Cuando Curro Vázquez atravesó el pasado domingo la Puerta del Príncipe para subir al tendido 3 de La Maestranza, se paró a charlar con el chavalillo que entregaba los programas de mano. Una conversación atenta de ambos, ajenos al barullo. Imagínense los ojos saltones y fijos del muchacho dirigidos hacia el ídolo, mientras sus brazos no cesaban mecánicamente en el reparto.
Ni él, ni yo, ni nadie sabíamos que a La Maestranza entraba el nuevo Premio Nacional de Tauromaquia, mientras otras decenas de aspirantes a la fama posaban en el ritual previo a la siempre distinguida corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla.
El fallo del jurado del premio, reunido ni más ni menos que en el Palacio de la Magdalena de Santander, distingue a Curro Vázquez por su "compromiso" y como "referente" de la tauromaquia, pero baja al detalle del pasado 12 de octubre. "Actuó como puente entre generaciones, acercando a los públicos más jóvenes una concepción profunda, clásica y perdurable del toreo", ha quedado escrito de aquella mañana inolvidable en la que Curro Vázquez cortó las dos orejas a un novillo de Garcigrande para ronquera del personal que lo gozó.
Nadie con 74 años había hecho cosa igual, en memoria y homenaje a su amigo Antoñete. Quien se inventó todo el tinglado de monumento, festival por la mañana y corrida por la tarde en la misma jornada fue Morante de la Puebla, a quien Curro fue a ver el domingo pasado cuando se paró a hablar con el chavalito de los programas de mano con total naturalidad.
"Creo que todavía me queda por seguir aportando, pero de momento, una vez que me lo han comunicado por teléfono, me he parado a tomar un tinto para celebrarlo en memoria de mi padre, que fue quien me inculcó la afición", declaró el premiado este miércoles a la Agencia Efe. Tres días antes, el Domingo de Resurrección del muchacho de los programas de mano de la Real Maestranza, y tomándose otro vino -blanco, bien refrescadito- Curro Vázquez contaba el proceso de autoconvencimiento, doméstico y profesional, para volver a hacer el paseíllo con esas edades en su plaza de Las Ventas.
Cuando Morante le llamó por primera vez, se trataba de hacerle saber a Curro Vázquez el breve listado de toreros de cierta edad que habían denegado la invitación. Torear en Las Ventas aunque sea un festival no es cualquier cosa. La llamada terminó con puntos suspensivos, y Curro no paró de darle vueltas toda la noche de insomnio.
A la vez, los medios empezaban a vislumbrar la posibilidad del regreso de Curro Vázquez a su plaza donde no había parado de torear -con luces y sombras- en los 70, en los 80 y en los 90. Cuando se publican cosillas, la familia pregunta, y Curro que "ni caso". Pero el veneno estaba inoculado y no pasaron muchos días hasta el sí, quiero.
"¡Ole, ole y oleeeee!", cuenta Curro que gritaba Morante cuando agarró el móvil para confirmar presencia al todopoderoso organizador de la macrojornada del 12 de octubre
"¡Ole, ole y oleeeee!", cuenta Curro que gritaba Morante cuando agarró el móvil para confirmar presencia al todopoderoso organizador de la macrojornada del 12 de octubre. Morante se había salido con la suya, Curro se puso desde entonces a caminar y caminar, a entrenar y entrenar, y en casa le sugerían que, ya puestos, en vez de uno toreara dos novillos "por si el primero sale malo". Andaaa.
No salió malo, lo que pasa es que lo de Garcigrande con el capote no se deja fácilmente, de ahí la morriña por no haber pegado cuatro verónicas. Pero la faena fue ojiplática. Acierta el jurado -con muchos partidarios de Curro, a mucha honra- al argumentar con la "concepción clásica del toreo", que incluye ya de por sí lo de "profunda" y "perdurable", obvio.
En el tendido del 3, el domingo, Curro habló lógicamente poco, y el que estaba al lado menos. Pero sí que se conmovió cuando el toro se frenó en seco ante el capote y allí se quedó Morante, enfrentado de verdad: "No sabes lo mal que se pasa ahí de salida". Después, cuando arrancó faena sacándose al toro a los medios con desdén, no había más que decir. Ni a Morante, ni a Curro Vázquez.
No les quiero cansar, pero es que dio mucho de sí tan señalado domingo en Sevilla. Por la mañana, en el teatro de La Maestranza, con un pregón como nunca antes se había escenificado, Rubén Amón arrancó ese ejercicio de deslumbramiento dedicándoselo a nuestro premiado Curro Vázquez, al "maestro", dijo, como luego a lo largo de la jornada le llamaron todos y cada uno de cuantos se dirigieron a él con enorme respeto. En el teatro al mediodía, al salir mientras llegaba el cochecito VTC bajo 30 grados de justicia -"llega en 7 minutos, llega en 3; no, pone que llega en 4"-, en el Victoria 8 de Pagés del Corro, tanto dentro saboreando el boquerón abierto perfecto como después en su terraza trianera con un pelín más de calor si cabe para que alguno fumara; y qué decir en el terraceo del Paseo de Colón con un cafelito.
Curro atendía a todo el mundo, con su naturalidad; bien dirigido, sorteó a los fotógrafos, atravesó la Puerta del Príncipe y sólo se paró un buen rato con el chavalillo del programa de mano.
Y nadie sabía que estábamos con el nuevo Premio Nacional de Tauromaquia.
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