Advierten al comienzo de Torrente presidente que el parecido de la película con la realidad NO es pura coincidencia, y que es "una putada" que así sea. En efecto, demasiados casos y cosas de la España actual, desde el partido esencialista al presidente narcisista, resultan reconocibles en la sexta entrega de la saga de Santiago Segura, el último magnate del cine español. Y las coincidencias sirven al humor, pero no solo. Los creadores de Torrente presidente se protegen tras los privilegios de la sátira para desactivar críticas, burlas las amenazas de cancelación y prevenir interpretaciones políticas. El problema es que la película no es lo suficientemente divertida para disimular sus defectos como sátira ni para convencernos de que carece de mensaje político.

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Como pura comedia, Torrente presidente tiene el problema de todos los Torrentes precedentes, y es que su vida útil y su alcance geográfico son muy limitados, porque no funciona sin las referencias a la actualidad española ni la gruesa verborrea vernacular y sin filtros del personaje, que en esta ocasión, además, hace reir muy puntualmente. En una sala llena la emoción se contagia y la frialdad se nota menos, pero en la despoblada matinal de sábado en la Sala 1 de los Cines Verdi de Madrid la escasez de carcajadas hizo que los silencios del montaje preparados para encajarlas se hicieran eternos.

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Pero todo esto da igual, porque Torrente presidente ya es el estreno español más taquillero de los últimos 15 años –como se ha encargado de airear su creador, maestro del autobombo, mientras afeaba cínicamente a los periodistas los spoilers y les dificultaba el trabajo–. Lo que sí merece la pena aplaudir es el empeño vocacional de Segura en recuperar a los cómicos de ayer, hoy y siempre, empezando por el difunto Fernando Esteso –que le sigue en los títulos de crédito en un bonito homenaje final–, aunque tampoco falten en la troupe de los milagros de Torrente los inevitables humoristas de las redes y los fenómenos virales lamentables como el Dandy de Barcelona, un ser humano real, machista y putero, verdaderamente torrentiano y redimido gracias a su aparición estelar.

Como redimido queda el auténtico Vito Quiles interpelando al Echenique de ficción interpretado por Brianeitor. Una escena complicada de ver, igual que el debate electoral en el que Torrente insulta a una candidata trans llamada Idoia Mantero –Aníbal Gómez–: en este punto el vacío de risas resulta demasiado incómodo. Solo se ríe Lucía Etxebarria, que con su cameo se apropia de la acusación de terfismo.

Como sátira, Torrente presidente es casi siempre una película burda. El encuentro de Torrente con Kwongo, el negro de Nox –José María Sánchez Kimbo–, es probablemente la escena más divertida –y "qué daño ha hecho el fútbol femenino", el mejor chiste–. Los grandes hallazgos empiezan y casi terminan en el casting. Que Bertín Osborne haga del presidente socialista Pedro Vilches es una decisión brillante. También que El Gran Wyoming sea el encargado de entrar en Moncloa para llevárselo preso. Guillermo Bárcenas, cantante de Taburete e hijo del ex tesorero del PP Luis Bárcenas, hace de eminencia gris de Nox y acaba también de tesorero, pero de España. Comparte militancia ultra con Carlos Herrera –que encarna al poderoso director de comunicación del partido, llamado Miguel Ángel González (ajá)–, Juan del Val y Francisco Nicolás –el ya no tan pequeño Nicolás–, liderados todos por Ramón Langa (ese hombre a una voz pegado), que sufre un viagrazo en su camerino mientras se divierte con la "periodista hot" intepretada por Yola Berrocal –"mitad tetas y mitad tonta", que diría Rosa Belmonte–.

Pero el mecanismo político de la sátira no se agota en la parodia de la ultraderecha sino que bascula entre dos pivotes: Nox y el presidente Pedro Vilches. La película no tiene piedad con ese partido ultra ficticio que remite irremediablemente a Vox, incluido el aval de Javier MileiCarlos Latre– y de Donald TrumpAlec Baldwin–, en el que el franquista Torrente encaja con las dificultades de un camisa vieja, pero encaja al fin y al cabo. La alianza Torrente-Trump se formaliza en un acto conjunto rodado en el patio de la Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid –el mismo lugar donde Isabel Díaz Ayuso le entregó la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Milei en 2024–.

El presidente del Gobierno también queda retratado de manera expresa. Vilches se mira en el espejo enamorado de sí mismo mientras le dice a su reflejo que es imprescindible y que el país le necesita, presume de "la agenda social del Gobierno de coalición de izquierda" y defiende su derecho a cambiar de opinión; blanco y en botella. En otra escena, alguien habla de colocar a un inútil de director de Artes Escénicas, un guiño obvio al caso del hermano de Pedro Sánchez. "¿Tú crees que los españoles van a votar a un imbécil?", le pregunta Vilches a su hombre de confianza, Patxi –Florentino Fernández–. La respuesta queda en el aire.

Poco antes, hemos visto al auténtico Mariano Rajoy, todo un expresidente del Gobierno, único político profesional que participa en la película, dándole consejos valiosos a Torrente para afrontar su incipiente carrera política –"No dividir, no mentir, ser honrado"– y hacer mutis con una despedida proverbial y afilada: "Otro vendrá que bueno te hará".

A izquierda y derecha, media Atresmedia –que participa en Torrente presidente– hace cameos –Wyoming, Cristina Pardo, Iñaki López y Jordi Évole por el lado de La Sexta; Pablo Motos, el propio Juan del Val o Pilar Vidal por el de Antena 3; además de Ana Rosa, Marta Flich y Gonzalo Miró, de otras ganaderías mediáticas–, pero el perfume que predomina es el de la tertulia de El hormiguero, esa mesa de extremo-centro-derecha que dice abominar de los hunos y los hotros.

(ALERTA de SPOILER)

Al final de la película, Vilches es desalojado por el mismo poder superior que lo colocó en La Moncloa, Torrente llega al poder, y el espectador que se ha dejado llevar por el torrente de Segura lo que desea es que vuelva Rajoy. Proponemos una encuesta a la salida del cine. Qué pensarán los amiguetes Wyoming y Évole del espíritu subliminal de este Torrente 6?