veces, «las mujeres son capaces de expresar en grupos lo que no son capaces de expresar en sus propias casas».

Para la psicóloga perinatal, la clave es informar. «No solo hay que enseñar cómo se lava un bebé, si no hablar de la posible revolución emocional que van a experimentar y que, no tiene por qué, pero puede pasarles». Lo siguiente es «formarnos aún más», que cada vez haya más profesionales especializados e informados en salud mental perinatal. Y, que, además, «los familiares cercanos sepan detectar cuáles son las señales de alarma, porque en ese momento la mujer no es consciente de ello».