El jersey que acaba en la bolsa de donar en marzo casi nunca está gastado. Está feo, que no es lo mismo. Tiene bolitas en los costados, en los codos y justo donde roza el asa del bolso, y con eso basta para que parezca de hace diez años. Antes de darlo por perdido, dale una pasada con un quitapelusas de Philips.
Es un aparato pequeño que pasas por encima de la tela como si la afeitaras. Las bolitas se quedan dentro de un depósito y el punto vuelve a verse liso. Un jersey entero se arregla en cinco minutos de sofá, con la tele puesta.
Por qué salen las bolitas (y por qué no es culpa tuya)

Las bolitas nacen del roce. Cada vez que el brazo frota el costado o la mochila aprieta la espalda, alguna fibra se suelta. Se enreda con la de al lado y forma una pelotita que se queda agarrada al tejido. Por eso salen siempre en los mismos sitios: axilas, puños y esa zona de la cadera donde apoyas el portátil.
Que tu jersey tenga bolitas no quiere decir que sea malo. Quiere decir que lo has usado mucho, y eso es justo lo que se espera de un jersey en invierno.
Lo que hace este Philips con ellas
La cuchilla gira muy rápido, unas 8.800 vueltas por minuto según la marca, y corta la bolita a ras de la tela. El cabezal es grande, así que cubres una manga en pocas pasadas. La rejilla tiene agujeros de tres tamaños, que atrapan tanto la pelusilla menuda como las bolas gordas que salen en las chaquetas de punto.
Trae una tapa que separa un poco la cuchilla de la tela. Con ella puesta puedes pasarlo por un jersey fino o una bufanda delicada sin miedo a llevarte el tejido. El depósito se quita y se vacía en la papelera, y en la caja viene un cepillito para limpiar la cuchilla y las dos pilas, así que lo estrenas nada más abrirla. Funciona con pilas AA: si piensas repasar todas las mantas de casa, ten un par de recambio a mano.
Y no llega a los 13 euros, bastante menos de lo que cuesta reponer un solo jersey.
Cinco minutos sobre la mesa
Extiende el jersey sobre una superficie plana y alísalo con la mano. Pasa el quitapelusas en círculos pequeños y sin apretar, que la cuchilla hace el trabajo sola. Empieza por los costados y las mangas, que es donde se concentra el desastre. Deja las prendas finas para el final, con la tapa puesta.
Cuando el depósito se llene, lo vacías y sigues. La verdad es que engancha un poco: ver salir la pelusa y la tela quedar lisa da una satisfacción tonta. No te quedes en el armario (y sí, también vale para el sofá). La manta del salón, el abrigo de paño y el forro polar de los niños agradecen la misma pasada.
Merece la pena tenerlo en un cajón aunque solo lo saques una vez al año, en octubre, cuando abres el armario y ves lo que el invierno pasado dejó en los codos. Ese jersey gris que ibas a llevar al contenedor de ropa puede aguantar otra temporada entera.
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