Este domingo se celebran elecciones en Castilla y León, territorio gobernado ininterrumpidamente por el PP desde 1987, año en que José María Aznar ganó aquellas autonómicas por apenas 5.000 votos de ventaja sobre el socialista Juan José Laborda. A diferencia de Extremadura y de Aragón, donde han prevalecido en democracia los gobiernos del PSOE, Castilla y León ha sido poco menos que territorio conquistado para los populares. Pero nada queda de aquellas mayorías absolutas incontestables de Juan Vicente Herrera. La irrupción de Ciudadanos y de Vox cambiaron el panorama en esta Comunidad, pionera en los gobiernos de coalición, primero con los naranjas y más tarde con los ultras. Y todo apunta a que Alfonso Fernández Mañueco seguirá siendo el gran superviviente político a pesar de todas las dificultades.

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No deja de ser curioso que de las cuatro autonómicas que abrieron el ciclo electoral el pasado 21 de diciembre en Extremadura; siguieron el 8 de febrero en Aragón y continuan en Castilla y León este domingo, para culminar muy probablemente en junio en Andalucía, la de este domingo era, a priori, el territorio donde menos espectativas había. No porque dudaran del triunfo de Mañueco, sino porque, según los cálculos de Génova, "nos iban a ir las cosas peor" que en Extremadura y Aragón.

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Los de Santiago Abascal "no van a incrementar sustancialmente su resultado", dicen en Génova

Pero no es eso lo que dicen los sondeos. Sea porque Vox ya alcanzó un considerable porcentaje de voto en las autonómicas de 2022 (17,64 por ciento) o porque el candidato socialista, Carlos Martínez, no se va a dar el mismo bofetón electoral que Miguel Ángel Gallardo y Pilar Alegría, el panorama apunta a que los de Santiago Abascal "no van a incrementar sustancialmente su resultado", indican en Génova. Que Mañueco volverá a depender de ellos para gobernar es una evidencia, pero en la dirección nacional del PP, más allá de la lectura que haga el partido a nivel regional, les vale con que los titulares tiren por el frenazo del crecimiento de los ultras. Ya no es tan importante la debacle socialista como que Vox toque techo y se desinfle el fenómeno.

Este viernes, día de cierre de la campaña, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, señaló en los distintos mítines en que intervino que "nos va a ir bien el domingo porque hemos hecho una buena campaña y la gente sabe lo que le va bien". Buena parte de su intervención estuvo marcada por la línea argumental de que el voto con la papeleta de Vox sólo sirve para bloquear gobiernos del PP y dar oxígeno al inquilino de la Moncloa.

Sólo el PP "pide el voto para gobernar"

"Hay partidos que piden el voto para salvar a Sánchez, otros para no desaparecer tras haberse entregado al Gobierno mas ineficaz y corrupto del democracia española en 47 años y hay un tercer grupo que pide el voto para bloquear la gobernabilidad de Castilla y León, de Extremadura y de Aragón", dijo respectivamente en referencia al PSOE, al bloque de la izquierda alternativa y, por último, al partido de Abascal. En definitiva, a juicio de Feijóo, "sólo hay uno que pide el voto para gobernar".

Las alusiones críticas al partido con el que a partir de mañana deberán verse las caras fueron numerosas, sin citarlo explicitamente, pero conscientes en el PP del elefante que hay en la habitación. No ocultaba Feijóo su enfado por la falta de acuerdos que arrastran Extremadura y Aragón. Esperan que las negociaciones se desatasquen a partir de este domingo incluyendo Castilla y León. De momento, ni siquiera el "acompañamiento" de Miguel Tellado a esas negociaciones ha servido para avanzar, a pesar de mantener una relación fluida con los voxistas.

Destacó Feijóo la contradicción de Vox al afirmar "que su objetivo es echar a Sánchez, pero bloquea sistemáticamente los gobiernos del Partido Popular". Vox hace "discursos y ruido, pero no gobierna. Es muy cómodo quedarse en el tuit o el titular". Hacía referencia velada a la espantada que dio la ultraderecha de los gobiernos autonómicos de coalición con los populares en julio de 2024 tras exigirles que no atendieran a los menores inmigrantes no acompañados.

Gobernar "no es apuntar con un dedito los problemas que hay y luego no hacer nada"

"Se va a decidir si el gobierno es estable o inestable; si va a decidir su futuro o consultarlo en despachos en Madrid; si se quiere más Sánchez o menos". Gobernar Castilla y León "es mirar todo el mapa, conocer el terreno, remangarse, ponerse a trabajar, no apuntar con un dedito los problemas que hay y luego no hacer nada", arremetió en una nueva andanada contra Abascal. "Un discurso -reiteró- lo da cualquiera, pero el lunes hay que gestionar. Gobernar con un discursito lo hace cualquiera, pero gobernar sabiendo gestionar es más complicado". En definitiva, "no vale nada darse golpes en el pecho por España y luego bloquear".

Hasta ahora Génova vendía la idea de que el ciclo electoral abierto en diciembre de 2025 pondría de manifiesto "la debilidad electoral de la izquierda, como así ha sido hasta ahora", aducen. Pero también sucedió la fuerza ascendente de Vox, algo que comenzaron a apuntar los sondeos tras el verano pasado. No les pudo pillar por sorpresa cuando María Guardiola y Jorge Azcón decidieron adelantar elecciones; entonces la tesis se sostenía sobre el principio "de la inexistencia de una mayoría alternativa que no pase por el PP, en general, y por Feijóo, en particular y a futuro".

Las próximas elecciones generales: una pugna entre Sánchez y Abascal

Y siendo eso verdad, Vox dio un salto demoscópico alimentado en muy buena medida por Moncloa. Al entorno de Sánchez no parece importarle tanto el destino de los barones territoriales, como afianzar en la retina de los ciudadanos la imagen de que las próximas elecciones generales no se dirimen entre Sánchez y Feijóo, sino entre Sánchez y Abascal. La polarizacion alimenta a PSOE -que ha robado las banderas de los partidos a su izquierda- y a ese voto reactivo que es el de Vox.

Un juego peligroso que pilla al Partido Popular entre dos fuerzas que se atraen y repelen del mismo modo. Que el PSOE vaya sumando los peores resultados de su historia está bien a los ojos de los populares, pero empiezan a necesitar que Vox pierda impulso. Porque en Andalucía, que son las siguientes, no se juegan ganar las elecciones, que las ganarán sin ninguna duda, sino perder la mayoría absoluta, y esa si sería una tragedia para Núñez Feijóo.