¿Cuántas salidas llevas este año con el móvil dando botes en el bolsillo o apretado en un brazalete que suda más que tú? Se aguanta porque es la única manera de saber cuántos kilómetros has hecho y a qué ritmo, pero a partir del tercer kilómetro ya solo piensas en que no se caiga. El Garmin Forerunner 265 está pensado para cortar esa dependencia: lleva el GPS dentro, así que el teléfono se puede quedar en casa.
Durante mucho tiempo, un Forerunner de esta serie era de esos relojes que mirabas en la tienda y dejabas para cuando corrieras más. Ahora se queda por debajo de los 250 euros en AliExpress, bastante lejos de lo que suele pedirse por él. A ese precio empieza a tener sentido para quien sale tres veces por semana y quiere datos fiables sin cargar con nada en las manos.
El GPS va en la muñeca, no en el bolsillo

El reloj busca por su cuenta la señal de los satélites. Sales del portal, esperas unos segundos con el brazo quieto y la engancha rápido, algo que se agradece con el fresco de estas mañanas. Como escucha a varias redes de satélites a la vez, el trazado que ves luego en casa se parece más al camino que hiciste de verdad. Desde ahí cuenta kilómetros, tiempo y ritmo (eso de ir a 6:00 o a 5:30, que no es otra cosa que los minutos que tardas en cada kilómetro).
Al terminar, el reloj le pasa la salida al móvil por Bluetooth y queda guardada con su recorrido. El teléfono entra en juego después, en el sofá, y no durante la carrera.
La pantalla es AMOLED, la misma tecnología de colores intensos que llevan muchos móviles, y es táctil. Con 1,3 pulgadas tiene tamaño suficiente para leer el ritmo de un vistazo a mitad de zancada, sin tener que frenar.
Las pulsaciones, sin cinta en el pecho
El pulsómetro, un sensor óptico que Garmin llama Elevate, va en la parte de atrás del reloj, pegado a la piel. No te hace falta la cinta de pecho de toda la vida para saber cómo de fuerte vas. Para quien corre por su cuenta es la forma más sencilla de no pasarse: si en una cuesta las pulsaciones se disparan, aflojas y llegas entero al final.
Fuera del entreno sigue a lo suyo: mide cómo duermes, cuenta los pasos y registra el resto de actividad del día. Con eso entiendes por qué el martes las piernas no iban después de dormir cinco horas.
Tus primeras salidas con las manos libres
Si es tu primer reloj de este tipo, la tentación es mirarlo cada cien metros. Mejor empezar con un plan sencillo:
- Antes de arrancar, espera en la puerta a que el reloj confirme la señal.
- Elige una sola cifra para mirar durante la salida: el ritmo si preparas una carrera, las pulsaciones si estás volviendo a correr.
- Deja el análisis para casa: el recorrido y los tiempos de cada kilómetro te esperan en el móvil.
Eso sí, si solo sales a caminar media hora, te sobra reloj.
Merece la pena si corres con constancia y ya le has echado el ojo a tu primera carrera de 10 kilómetros: llegas a ella sabiendo qué ritmo aguantas y a cuántas pulsaciones, y eso se nota en el último kilómetro.
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