En medio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, una pequeña isla del Golfo Pérsico ha comenzado a aparecer en los debates estratégicos de Washington como una de las piezas más decisivas del conflicto. Se trata de la isla de Charag, una estrecha franja de apenas ocho kilómetros frente a la costa iraní que concentra la mayor vulnerabilidad económica de la República Islámica.
Charag -que significa en persa dátil aún verde para comer- tiene una superficie similar a la de la Isla de Cabrera, al sur de Mallorca, pero a diferencia de la española -completamente deshabitada salvo por los guardas y el personal del parque nacional marítimo- en su geografía residen unos 8.000 iraníes. Naysan Rafati, analista sénior de Irán en el International Crisis Group, reconoce a El Independiente que la isla se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del tablero estratégico de la guerra. “La isla de Charag (Kharg, en inglés) es un centro crítico para las exportaciones de petróleo iraní”, admite.

La isla de Charag es un centro crítico para las exportaciones de petróleo iraní
“Pero tanto su captura como su destrucción implican riesgos sustanciales: la primera porque exige enviar fuerzas militares y eleva aún más la apuesta en un conflicto que ya está sacudiendo los mercados energéticos, y la segunda porque tendría un efecto devastador para la economía futura de Irán”, explica. Varios medios han deslizando que asesores cercanos al presidente Donald Trump han discutido la posibilidad de hacerse con el control de la isla, a 480 kilómetros al noroeste del estrecho de Ormuz, como parte de la estrategia para asfixiar al régimen iraní, que este fin de semana ha marcado un nuevo punto de inflexión con el ataque a depósitos de petróleo en Teherán.

El punto débil de la economía iraní
La operación no solo tendría un impacto económico inmediato, sino que podría alterar el equilibrio interno del poder en Teherán, reforzado desde la elección como líder supremo el domingo de Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido ayatolá y una figura misteriosa que durante décadas ha crecido a la sombra de su progenitor, con amplios contactos con la Guardia Revolucionaria y los sectores más duros de la teocracia.
La importancia de Charag resulta difícil de exagerar. La isla alberga la principal terminal petrolera de Irán y maneja alrededor del 90% de sus exportaciones de crudo. Desde allí salen millones de barriles diarios hacia los mercados internacionales, en gran parte transportados por una flota de petroleros que permite a Teherán sortear sanciones occidentales y vender petróleo —principalmente a China— a través de complejas redes de intermediarios.
Para analistas cercanos a la administración estadounidense, atacar o controlar este punto logístico sería mucho más efectivo que bombardear objetivos dispersos dentro del país. Michael Rubin, exasesor del Pentágono durante la administración de George W. Bush y actual investigador del American Enterprise Institute, sostiene que el impacto sería inmediato. “Irán depende de esa infraestructura para pagar a sus fuerzas de seguridad. Si no pueden vender su petróleo, no pueden pagar las nóminas”, afirmó Rubin en declaraciones recogidas por Politico. El argumento es sencillo: buena parte de los ingresos petroleros del país financian a la Guardia Revolucionaria, el poderoso aparato militar que sostiene al régimen.

La estrategia de Trump: golpear la financiación del régimen
La discusión sobre Charag -uno de los escenarios del videojuego bélico Battlefield 3- se produce mientras Washington y Tel Aviv evalúan cómo llevar la guerra más allá de los ataques aéreos, con los precios del petróleo al alza y la preocupación crecicente de las monarquías del Golfo Pérsico por el elevado coste de la continuación del conflicto para sus economías, con la exportación de gas y petróleo detenida y sus territorios alcanzados por misiles israelíes en represalia a la campaña de bombardeos de EEUU e Israel.
Responsables estadounidenses e israelíes también han debatido operaciones especiales dentro del territorio iraní para asegurar las reservas de uranio altamente enriquecido del país. Irán dispone de unos 450 kilos de uranio enriquecido al 60%. Los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel el pasado año destruyeron gran parte de la infraestructura nuclear iraní y sellaron accesos a instalaciones subterráneas como la instalación nuclear de Natanz, la planta de enriquecimiento de Fordow y el Centro de Tecnología Nucelar de Isfahán, donde se encuentra la mayor parte de ese material. Pero el problema sigue siendo cómo neutralizar definitivamente ese uranio. En una sesión informativa ante el Congreso, el secretario de Estado Marco Rubio fue explícito: “Alguien tendrá que ir allí y cogerlo”.
Operaciones quirúrgicas, no una invasión
Aunque el escenario de tropas occidentales sobre suelo iraní evoca imágenes de guerras como Irak, responsables estadounidenses insisten en que las operaciones planteadas serían limitadas. “No estamos hablando de algo como Faluya”, explicó un alto funcionario estadounidense citado por Axios en referencia a la ciudad del oeste de Irak de infausto recuerdo para Washington al convertirse en bastión de la insurgencia. “Serían incursiones de fuerzas especiales muy concretas”.
El propio Trump no descartó esa posibilidad en declaraciones a periodistas a bordo del Air Force One. “Podría ocurrir por una muy buena razón”, afirmó el presidente estadounidense. “Quizá en algún momento lo hagamos”.

El precio de incendiar el Golfo
Sin embargo, algunos analistas advierten de que intentar tomar Charag podría desencadenar una reacción en cadena en toda la región. Ali Vaez, director del programa sobre Irán en el International Crisis Group, alerta de que el movimiento podría provocar el efecto contrario al buscado por Washington. “Tomar las instalaciones petroleras de Irán podría resultar contraproducente y empujar a Teherán a incendiar el resto de la región”, advierte en declaraciones a El Independiente.
Sus advertencias reflejan un dilema estratégico: neutralizar la isleta de Charag podría asfixiar financieramente al régimen iraní, pero también podría desencadenar represalias contra infraestructuras energéticas en todo el Golfo.
Una isla que siempre estuvo en la mira
La idea de apoderarse de la isla no es nueva. Durante la crisis de los rehenes de 1979, asesores del presidente Jimmy Carter propusieron capturar la isla para presionar al régimen revolucionario, aunque finalmente Washington descartó la operación.
En los años ochenta, durante la guerra entre Irán e Irak, las instalaciones petroleras de Charag fueron bombardeadas repetidamente por Bagdad, pero el terminal fue reconstruido con rapidez. Hoy vuelve a situarse en el centro del tablero geopolítico.
Por ahora, Estados Unidos e Israel han evitado golpear directamente la infraestructura petrolera iraní. La prioridad ha sido neutralizar las capacidades militares y nucleares del país. El domingo atacaron depósitos de petróleo en las inmediaciones de Teherán provocando que una nube negra dominara el cielo de la ciudad, con advertencias para sus habitantes de evitar salir a la calle. Pero en los círculos estratégicos de Washington -protagonistas de errores de cálculo desde el diseño y lanzamiento de los ataques el 28 de febrero- crece la convicción de que la pequeña isla del Golfo podría convertirse en el punto decisivo de la guerra. Un golpe a un régimen en lucha existencial con una capacidad extrema de resiliencia.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado