Poeta sin luna en el día de su asesinato. No te arrastraste por el gris nocturno de una noche aciaga. Noche fría, de paisaje desolado.
Viniendo a ver a Juan Diego Botto en Una noche sin luna veo a Federico, veo a García Lorca, veo Fuente Vaqueros, veo Granada y la Alhambra, veo el paisaje que habla, lo veo, a Federico, tocando el piano, leyendo, paseando, y escuchando a Juan Diego Botto lo veo con sus amigos Dalí, Buñuel, Alberti,… en la Residencia de Estudiantes, lo veo con Juan Ramón pidiéndole consejo, lo veo con Falla, admirándolo, y también lo veo pintando, veo a todos los que se reunieron en torno a Góngora, lo veo con Maruja Mallo, con María Zambrano, con Concha Méndez, mujeres con apellidos y sin sombrero, mujeres de Federico en el escenario, Yerma, doña Rosita, Bernarda,…
Y, de repente, escucho una voz, una voz potente e inigualable cantando por Lorca, totalmente Enlorquecido, a capela, de viva voz, y los pelos se te ponen erizados envolviendo el silencio que se hace en el patio de butacas, vencidos a la voluntad de su desgarro.
Y Juan Diego Botto sigue y lo veo recitando el Romancero gitano, lo veo Poeta en Nueva York, en Cuba, en Buenos Aires, … lo veo con Lola Membrives y con Margarita, la Xirgu, con la Barraca, y con Rafael Rodríguez Rapún, esquivando lo terrible, pero sabiendo que no están equivocados.
También están, aunque no los nombre, la Argentinita, la paloma de la paz y su traje blanco, y sus bolsillos de arena, y sus botas de arena, y su fosa común que es transparente, y avanza y construye el barco de Teseo, que es el mismo siendo distinto, y lo veo triste y vilmente fusilado, porque lo veo en sus obras y poemas, siempre resucitado, en sus dibujos y en esta puesta en escena excepcional, abriendo zanjas desconocidas, equiparando el aquel entonces con la situación de ahora, la regresión, no parece que hayan pasado noventa años.
Que no se nos pierda la memoria, sigamos removiendo la tierra, hay que encontrar el hoyo del pozo sombrío, aunque la luminosidad de Federico García Lorca ha salido ya hace tiempo de los sudarios y mortajas.
Está en el aire y el colectivo del viento, estallando constantemente en sus obras de teatro y sus poemas.
Una noche sin luna, donde la palabra de Federico se hace humana, como él pedía y, sensiblemente dirigida por Sergio Pérez-Mencheta, al igual que su Comedia sin título quedó inacabada, toda su obra, su personalidad, la injusticia de su muerte, sale de la tristeza, de lo irremisible ya, y se convierte en Noches del amor oscuro que todos recitan y se saben, y es un espejo, un balcón abierto, y grita y se retuerce y está vivo.
Fueron conducidos en una noche sin luna, y con las luces del alba aún sin encender, las ventanas apagadas y el rocío llorando. Federico, fuiste hermoso, fuiste árbol. Te odiaron los que están podridos de negras insidias de desencanto.
Revives, ahora, en Juan Diego Botto, en tus personajes, en tus versos, en los brazos de las sombras que dejaste a tu paso. Avanzas cada noche, cuando los espectadores descubren tus puñales de plata ensangrentados.
Eres lo que nos has dejado. Federico. Tu palabra escrita, tus sueños truncados, tu voz perenne, tu legado somos todos los que te estamos añorando.
Una noche sin luna es una obra dirigida por Sergio Peris-Mencheta con texto de Juan Diego Botto y música original de Alejandro Pelayo. Es una coproducción de La Rota Producciones, Barco Pirata Producciones y Concha Busto Producción y Distribución. Se puede ver hasta el 31 de mayo en el Teatro Español.
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