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Cinco horas, tres escenarios y una sola noche: por qué la sexta temporada de WAH es el plan que deberías reservar este otoño

Hay una pregunta que casi nadie se hace al organizar una noche en Madrid: ¿cuánto cuesta realmente salir? Sumemos. Una cena en un local con cierta ambición gastronómica ronda los 35 o 40 euros por persona. Una entrada de teatro musical decente, otros 40 o 50. Una copa después, con la consumición y la entrada de un club, entre 20 y 25. En total, tres desplazamientos, tres reservas distintas, dos taxis y una noche que se resuelve por encima de los cien euros y con la sensación de haber corrido más que disfrutado.

La sexta temporada de WAH Show, que arranca este mes de septiembre en el Espacio WAH de IFEMA Madrid, se lee mucho mejor desde esa calculadora. Las entradas parten de 41 euros para una experiencia de más de cinco horas que integra gastronomía internacional, música en directo y una producción escénica de gran formato en un mismo recinto, sin cambiar de sitio ni de plan. Son alrededor de ocho euros por hora de entretenimiento. Pocas propuestas de ocio en Europa aguantan esa comparación.

El ocio ya no se consume: se habita

Lo interesante de WAH no es solo lo que ofrece, sino lo que revela sobre nosotros. Llevamos años acumulando pantallas y, con ellas, una forma de entretenimiento sedentaria, fragmentada y solitaria. Vemos series a medias mientras mirábamos el móvil. Escuchamos música como fondo mientras trabajamos. El resultado es una saturación de estímulos que no deja recuerdo: cuesta señalar qué vimos hace tres jueves.

Ahí está la primera aproximación novedosa a este fenómeno. WAH no compite con el teatro ni con la restauración: compite con el sofá. Y lo hace con un argumento difícil de replicar en casa: durante cinco horas no hay pausa, no hay segunda pantalla y no hay posibilidad de ser espectador pasivo. El público entra en una ficción —un futuro distópico donde el ejército de la Nación Omega ha prohibido la música y WAH es el último reducto clandestino donde todavía suena— y se convierte, literalmente, en miembro de la resistencia. Es una metáfora más afilada de lo que parece: un espectáculo que exige presencia en un momento histórico en el que la atención es el bien más escaso.

Tres actos pensados como una curva emocional

La arquitectura de la experiencia funciona como una dramaturgia de la noche completa, no como la suma de tres servicios.

El primer acto ocurre en el Food Hall, un espacio inspirado en los grandes destinos gastronómicos del mundo donde la cocina internacional convive con actuaciones en directo. Es el calentamiento: la conversación fluye, el grupo se suelta, nadie mira el reloj.

El segundo acto se traslada al Teatro WAH, donde más de 40 artistas reinterpretan algunos de los grandes himnos de la historia de la música con una puesta en escena de primer nivel. Aquí la producción muestra músculo: escenografía, tecnología y un elenco de dimensiones poco habituales en la cartelera española.

El tercer acto, La Catedral, es el que muchos no esperan y casi todos recuerdan. Funciona como cierre celebratorio, con la música prolongándose en un ambiente propio. Es el punto en el que la experiencia deja de ser un espectáculo al que se asiste y pasa a ser una noche a la que perteneces.

Esa progresión —comer, asombrarse, celebrar— explica un detalle revelador: WAH ha superado las 1.200 funciones y ha reunido a más de 550.000 espectadores. No se sostiene ese volumen solo con turistas de paso; se sostiene con repetidores y con recomendación boca a boca.

El aval que no compra el marketing

Otra óptica poco explorada: WAH se ha convertido en un caso de soft power cultural español. El reconocimiento Travellers' Choice de Tripadvisor sitúa la experiencia entre el 10 % de las mejores del mundo, y ese sello no lo otorga un jurado ni una campaña, sino las opiniones reales de viajeros de todo el planeta.

Merece la pena detenerse en lo que eso significa para Madrid. Durante décadas, la capital vendió museos, gastronomía y vida en la calle. WAH añade una categoría nueva: la del turismo experiencial de gran formato, ese que en otras ciudades obliga a comprar la entrada con meses de antelación y que aquí es un proyecto concebido, creado y producido íntegramente en España, firmado por la productora internacional Music Has No Limits, con giras previas en templos como el Lincoln Center de Nueva York, el Bayfront Park de Miami o el Palazzo Pisani Moretta de Venecia.

Dicho de otro modo: los madrileños tienen a media hora de casa algo por lo que otros vuelan a Madrid. Y esa es, probablemente, la razón más honesta para ir.

Para quién es exactamente

  • Para el que tiene que impresionar a alguien. Cumpleaños, aniversario, despedida, visita de unos amigos de fuera. El acierto está prácticamente garantizado porque no hay que elegir entre cena, show y fiesta.
  • Para grupos y empresas. WAH ofrece paquetes personalizados para grupos y celebraciones especiales, así como eventos corporativos privados, con un equipo especializado en eventos. Como formato de incentivo o cena de empresa, resuelve el eterno problema de la velada corporativa que se apaga a los postres.
  • Para el que ya fue. La sexta temporada está pensada tanto para quien lo descubre como para quien repite. El relato y la escenografía evolucionan; la memoria musical compartida, también.
  • Para quien tiene un plan de sábado y poco tiempo. La sesión matinal de los sábados a las 13:30 libera la noche entera. Es el hallazgo logístico menos comentado del formato.

Cómo unirse a la resistencia

La sexta temporada se representa de jueves a sábado con inicio a las 19:30, con la citada matinal de los sábados a las 13:30, y una duración aproximada de cinco horas repartidas en los tres actos. Las entradas arrancan en 41 euros, con opciones VIP desde 91 euros para quien busque una experiencia más exclusiva.

Se reservan en www.wahshow.com o llamando al +34 910 736 201 (de lunes a viernes de 9:00 a 22:00; sábados, domingos y festivos de 9:00 a 21:00). La ubicación es IFEMA Madrid, avenida del Partenón 5, Espacio WAH: metro Feria de Madrid, acceso directo desde la M-11 y aparcamiento amplio, un detalle nada menor para un plan nocturno en grupo.

Los jueves, viernes y sábados de este otoño ya están escritos en algún sitio. La cuestión es si dentro de tres meses vas a recordar alguno de ellos. Elige una fecha, avisa a los tuyos y reserva ahora: las temporadas anteriores agotaron sus mejores pases con semanas de antelación, y las funciones de puente y víspera son siempre las primeras en caer. La música, al menos aquí, sigue permitida. Save the music.

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