Un analista neoconservador estadounidense ha instado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a aceptar "la pérdida de Ceuta y Melilla" y facilitar su incorporación a Marruecos, en un texto que plantea incluso la posibilidad de una marcha civil marroquí sobre ambas ciudades autónomas similar a la que en 1975 precipitó la salida española del Sáhara Occidental, ocupado desde entonces por la monarquía alauí en contar adel derecho internacional. La reclamación se produce en un momento marcado por las tensiones diplomáticas entre Washington y Madrid a propósito de la guerra de EEUU e Israel contra Irán y la posición contraria del Gobierno español.
El autor, el analista estadounidense Michael Rubin, investigador del American Enterprise Institute (AEI), uno de los think tanks neoconservadores más influyentes de Washington, sostiene que España debería aplicar a sus enclaves norteafricanos la misma lógica “anticolonial” que ha defendido en el caso del Sáhara Occidental. En su argumento, el giro diplomático de Sánchez en 2022 al apoyar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara debería conducir ahora a cuestionar la presencia española en territorio africano.
Rubin es un analista conservador asociado al entorno neoconservador de Washington y al think tank American Enterprise Institute, vinculado históricamente a la política exterior intervencionista de la era de George W. Bush, especial la invasión de Irak o la fallida campaña en Afganistán. Aunque coincide con Donald Trump en posiciones duras frente a Irán y en su apoyo cerrado a Israel, procede del establishment republicano tradicional y ha criticado algunas decisiones de Trump, por lo que suele clasificarse más como neoconservador y halcón en política exterior que como parte del movimiento trumpista. Durante la presidencia de George W. Bush trabajó como asesor civil en el Pentágono, donde se ocupó de cuestiones relacionadas con Oriente Próximo.
Apoyo total a las tesis del Gran Marruecos
En su texto, Rubin considera la retirada española del Sáhara Occidental en 1975 como precedente histórico. Según su relato, España trataba entonces de conservar la colonia o transformarla en “un Estado títere colocando al frente a líderes cuidadosamente seleccionados”, pero la iniciativa quedó frustrada por la Marcha Verde organizada por el rey Hasán II. El 6 de noviembre de 1975, recuerda, unos 350.000 marroquíes cruzaron la frontera hacia el Sáhara portando banderas marroquíes y ejemplares del Corán. Las fuerzas españolas se retiraron y, pocos días después, Madrid firmó los Acuerdos de Madrid, que sellaron la salida española del territorio y que la justicia internacional declaró nulos. España sigue siendo hoy la potencia 'de iure' del territorio.
El analista sostiene que Rabat se apoyaba en “la historia y la legitimidad nacional” para reclamar el Sáhara y defiende que el actual monarca, Mohamed VI, ha continuado ese legado impulsando inversiones en infraestructuras y desarrollo urbano en ciudades como El Aaiún y Dajla. En su interpretación, el Frente Polisario sería una “reliquia de la Guerra Fría” respaldada por Argelia y carente de apoyo popular entre los saharauis, unas tesis rechazadas desde hace décadas por el Tribunal de La Haya y más recientemente por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que considera al Polisario representante legítimo del pueblo saharaui.
“El rey Mohamed VI se basó en el legado de la Marcha Verde para su gestión del Sáhara. En términos per cápita, el Sáhara recibe más inversión estatal en escuelas y otras infraestructuras que otras regiones de Marruecos. Tanto Dajla como El Aaiún son modelos de desarrollo urbano sostenible. Los saharauis encarcelados por el Frente Polisario, una reliquia de la Guerra Fría que Argelia sigue alimentando, huyen de Tinduf a la menor oportunidad, hasta el punto de que el Polisario retiene a familiares como rehenes para impedir la huida a Marruecos”, dice Rubin repitiendo la propaganda marroquí sobre un territorio ocupado en contra del derecho internacional y en el que ha practicado una política de expansión de los colonos marroquíes y marginación de los saharauis.
Recuperar "el espíritu de la Marcha Verde"
A partir de esa lectura, Rubin propone trasladar el mismo esquema a Ceuta y Melilla. En su texto plantea que Marruecos podría recuperar el “espíritu de la Marcha Verde” y organizar una movilización civil para reclamar ambas ciudades autónomas. “Ahora que el presidencia del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, ha adoptado el discurso de la descolonización, Mohamed VI debería recuperar el espíritu de la Marcha Verde para culminar la expulsión de los colonos españoles del territorio marroquí. Ceuta y Melilla pueden ser ciudades relativamente pequeñas, pero representan cabezas de playa ilegítimas y albergan a unos 170.000 colonos españoles. Son un punto débil para la seguridad europea, ya que los migrantes africanos se abalanzan regularmente contra la valla para solicitar asilo”, escribe Rubin.
El analista va más allá y sugiere que Rabat podría enviar excavadoras a la frontera y permitir la entrada de civiles marroquíes desarmados para izar su bandera en ambas ciudades. Según su tesis, ni España ni la OTAN tendrían base jurídica para responder militarmente. Rubin sostiene que los enclaves españoles en el norte de África no estarían cubiertos por el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece la defensa colectiva en caso de ataque contra el territorio de los aliados en Europa o América del Norte. A su juicio, Ceuta, Melilla e incluso Canarias quedarían fuera del ámbito geográfico de esa cláusula, una interpretación discutida por numerosos expertos en seguridad y derecho internacional.
"Los marroquíes deberían reunirse, enviar excavadoras a la frontera y luego entrar en Ceuta y Melilla desarmados para izar la bandera. Sánchez y la prensa española protestan, pero no tienen motivos para actuar. Tampoco lo tendría la OTAN, por cierto, incluso si las fuerzas marroquíes entraran en las ciudades para restablecer el orden y organizar el traslado de los colonos a través del estrecho de Gibraltar de vuelta a España. Ni Ceuta, ni Melilla, ni las Islas Canarias desencadenaría una respuesta de la OTAN”, insiste.
“La OTAN es una alianza de defensa mutua basada en la pertenencia y la geografía. El artículo 5 de su tratado fundacional establece: 'Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o varias de ellas en Europa o América del Norte se considerará un ataque contra todas ellas…'. El artículo 6 es explícito: 'A los efectos del artículo 5, se considerará que un ataque armado contra una o varias de las Partes incluye un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en Europa o América del Norte… o contra las islas bajo la jurisdicción de cualquiera de las Partes en la zona del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer'. Ni Ceuta, ni Melilla, ni las Islas Canarias darían lugar a una respuesta de la OTAN, del mismo modo que la OTAN no tendría por qué responder a un ataque contra Hawái o Puerto Rico”, agrega.
“Sánchez debería hacer lo correcto: cumplir con su retórica anticolonial y poner fin a la ocupación española en África. Mientras tanto, las autoridades de Cádiz deberían comenzar los preparativos para acoger a los colonos españoles desplazados, independientemente de que Madrid lo acepte o no”, concluye el texto.
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