Un avance del 9% es el balance que el Brexit ha dejado en el Ftse 100, el principal índice de la bolsa británica. Se sitúa así a poco más de un 2,5% de sus máximos históricos, registrados en abril de 2015. Y las bolsas mundiales han elevado su valor total desde el referéndum en más de dos billones, hasta los 66 billones de dólares. Estas cifras parecen sugerir que los temores a un descarrilamiento de las finanzas internacionales si Reino Unido votaba a favor de su salida de la Unión Europea, eran a todas luces exageradas. Y es que, transcurridos tres meses desde que el pueblo británico sorprendió al mundo entero con un voto mayoritario a favor del Brexit, los indicios de la hecatombe que muchos expertos vaticinaban brillan por su ausencia.

Y no sólo en la bolsa; los datos macroeconómicos, tanto en Reino Unido como en Europa, han mostrado una robustez inesperada, lo que ha permitido a sus respectivos bancos centrales posponer este mes la puesta en marcha de unos nuevos estímulos que apenas unas semanas antes parecían imprescindibles. Como observan en Citi, resulta «tentador argumentar que las preocupaciones eran excesivas».

Es cierto que el referéndum ha tenido sus consecuencias, la más evidente de las cuales se refleja en la evolución de la libra. La divisa británica ha sufrido una devaluación superior al 12% frente al dólar, alcanzando sus niveles más bajos en más de dos décadas. Pero ni siquiera este hecho se ha traducido en un fuerte repunte de la inflación, tan anunciado como temido. «La visión general exageró los riesgos de corto plazo», reconocen los analistas de Citi. Pero eso no significa que la amenaza haya quedado desactivada.

Así lo señala el economista del banco suizo Julius Baer David A. Meier: «Sería ingenuo descuidar las consecuencias a largo plazo de la separación de Reino Unido de la Unión Europea». Por eso, el experto sostiene que los peligros simplemente han quedado pospuestos y no prevenidos. Una vez más, los bancos centrales aparecen como la pieza central que ha permitido bloquear el golpe: con sus actuaciones y, en mayor medida, con sus promesas, las autoridades monetarias mundiales han insuflado tranquilidad en los mercados, garantizando su disposición a redoblar sus estímulos para contener las tensiones.

La debilidad de la libra ha favorecido la inversión extranjera en Reino Unido

La propia debilidad de la libra ha sido un factor de apoyo para la economía británica, según Meier, ya que, en su opinión, los datos positivos que se han conocido en las últimas semanas están sostenidos en gran medida por la inversión exterior, ya que en términos relativos ahora resulta mucho más atractivo adquirir bienes en libras. También en la bolsa ha sido fundamental la situación de la libra, ya que el avance del 10,7% que acumula el Ftse 100 en 2016, torna en caídas superiores al 1% si se valora en dólares.

Efectos negativos

Pero como sugiere Aurelio García, director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, la misma realidad de la libra conlleva efectos negativos para industrias como el turismo -por la pérdida de poder adquisitivo de los viajeros británicos- e incluso para negocios con gran exposición al mercado de las islas como el textil (cita como ejemplos el caso de Zara y Mango) o el vitivinícola, ya que en torno al 60% del vino consumido en Reino Unido en 2015 provino de la Unión Europea.

Por eso, José Manuel Amor, socio de Análisis de Mercados de AFI, apunta que «se ha ganado la batalla a corto plazo, pero aún quedan muchos riesgos por manifestarse». No se puede obviar que el Brexit en sí, el proceso de desconexión de Reino Unido de la Unión Europea aún no se ha iniciado. Para ello, es preciso que el Gobierno británico solicite la activación del Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que regula la ruptura de relaciones de un país con el bloque, antes de dar comienzo a un proceso de negociaciones que duraría al menos dos años.

Las negociaciones sobre la nueva relación entre Reino Unido y la UE dejarán su sello en el mercado

Amor cree que el goteo de noticias que vaya surgiendo en torno a cómo se regulará el nuevo marco de relaciones entre Reino Unido y la Unión Europea, una vez se inicien las negociaciones será fundamental para las expectativas económicas y, por ende, dejará su sello en la evolución de los mercados. «A largo plazo, el impacto económico dependerá de los términos del proceso», afirma.

En este sentido, Aurelio García cree que lo más conveniente sería que Reino Unido alcance con Europa un acuerdo de asociación similar al que disfrutan otros países como Suiza o Noruega, que garantice un mantenimiento fluido de las relaciones comerciales entre ambos bloques. Esta opción, no obstante, cuenta con un grave hándicap político, ya que podría alentar las aspiraciones de los partidos euroescépticos, en auge en países como Francia y Holanda, de desvincularse también del bloque común.

Un complejo escenario que explica que para los expertos de Citi, a pesar de la bonanza actual, «las perspectivas a largo plazo se están oscureciendo». Pero eso a los mercados, hasta ahora, no parece afectarles.