Que lo ocurrido en Extremadura no sea un espejismo. Es lo que quiere evitar Vox este domingo en Aragón, volviendo, al menos, a "doblar resultados". Fuentes nacionales del partido están convencidos de que se materializará, que como mínimo de sus 7 escaños durante la legislatura pasada la candidatura aragonesa podrá superar los 10 representantes y hasta un máximo de 14. Creen que esta última semana ha sido determinante para ello, y una vez quede claro, esperan que "el PP empiece a atender" sus exigencias. Las que dicen que no quiere asumir la extremeña María Guardiola para un gobierno de coalición; las que no aceptó Jorge Azcón a principios de diciembre para sacar los presupuestos regionales de este año. Las mismas que sí convencieron a los populares en la Comunidad Valenciana.
El escenario actual con el PP, en todo caso, es de amplia tensión. Primero, a nivel territorial, Azcón equiparó a Vox con Podemos, le atribuyó las características de un partido populista y de repetir el discurso inicial de los morados, de "casta" y de que "el PP y el PSOE son iguales".
Pero el jueves ambas formaciones se lanzaron al choque, sacando a relucir asuntos internos, desde filtraciones de audios contra Abascal dentro de su partido, a alusiones a la trama Kitchen, a sospechas de corrupción en Alicante o a una "guerra sucia" contra Vox para acallar otras cuestiones. Desde Vox se recalca otros asuntos generales que ya subían la competencia política entre formaciones: desde la regularización extraordinaria de inmigrantes del Gobierno, hasta el acuerdo UE-Mercosur.
En el primer caso, tras aceptar el PP en 2024 el debate sobre esa regularización en comisión en el Congreso y solo para aquellos sin antecedentes, Vox reitera que fue un sí explícito por parte de Feijóo a una regularización que ahora rechaza. Quiere desgastarle en lo posible para elevar su capacidad de atracción con el discurso anti inmigratorio. En sus múltiples vías y ejes, desde la presunta protección de la mujer o el colectivo LGTBI frente a culturas como la islámica, la seguridad y degradación de los barrios, o esa competencia con productos extranjeros. De momento, en cuanto al voto femenino, parece que Vox no termina de capitalizarlo frente al PP como ya no logró en Extremadura.
En cuanto al segundo, Vox quiere debilitar al PP en un debate frente a los agricultores emotivo y dicotómico, de blancos y negros, sin matices. Los de Abascal se oponen al acuerdo con Mercosur y lo han recurrido entre otros grupos al TJUE, mientras que los populares lo defienden si se dan salvaguardas a los productores, para que no haya competencia desleal.
Ni si quiera ha sido una campaña de enfrentamiento con Alvise y Se Acabó la Fiesta, que busca un hueco en el Parlamento este domingo. Apenas ha habido ruido por parte de Alvise, que conseguiría unos 20.000 votos si retiene a los que le apoyaron en las últimas europeas desde la región. Tanto Vox como el PP descartan que pueda arañar un escaño.
"Huele a cambio en Aragón"
En varios mítines de cierre de campaña, Abascal afirmó que "huele a cambio en Aragón", dando por hecho que serán cruciales para la gobernabilidad de Azcón. Desde el partido ven claro que serán determinantes también en Castilla y León y con la duda aún de Andalucía, donde están fuertes en enclaves como Huelva y Almería. Pero al mismo tiempo, se pone el foco en las próximas generales, previstas para 2027 pero que, en cualquier momento, pueden adelantarse si Pedro Sánchez lo cree oportuno. En Vox se valora que este crecimiento exponencial a todos los niveles deja clara una foto: la de que el PP, si quiere gobernar, requiere sí o sí de un pacto con ellos y, al mismo tiempo, de un cambio de políticas "radical".
Y para consolidar esa tendencia de ascenso y frustrar el avance extra del PP, se agita el descontento social, se busca atraer no con un clásico eje izquierda-derecha, sino con banderas concretas que movilizan a quien ya no confía en el bipartidismo o a quien lleva años ubicado en la abstención: a los jóvenes con la vivienda, a los agricultores con esa competencia con otros países y el distanciamiento de las instituciones europeas, y al público en general con la competencia por servicios públicos o la seguridad. Además del PP, se carga contra el PSOE y Sánchez.
Se arremete contra su cruzada conta los tecno-oligarcas a la vez que se recurren a discursos de los socios europeos, como la alusión al magnate y filántropo estadounidense de origen húngaro, George Soros: "¿A quién quiere engañar? La primera visita a Sánchez en Moncloa fue de Soros, un multimillonario, globalista, promotor de la inmigración masiva y, por tanto, destructor de las sociedades occidentales?". Cree que busca ser referente internacional para que "cuando se siente en el banquillo por corrupción la izquierda internacional diga que es un mártir por motivos ideológicos", dijo Abascal en Monzón, Huesca, el jueves.
Pero al mismo tiempo que se cuestiona a Sánchez, se busca desincentivar el voto al PP como partido de oposición al señalar la colaboración entre socialistas y populares en instituciones europeas o a la hora de sentarse para cuestiones de Estado. Igual que con Mercosur, los matices no ayudan al PP frente a posiciones maximalistas pese a que se afea constantemente las posiciones de Sánchez.
Las estimaciones electorales se cumplieron en Extremadura, y ahora en Aragón sitúan asiduamente a Azcón entre los 28-30 escaños y con cuatro necesarios para la mayoría absoluta. La candidatura de su exvicepresidente, Alejandro Nolasco, dejaría a Vox en entre esos 10-14 escaños y tasas de voto de casi el 18%, las mismas que a nivel nacional y que sitúan de media a Abascal en los 60 diputados en el Congreso. Con ese aviso de cambio de políticas pronto, desde Vox se da a entender que se replicará a fórmula de Extremadura tras enmendar la posición mantenida desde mediados de 2024: muy probablemente se pedirá entrar de nuevo en el Gobierno, en coalición con una vicepresidencia y carteras en función de la representación. Y en vista del estado de las relaciones, el trámite apunta a ser complicado, más con otros escenarios electorales de por medio.
Un acuerdo con Azcón no será fácil. El precedente de los presupuestos lo dejó claro, hasta el punto de que el PP calificó de "ilegales" las exigencias de Vox. Entre ellas, el rechazo frontal a la inmigración ilegal -se apuntó que si el Gobierno central obliga, deben acatar las acogidas, aunque Vox clama por que se rechace con las herramientas al alcance, como recursos judiciales-, la limpieza de cauces -algo que compete al Estado, aunque se presiona para que se exija-, o una rebaja fiscal radical, a lo que el PP señaló que bajo los números que maneja Vox hay riesgo de que servicios como el hospital de Teruel deban cerrarse.
La principal exigencia apunta a ser similar a Extremadura: entrada a consejerías con capacidad presupuestaria para materializar los acuerdos de esas áreas. El interés esencial son las competencias de agricultura, las cuales ya ostentaron al comienzo del mandato anterior. Nolasco ya fue presidente y desempeñó Desarrollo Territorial, Despoblación y Justicia.
Condicionar a Feijóo
Que la dinámica de Extremadura se dé en Aragón dejará clara la tendencia en los próximos comicios. Vox quiere dejar claro al PP en todas sus escalas que si quiere gobernar o bien tendrá que elegir al PSOE -algo que se descarta por ambas partes- o bien a ellos. Y Abascal se ve como el peaje ineludible que tendrá que pagar incluso Alberto Núñez Feijóo para ser presidente del Gobierno. Feijóo no quiere, de hecho pidió una mayoría para gobernar en solitario en el último congreso del partido, solo con pactos externos. Al margen de Vox, no suma ni con Coalición Canaria, Junts y PNV juntos. Y con los dos últimos las relaciones son pobres. De choque con los segundos durante los últimos años, con la incapacidad de reestablecer el diálogo cordial roto con la moción de censura de 2018.
Los de Abascal no quieren hablar de competencias de Gobierno hasta que ese escenario no sea real -se ha criticado a Feijóo por "repartir ministerios" estos años-, pero es incuestionable que el deseo máximo de Vox es la de llegar al Gobierno. Para poder hacerse con la gestión migratoria, agrícola, de defensa e incluso de educación o cultura, carteras de Estado algunas de ellas que en el caso del PSOE no han sido ni cedidas a Podemos o Sumar.
La estrategia de Vox hasta ahora era omitir alianzas regionales para seguir creciendo como se venía haciendo desde 2025, y dar la puntilla en unas generales. Pero se opta por ir allanando ese terreno para naturalizar el acercamiento y la dependencia mutua con el PP para poder gobernar. En el lado opuesto, los populares pueden ceder en el ámbito autonómico, pero tras unas generales, se pondrá a Vox en la tesitura de, o bien garantizar la salida de Sánchez del Gobierno y apoyar externamente al PP bajo un acuerdo programático, o dar aire al PSOE provocando una repetición electoral.
Por ahora, el propio Feijóo hace un llamamiento nuevamente al voto útil y "de enfado", aquel que está dando alas a Vox, para intentar frustrar ese crecimiento en Aragón. Hasta el partido se apoya en figuras como Vito Quiles o Los Meconios, intermedias entre PP y Vox, para dar ese extra que les permita romper las previsiones: no ven capacidad de sumar más de dos escaños, uno por Zaragoza y otro por Huesca.
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