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El calvario de Aguado desde los tres avisos al sobrero mastodonte de 715 kilos

Pablo Aguado torea a la verónica en Las Ventas.
Pablo Aguado torea a la verónica en Las Ventas. | EFE

Pablo Aguado -Aguado sin más en los carteles- está pasando un calvario este San Isidro. Y como todavía le queda una corrida el próximo viernes 5 de junio, aún hay opción de que le ilumine el buen bajío.

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En la primera de sus actuaciones en la feria, escuchó los tres avisos y el toro de El Puerto de San Lorenzo tuvo que ser apuntillado a la vera de un burladero cuando había recibido incontables golpes de verduguillo ineficaces; la manera en que Aguado se rindió al cumplirse el tiempo reglamentario daba la impresión de que más o menos asumía el desastre sin mayores arrepentimientos. "Le he descabellado donde descabello todos los toros, pero sonaba hueso y no entraba la cruceta. Son los accidentes de la vida", aseguró escuetamente en Telemadrid con un cabreo contenido. A veces tantas contenciones confunden: apuntan a la apatía.

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Ayer Aguado salió decidido. Entiéndase: no es que se fuera a portagayola, simplemente que se puso a lancear sin darse coba, con esa manera tan suya de dibujar la verónica, breve, como con un pañuelo, sin mayores artificios de pecho o mentón. De lejanísimos olés en estos koldoviernes isidriles.

Hete aquí que, tras una minirronda de protestas casi imperceptible, el presidente sacó el pañuelo verde. Nunca con tan poco sacaron tanto rédito los líderes ideológicos del 7. Toro al corral.

De esta manera, quedaba plenamente confirmado que iba a ser lidiado el esperado primer sobrero de la tarde, de 715 kilos de peso, negro listón de Garcigrande que respondía por Exiliado. Aguado, al decidir correr turno, lo recibió en el último turno de la espesa tarde.

San Isidro no son sólo llenos y Puertas Grandes. También se pena. Y Aguado lleva dos de dos, aunque le quede una

(En Madrid sigue haciendo muchísimo calor y, en la plaza, a la gente le está dando por darse de bofetadas y patadas. Según testigos visuales, el combate de ayer en la grada del 7 tuvo como púgiles a un espectador irascible -con razón- con los dos espectadores que caminaban por la grada mientras el toro estaba en en el ruedo. Está prohibido, pero mucha gente no lo sabe, como en puridad los vendedores deberían moverse por las escaleras y dispensar solamente entre toro y toro, nunca durante la lidia. No sucede así, la gente se menea sin conocimiento, a veces hasta con tres vasos a ras en las dos manos, el termómetro sobrepasa los 33 y llega lo peor: la patada en la cara. La Policía se llevó al agresor entre protestas del gentío por la contundencia ante el desorden público).

Salió entonces el toraco de 715 kilos, que por su dromedaria presencia tenía todas las papeletas para ser devuelto también. A Aguado le esperaba otra papeleta más: un tercer sobrero, de Torrealta, ganadería muy afín actualmente al torero sevillano, y quizá por esa afinidad quiso exprimir al máximo -pasándose claramente- a otro animal grandote de más de 600 kilos. Muchos toros fuera de tipo en una mismas tarde de campanillas.

San Isidro no son sólo llenos y Puertas Grandes. También se pena. Y Aguado lleva dos de dos, aunque le quede una.

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