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Combustible de aguas fecales

Un vehículo, con el motor modificado, se mueve gracias al empleo del biometano en lugar de gasolina.

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Combustible de aguas fecales
El vehículo alimentado con heces ya ha recorrido varios kilómetros por Andalucía.

El vehículo alimentado con heces ya ha recorrido varios kilómetros por Andalucía. Aqualia

Resumen:

Puede parecer el argumento de una de las chirigotas locales, por lo peculiar, pero es un proyecto científico de primer orden. El Ayuntamiento de Chiclana (Cádiz) se ha ofrecido como banco de pruebas del proyecto Aqualia, realizado en colaboración con investigadores de Reino Unido, Alemania, Austria y Países Bajos. El proyecto consiste en modificar un coche, de marca Volkswagen, para que el motor no se nutra de gasolina sino de las aguas fecales de la localidad gaditana. Este vehículo alimentado con heces se llama All-Gas, y hace escasos días recorrió varios kilómetros por Andalucía para demostrar que funciona como cualquier otro vehículo. Y lo más importante, que contamina mucho menos. Todo es posible gracias al biometano.

El biometano es un gas metano de origen biológico. También el menos popular de los biocombustibles, el más limpio y el de menor impacto ecológico. La producción y combustión cumplen con todas las exigencias de una fuente de energía ecológica y contribuyen al cumplimiento de los objetivos 2020 de la Unión Europea. Además, tiene potencial como solución a múltiples problemáticas sociales, desde la gestión de residuos urbanos y agrícolas hasta la purificación del agua y la mejora de la calidad del aire.

El biogás puede obtenerse a partir de una gran variedad de sustratos biológicos,

El biogás puede obtenerse a partir de una gran variedad de sustratos biológicos, como residuos agrícolas (cultivos, estiércol, paja…), lodos en aguas residuales, desechos orgánicos domésticos e industriales, cultivos energéticos… El proceso de producción es el resultado de una digestión anaerobia en ausencia de oxígeno de ciertas bacterias sobre estos sustratos. A partir de este proceso surge un primer biogás no tratado que cuya composición consiste entre 50% y 75% de metano; entre 25% y 50% de dióxido de carbono; y pequeñas partidas de vapor de agua, nitrógeno, oxígeno, y ácido sulfhídrico.

A este gas primario generado se le puede extraer el vapor de agua, el ácido sulfhídrico o algún otro componente. El uso más habitual es para producir calor y electricidad. Para usarlo en la red de gas natural o como combustible para vehículos es preciso un proceso de depuración: eliminar el dióxido de carbono, de manera que aumente el porcentaje de gas metano. Entonces, el biogás se convierte en biometano. Su poder energético es muy parecido al del gas natural, por lo que puede emplearse con los mismos fines, como su inyección en las redes de gas y uso como gas natural en distintas proporciones o usarse como combustibles para vehículos.

Otra de las grandes noticias para los expertos es que su producción es más sostenible, ya que se emplean gran variedad de materias primas, con lo que sus características medioambientales son también variadas pero en general mejores que con el uso de fuentes de combustibles fósiles. Cuando se utilizan digestatos, como fertilizantes orgánicos y mejoras del suelo, se ahorra en el coste de la producción de fertilizantes minerales y se evita las emisiones asociadas a su producción. Con el empleo de digestatos en vez de fertilizantes minerales, se estima que podrían reducirse hasta 13 kg de CO2 en equivalentes por tonelada.

Desde el punto de vista comercial, puede emplear infraestructuras existentes para el gas natural. En su producción se generan empleos verdes en zonas agrícolas y es un combustible energéticamente eficiente. Hay 15 países europeos que producen y usan el gas biometano, con unas 200 plantas depuradoras en toda Europa. En Europa se calcula una producción actual en biogás equivalente a 14 billones de m3 de gas natural y en Suecia, su uso como combustible ha superado ya al gas natural comprimido.