La muerte de Presley Gerber a los 27 años en un centro de rehabilitación de Los Ángeles sigue bajo investigación policial. Mientras se esperan los resultados de la autopsia, la principal hipótesis apunta a una sobredosis de sustancias o medicamentos que le habría provocado un fallo cardíaco letal. Ante esto, el entorno familiar sigue pidiendo respeto y privacidad especialmente hacia sus padres, Cindy Crawford y Rande Gerber, a quienes se ha visto acudiendo la casa del joven.
El suceso ha puesto el foco en los métodos a los que el joven recurrió en sus últimos meses contra sus problemas de salud. Destaca el uso de la ibogaína, una potente sustancia psicodélica prohibida en la mayoría de países por su peligrosidad, pero cada vez más buscada.
Qué es la ibogaína y para qué se utiliza
La ibogaína es un compuesto natural que se extrae de la corteza de la raíz de la Tabernanthe iboga, planta que se encuentra en selvas de África central y occidental. Durante siglos, las comunidades locales de países como Gabón o Congo han utilizado esta planta en rituales espirituales para provocar estados alterados de conciencia.
En los últimos años, la medicina y algunos investigadores se han fijado en ella por su capacidad para actuar sobre receptores cerebrales como la dopamina y la serotonina, reajustando de forma muy rápida las conexiones neuronales. Este mecanismo tan particular hace que la ibogaína sea muy buscada por personas con adicciones severas a los opioides, la cocaína o el alcohol, ya que puede reducir drásticamente el síndrome de abstinencia y las ganas de consumir en cuestión de horas.
A ella no solo recurren personas con problemas de adicción. También ha crecido su uso entre veteranos de guerra y exmilitares que buscan aliviar el trastorno de estrés postraumático o lesiones cerebrales. Se le suman deportistas de élite de disciplinas de contacto, como boxeadores o luchadores de la MMA, y gente con depresión resistente.
Los riesgos de consumirla: arritmias, paros cardíacos y el "turismo médico" que implica
Tomar esta sustancia no es un proceso sencillo. Quienes se someten al tratamiento suelen pasar primero por una fase "visual" de entre cuatro y ocho horas con alucinaciones muy intensas, parecidas a un sueño despierto. Después entran en una segunda etapa de profunda introspección que puede durar días.
El verdadero problema es que su consumo lleva un riesgo físico muy grave, ya que la ibogaína afecta directamente al músculo cardíaco al alterar su ritmo eléctrico y prolongar el intervalo QT. Esta toxicidad para el corazón es la gran alarma médica. Puede provocar arritmias graves y paros cardíacos repentinos, incluso si se trata de una persona joven y sin problemas de salud previos.
Por estos riesgos y por la falta de seguridad clínica, la ibogaína está prohibida en Estados Unidos y en prácticamente toda Europa. Esta prohibición ha alimentado un próspero negocio de "turismo médico" en países con vacíos legales como México. Allí, algunas clínicas privadas cobran entre 11.000 y 17.000 euros por sesiones experimentales que no siempre cuentan con la supervisión médica necesaria ante una urgencia.
El tratamiento prohibido en Estados Unidos que Presley fue a probar a México: "Estaba aterrado. Algo más grande guiaba el proceso"
Presley Gerber viajó el pasado mes de marzo a Cancún (México) para probar esta terapia en un centro privado y gestionar así sus recaídas. El propio modelo subió a su perfil de Instagram un vídeo grabado justo antes de recibir una "dosis masiva de saturación", tal y como él expresó. En las imágenes se le veía en un jardín junto a una auxiliar haciendo un ritual de preparación antes de tomar la sustancia.
En el texto que acompañaba al vídeo, Gerber contó con total sinceridad el miedo con el que afrontaba la experiencia. Reconoció que estaba "absolutamente aterrado" y que sabía que volvería a sentir ese pánico si tenía que verse de nuevo en una situación parecida. Admitió que "soltar el control no fue nada fácil", aunque intentó confiar: "había algo más grande que yo guiando el proceso".
Su único objetivo era dejar el problema atrás: "Me enfrenté a aquello de lo que había estado huyendo y, en algún momento de todo eso, empecé a encontrar el camino de vuelta a mí mismo. Rezo para que sea la última vez que tenga que volver".
En esa misma publicación, su madre, Cindy Crawford, le comentó, llamándole "guerrero" por su voluntad de encontrar soluciones. Su hermana Kaia, en la misma línea, le mostró su orgullo públicamente.
La lucha contra la depresión y problemas de salud del hijo de Cindy Crawford
Aquel viaje a México no fue un hecho aislado, sino un reflejo más de la batalla que tenía desde hacía años contra la depresión profunda y los ataques de pánico. Crecer bajo el constante foco de la prensa por la popularidad de su familia le supuso una presión añadida que él mismo reconoció. Sus problemas de salud mental ya habían saltado a los titulares en el pasado tras incidentes como su arresto a los 19 años por conducir ebrio o la decisión de tatuarse en la cara la palabra "incomprendido" en 2020, una marca que más tarde decidió eliminarse con láser.
Con el paso del tiempo, Presley intentó canalizar su proceso a través de la terapia, o el deporte. Hablaba abiertamente del tema en varios pódcasts con la intención de ayudar a otros jóvenes atrapados en situaciones similares.
Su familia siempre optó por abordar la adicción sin tabúes. Su hermana Kaia explicaba recientemente en una entrevista que esconder un problema así solo genera vergüenza en quien lo padece y que la adicción acaba afectando a todo el entorno familiar. Ese respaldo incondicional fue el que acompañó al modelo hasta sus últimos días en el centro de rehabilitación, mientras se aguardan los resultados oficiales que expliquen qué causó ese trágico fallecimiento.
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