Por primera vez desde su creación, el legendario Tapiz de Bayeux, uno de los documentos visuales más importantes de la Edad Media europea, abandona el territorio francés para exhibirse en el British Museum de Londres hasta el 11 de julio de 2027. El traslado de este bordado del siglo XI, fruto de un acuerdo firmado entre el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer, supone la llegada a suelo inglés de la pieza que narra, precisamente, cómo Inglaterra fue conquistada.
El préstamo se produce para aprovechar que el Museo de Bayeux, hogar permanente de la obra, ubicado en Normandía, cierra sus puertas para someterse a una gran renovación arquitectónica. Además, a modo de intercambio diplomático en esta "entente amicale", el British Museum cederá temporalmente a Francia tesoros invaluables de su colección, incluyendo piezas halladas en los yacimientos anglosajones de Sutton Hoo.
La polémica
La tela bordada, de 70 metros de largo y con casi mil años de antigüedad, requiere un cuidado excepcional para su traslado. Por ello, el anuncio ha estado envuelto en polémica. Al igual que con las pinturas de Sijena, pendientes de devolución por el MNAC a Aragón, o el Guernica –cuyo préstamo a Euskadi ha sido rechazado por el Gobierno español–, conservadores y activistas franceses se han opuesto al traslado y han recogido decenas de miles de firmas. Los críticos temen que las vibraciones del viaje puedan deshacer las frágiles fibras de lino y lana de la pieza.
En respuesta, la ministra de Cultura de Francia, Catherine Pégard, confirmó que los ensayos técnicos han sido un éxito y que no hay temor en que el tapiz se dañe en su traslado. La obra viajará en una cápsula anti-vibraciones hecha a medida, comparada por la ministra con "una cuna para un recién nacido". Además, el gobierno británico ha asegurado la pieza por una cifra récord que ronda las 800 millones de libras (unos 924 millones de euros).
Un "cómic" de 1066
Aunque se le conoce como "tapiz", en realidad se trata de un bordado con hilos de lana de diez colores naturales sobre una inmensa tira de lino. En sus 70 metros de longitud y 50 centímetros de ancho, se despliegan 58 escenas que actúan como un gigantesco guión gráfico a imitación de obras como la columna trajana. La obra relata los eventos que condujeron a la Batalla de Hastings (14 de octubre de 1066), la posterior invasión normanda de Inglaterra y la narración de la propia batalla.

La historia comienza con el rey de Inglaterra, Eduardo el Confesor, quien no tiene herederos, envía a su cuñado y noble más poderoso, Harold Godwinson, a Normandía. Durante el viaje por mar, la flota de Harold se desvía de su curso y es capturada pero Guillermo, duque de Normandía, se entera del secuestro de Harold y exige su liberación. Harold se une a Guillermo en una campaña militar en Bretaña y es entonces cuando Harold presta un juramento solemne sobre reliquias sagradas, prometiendo apoyar la reclamación de Guillermo al trono inglés tras la muerte de Eduardo. Harold regresó a Inglaterra y poco después, el 5 de enero de 1066, el rey Eduardo el Confesor muere y rompiendo el juramento hecho a Guillermo, Harold es investido rey de Inglaterra.

Las consecuencias no tardaron en concatenarse. A modo de celestial presagio, en el cielo de Inglaterra aparece una estrella con una cola en llamas (una representación histórica del cometa Halley), lo que los contemporáneos interpretaron como un símbolo de fatalidad para el reino de Harold. No andaban desencaminados. Al enterarse de la traición, un enfurecido Guillermo ordena inmediatamente la construcción de una gran flota de barcos, la recolección de armas y el acopio de provisiones (alimentos, caballos y armaduras) para invadir Inglaterra y derrocar a Harold.

La flota normanda cruza el Canal de la Mancha. Los barcos, repletos de soldados y caballos, desembarcan en la costa sur de Inglaterra, en Pevensey. Acto seguido, las tropas normandas marchan hacia Hastings, saqueando la campiña inglesa para alimentarse y construyendo a su paso fortificaciones de madera.
Es entonces cuando Harold acude al frente de su ejército para presentar batalla en Hastings. El combate comienza con una furiosa carga de la caballería normanda, la cual se estrella contra el muro de escudos de los guerreros anglosajones, mostrado por el tapiz con gran detalle, mientras los arqueros normandos descargan una lluvia de proyectiles. La lucha se vuelve encarnizada y ambos bandos derrochan valor, pero en un momento de confusión, corre el rumor entre las filas normandas de que su líder Guillermo ha sido abatido, cundiendo el desorden. Es en ese momento cuando el tapiz recoge una de sus escenas más icónicas: Guillermo se levanta el casco para mostrar su rostro a sus tropas, gritando que sigue vivo, devolviendo el orden a su ejército.

Finalmente, tras horas de lucha, las defensas anglosajonas se rompen. Los hermanos de Harold mueren empuñando sus espadas y el rey Harold cae en combate al recibir una flecha en el ojo, después de ser derribado del caballo. Con su líder muerto, las tropas inglesas huyen del campo de batalla, dando una victoria decisiva a Guillermo.

No obstante, el tapiz está incompleto. Falta la sección final (se estima que se perdieron uno o dos metros de tela), la cual los historiadores creen que mostraba la coronación triunfal de Guillermo en Londres en la Navidad del año 1066, ganándose el apelativo de "el Conquistador" y entrelazando las dinastías monárquicas de Francia e Inglaterra.
El milagro de su conservación
El origen del tapiz sigue siendo un misterio. Se cree que fue encargado alrededor de la década de 1070 por el obispo Odo (hermanastro de Guillermo) y bordado por mujeres anglosajonas en el sur de Inglaterra (probablemente en Canterbury), famosas en toda Europa por su habilidad con la aguja, conocida como "Opus Anglicanum".

A lo largo de los siglos, el tapiz ha sobrevivido a innumerables peligros. Durante la Revolución Francesa, en 1792, estuvo a punto de ser cortado para usar la tela como cubierta para carros militares, pero fue salvado en el último minuto por un abogado local. Su conservación fue puesta en riesgo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis lo incautaron en 1941 para estudiarlo, trasladándose a París. Afortunadamente, fue recuperado intacto por las fuerzas aliadas tras la liberación del Louvre en 1944.
El regreso a casa
Para el Reino Unido, su exhibición en la Galería Sainsbury del British Museum es uno de los mayores eventos culturales de la década. Los organizadores estiman que atraerá a cerca de un millón de visitantes, superando incluso los récords de la histórica exposición de Tutankamón en los años 70. De hecho, ya conseguir una entrada para la exposición no es fácil para sus visitantes. Como señaló recientemente Lord Peter Ricketts, enviado especial británico para este traslado: "¿Por qué hay tanta fascinación por una batalla que los ingleses perdimos? Porque es el acto central de nuestra historia nacional".
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