Cerca de 3.800 millones de euros en dividendos, en la cuerda floja. Esa es una de las más dolorosas consecuencias para los inversores de la venta frustrada de Telxius por parte de Telefónica. El fracaso en la operación ha vuelto a situar en el foco del mercado un dividendo que múltiples voces consideran insostenible, dada la actual situación de la operadora. «Tras esta noticia, el dividendo volverá a estar en entredicho. La compañía paga una remuneración muy generosa para la situación en la que se encuentra, por lo que estos pagos pueden verse amenazados», explica Daniel Pingarrón, estratega de mercados de IG.

Telefónica actualmente paga un dividendo de 0,75 euros por acción, lo que en términos brutos se traduce en el desembolso de 3.728 millones de euros, aunque alrededor de 1.400 millones se reparten mediante la modalidad del scrip dividend, que permite cobrar el dividendo en acciones, lo que, en la práctica, supone una especie de ampliación de capital. Este pago, a las valoraciones actuales de la operadora en bolsa -donde capitaliza 46.742 millones de euros-, representa una rentabilidad por dividendo en el entorno del 8%, una de las más elevadas entre las grandes cotizadas europeas. Según un informe reciente de la agencia Fitch, en el que se justificaba el recorte de ráting de Telefónica hasta BBB -dos escalones por encima del nivel considerado bono basura-, los dividendos pagados por la operadora «es probable que consuman entre el 65% y el 70% de los flujos de caja previos al pago en los dos próximos años».

El dividendo actual consumirá hasta el 70% de los flujos de caja de los próximos dos años, según Fitch

Esta elevada salida de capital de sus arcas representa un esfuerzo muy considerable para una compañía atenazada por una abultada deuda, que ronda los 56.000 millones de euros, incluyendo bonos híbridos, según cálculos de N+1. La firma de análisis advierte de que la cancelación de la venta de Telxius, unida a la amortización de una parte de la autocartera «generará preocupación sobre cómo de comprometida está la compañía en cortar deuda y cómo de consciente es de la vulnerabilidad que representa estar tan apalancado».

Los analistas de N+1 sostienen que la operadora debe mantener como prioridad la reducción de deuda, que debería ser de hasta 12.000 millones de euros hasta el cierre de 2017. La venta del resto de la autocartera y otros activos sería clave en ese desapalancamiento, según la firma. Otros analistas, no obstante, ponen el foco sobre el dividendo.

Sin embargo, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, defendía a inicios del presente mes que el grupo era firme en su compromiso de mantener inalterado el dividendo, apoyado en la alta generación de flujos de caja. Esta insistencia en un objetivo de dividendo representa, en opinión de Gonzalo Lardiés, gestor de Alpha Plus, un error por parte de la compañía, ya que «el dividendo debe ser una consecuencia de la marcha del negocio y, en el entorno actual, tal vez deberían replantearse su estrategia de pago».

Un suceso como la cancelación de la venta de Telxius puede trastocar los planes de remuneración de la operadora. No sólo por lo que representa en números, sino porque, según observa Borja Rubio, analista de XTB, compromete toda la estrategia de desapalancamiento de Telefónica. De hecho, la venta a corto plazo de su filial británica, O2, parece ahora mucho más complicada. «Sería una sorpresa que se produjera antes de final de 2016», sostiene Rubio.

En la misma línea, Jacobo Blanquer, consejero delegado de Tressis Gestión, considera que, más allá del fracaso de la salida a bolsa de Telxius, la verdadera prueba para Telefónica será su capacidad o no para colocar O2, una operación mucho más significativa para la reducción de la deuda. «La colocación de Telxius por 1.000 millones de euros no cambia la valoración de fondo que hacemos de la compañía», apunta. «Es cierto que las ratio sobre deuda no mejoran, pero hay que esperar a ver qué pasa con la filial británica», añade. Además, apunta que, «si bien la deuda que soporta la operadora es muy abultada, también lo es que, a los actuales tipos de interés, el coste de financiación es contenido».

Amenaza para el ráting

En cualquier caso, los expertos sugieren también que la calificación crediticia de Telefónica podría estar en cuestión si a un retraso en su ritmo previsto de desapalancamiento no le sigue un cambio en su política de remuneración. Desde Bankinter resaltan que la deuda sobre ebitda de la compañía se sitúa en torno a las 3,5 veces, un nivel que «necesita reducir para evitar tensiones sobre su ráting».

También en Fiidentis observan que el contratiempo que ha supuesto la cancelación de la venta de Telxius complica que Telefónica cumpla con las exigencias de reducción de deuda que le han marcado las agencias de ráting, de 2,35 veces sobre ebitda en 2017. «Tendremos que esperar la reacción de las agencias», indican, aunque recuerdan que las notas actuales que otorgan las compañías de ráting a la operadora ofrecen suficiente margen para evitar la caída de su calificación a los niveles considerados de ‘bono basura’.

La mayor amenaza en este sentido provendría de Moody’s. La agencia confirmó el pasado 5 de septiembre que mantenía en negativa la perspectiva de la nota que otorga a la deuda de Telefónica (Baa2), resaltando el riesgo de que el plan de reducción de la deuda no se desarrollara según el plan previsto. «Nuestra perspectiva de Telefónica sigue siendo negativa y refleja el hecho de que su ráting seguirá siendo débil y de que cualquier desviación en la ejecución del plan de desapalancamiento durante la mitad de 2017 puede conducir a una rebaja de la nota», señaló el vicepresidente senior de Moody’s, Carlos Winzer.

No obstante, entre los motivos por los que la agencia ha mantenido su calificación a Telefónica en los últimos meses, enumera la posibilidad de que la operadora recurriera en una mayor proporción al pago de dividendos a través de la fórmula del scrip, una posibilidad que cobra mayor peso tras la cancelación de la venta de Telxius.