Tras aguantar temperaturas de hasta -42º, el ‘WindSled’, un trineo de viento, cerró con éxito un viaje de 52 días y 2.538 kilómetros a la Antártida, o lo que es lo mismo: completó la primera expedición al continente helado a bordo de un vehículo polar que genera cero emisiones. Se trata de un producto pionero, un trineo modular del tamaño de un camión que cuenta con tiendas y paneles solares, y se desplaza por el hielo utilizando varios juegos de cometas de hasta 150 metros cuadrados de superficie y capaces de alcanzar los 200 metros de altura. Así puede aprovechar los vientos en función de su intensidad y dirección.

Su creador, el español Ramón Larramendi, ha sido también el jefe de la expedición científica Antártida Inexplorada 2018-2019: “Es la primera vez que ascendemos al Domo Fuji -una meseta de 3.810 metros- en un vehículo eólico; hasta ahora siempre se había llegado con vehículos motorizados. Así que también es la primera vez que recorremos más de 2.400 km con más de 2.000 kilos de carga a bordo de un vehículo que no contamina el continente antártico”, comentó nada más terminar el viaje.

El trineo fue modificado –ya había participado en expediciones de menor calado- para transportar mucho más peso que en los viajes de exploración anteriores, y aguantó el trayecto sin ningún desperfecto. “Aunque ya teníamos muchas esperanzas en él, nos ha sorprendido. Realmente estaba impecable como para volver a cruzar la Antártida ya mismo si fuese necesario”, comentó Larramendi, que ha estado acompañado por los también españoles Ignacio Oficialdegui, Hilo Moreno y Manuel Olivera.

Su estado de satisfacción era total pese a las penalidades que han habían sufrido en los 52 días de travesía, con momentos de extrema delicadeza: “Nos quedábamos sin oxígeno absolutamente, pero se demostró que es posible ascender cuesta arriba con el trineo. Ha sido duro pero consideramos esta travesía un gran éxito geográfico, técnico y científico, porque hemos demostrado que es posible recorrer miles de kilómetros, con 2.000 kilos de carga, sin contaminar y haciendo ciencia puntera, en un territorio complejo e inaccesible como es la Antártida. Y ese era nuestro objetivo. El trineo de viento ha soportado sin sufrir ningún daño y ha demostrado que se puede hacer una travesía de ida y vuelta únicamente impulsados por una energía limpia como es la eólica”, añade.

Con este desenlace, el equipo liderado por Larramendi se convierte en el primero en la historia capaz de desplazarse con todas las garantías por la Antártida sin contaminar, además de ofrecer costes inferiores a los de las misiones científicas tradicionales. “Desenvolverse por el interior de la Antártida de un modo limpio es una obligación. El mismo Tratado Antártico establece que hay que minimizar el impacto y hay protocolos medioambientales extremos comparados con cualquier otro lugar. Dentro de este entorno, que es el último lugar virgen que hay en la Tierra, este es el primer sistema cero emisiones que existe. Con el trineo no tienes una infraestructura -agrega-, no tienes un mantenimiento que pagar y tienes accesible millones de kilómetros cuadrados. Conceptualmente, es algo totalmente diferente y nuevo y con un enorme potencial”, añade.

Nuevos retos científicos

La expedición tiene varios objetivos entre ellos determinar las posiciones más australes jamás calculadas con el sistema europeo de navegación por satélite Galileo, así como diez experimentos científicos de distintos centros de investigación, que estudian desde el cambio climático hasta la meteorología y la astrobiología. Los cuatro tripulantes a los mandos del trineo partieron de la base rusa de Novolázarevskaya el pasado 12 de diciembre y 52 después ya estaban de vuelta.

El sistema WindSled.

El sistema WindSled. ESA

Uno de sus retos más importantes es vigilar la ionosfera a latitudes elevadas durante periodos de actividad solar baja. Una vez recibidos los datos de la expedición, se podrán evaluar las capacidades de posicionamiento, navegación y determinación de la hora de Galileo a latitudes polares y cómo se ven afectadas por la meteorología, especialmente durante periodos de baja actividad solar. En concreto, se analizará si la presencia de agujeros coronales se correlaciona con interferencias ionosféricas observadas. Los agujeros coronales son áreas abiertas en la capa exterior del Sol, la corona, que permiten que el viento solar abandone el Sol y llegue a la Tierra, desencadenando tormentas geomagnéticas moderadas.