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De la aspirina a los transgénicos

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De la aspirina a los transgénicos

Resumen:

La alemana Bayer compró el 13 de septiembre Monsanto por 66.000 M€ La empresa de Leverkusen pasa a liderar el mercado transgénico A las 'farmas' siempre les han interesado los organismos genéticamente modificados Vacunas y medicamentos se producen a partir de transgénicos Bayer tiene un 18% del mercado agroquímico, pero fracasó al intentar introducir semillas transgénicas Greenpeace denunció que su arroz era resistente a sus propios herbicidas La ciencia no ha encontrado evidencias, tras 30 años, de afecciones para la salud

La adquisición de Monsanto, la primera potencia en agricultura transgénica, por parte de Bayer se suma a la ola de fusiones dentro de la industria química y agrícola, en la que China va a la cabeza.

La compañía alemana pasará a controlar casi un tercio del mercado mundial de las semillas y los fitosanitarios. Pero, ¿qué interés puede tener la división farmacéutica de Bayer –u otra gran ‘farma’– en los organismos genéticamente modificados?

«Bayer lleva muchos años usando transgénicos», sentencia el bioquímico José Miguel Mulet, investigador del CSIC y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia. Defensor militante del «progreso de los transgénicos», Mulet recuerda que «muchísimos medicamentos que tenemos en cualquier farmacia vienen de transgénicos; de hecho, ocurre desde los años setenta y los ochenta, antes de que se usase en agricultura».

La multinacional Bayer «no es ya tanto una ‘farma’, puesto que tiene una potente división de agricultura». Como otras compañías relacionadas con la salud, han derivado hacia colosos de las «ciencias de la vida». En ese sentido, la genética resulta clave para enfocar tratamientos específicos para perfiles concretos de pacientes o para la producción de alimentos «de manera más eficiente».

Actualmente, la insulina para los diabéticos es quizás la sustancia transgénica más común en el mundo de la salud. «Millones de personas se la inyectan y nadie se ha quejado». Antes de 1982, de su síntesis a partir de organismos modificados genéticamente (bacterias con genes humanos), esta hormona que regula la glucosa debía extraerse de los páncreas de animales como cerdos.

Otras proteínas y enzimas se modifican genéticamente para producir, por ejemplo, vacunas, anticoagulantes u otras medicinas. Desde 2012 se usan zanahorias transgénicas para la producción del taliglucerase, sintetizado por un equipo israelí y que trata la enfermedad rara de Gaucher.

Las investigaciones actuales se centran, también, en «producción de vacunas en plantas», o lo que es lo mismo, profilaxis a partir de alimentos.

Europa inventó los transgénicos, pero, hasta el momento, los ha explotado EEUU

«Hay que recordar que la tecnología transgénica es un invento europeo, de la Universidad de Gante (1986). Monsanto llegó cuatro días más tarde al registro. Bayer siempre ha estado interesada por  los transgénicos, con muy poco éxito. Desarrolló la variedad de arroz LL62 (resistente a herbicidas, también producidos por Bayer) que no prosperó por la campaña en contra de Greenpeace.

El grupo ecologista reaccionó la semana pasada a la adquisición de Monsanto con desasosiego: «Más concentración del poder corporativo sobre el sector agrícola es una mala noticia. En el campo habrá menos diversidad de cultivos y los agricultores dependerán de un puñado de empresas. En la ciudad, las familias tendrán menos opciones para elegir sus alimentos», dijo Franco Segesso, coordinador de la Campaña de Agricultura y Alimentos de Greenpeace.

Mulet defiende que, a nivel geoestratégico existe una «enorme preocupación con el petróleo, el carbón, incluso el agua, pero nos olvidamos muchas veces de la alimentación». China tiene una gran población que alimentar, con «un enorme trasvase de población rural a las ciudades y no quiere quedarse sin comida en un futuro».

El país asiático está apostando «agresivamente» por el sector desde hace años. «Cuando acabé la tesis en 1996, el laboratorio donde estaba acababa de sacar una planta transgénica», recuerda Mulet. Directamente «nos llamó alguien de la embajada china pidiéndonos las semillas».

Allí la legislación es «como poco, laxa, y las restricciones legales a los transgénicos en Europa (que importa el 30% de sus alimentos) son enormes, pero creo que eso cambiará, ahora que la primera empresa del sector va a ser europea y seguramente pueda hacer presión». Mulet cree que, «desafortunadamente», nuestro continente se ha quedado atrás.

Greenpeace lleva años sosteniendo que los transgénicos no son la solución al hambre del mundo, ya que el problema tiene que ver con la superficie destinada a cultivos de alimentos, frente a otras explotaciones, además de factores como migraciones, sequías o guerras.

Científicos como Mulet apuntan que «sólo unos pocos pueden permitirse acceder a la agricultura y productos ecológicos». Los transgénicos, sostienen, son seguros con la ciencia en la mano y una manera eficiente de producir recursos.

Nuestro mundo ya es transgénico

Más allá de los alimentos, donde el maíz es el rey (España es líder europeo en producción), hay transgénicos autorizados por todos lados. Los claveles lilas y morados que se encuentran en floristerías provienen de la introducción de un gen externo que pigmenta la flor. Los conocidos como ‘vaqueros lavados a la piedra’  se consiguen con una enzima transgénica. «El 50% del algodón que entra en España, importado de India o Pakistán, es de origen transgénico».

Algodón transgénico en un cultivo de EE.UU.

Algodón transgénico en un cultivo de EEUU USDA

Igual que los detergentes: «Cuando pone la palabra ‘enzimático’, significa que hay una enzima sintetizada a través de un organismo modificado genéticamente», apunta Mulet.

Hay territorios experimentales como la detección de minas antipersonas, a través de plantas, como el tabaco transgénico, que cambian de color o emiten luz cuando hay un explosivo enterrado en su territorio de cultivo. Nosotros mismos tenemos un 8% de nuestro genoma ‘modificado’ genéticamente, a través de cadenas de ADN de virus que han terminado por quedarse entre los humanos. Para Mulet «las trabas políticas a los transgénicos en Europa van a ir a menos porque las evidencias científicas dejan claro que son seguros».