Josep Oliu, presidente de Sabadell, ha dado un paso atrás en las negociaciones que mantenía, desde hace meses, con Ángel Ron, presidente de Popular, para analizar una posible integración entre las entidades que capitanean. Tras numerosos encuentros entre ambos durante el mes de agosto, que no llegaron a buen puerto por, presuntamente, la reticencia del presidente de Popular, el banquero catalán ha optado por poner distancia. Y esperar.

En una maniobra táctica bajo la que subyace un ya vendrás, Ron, ya vendrás, Sabadell se está haciendo de rogar. Oliu ha manifestado a su círculo más próximo que no ha perdido el interés por Popular, pero prefiere hacerse querer. Le conviene, señalan las mismas fuentes, no mover ficha hasta que se concrete la salida a bolsa del banco malo que aglutinará los activos inmobiliarios adjudicados de Popular.

Tras la ampliación de capital del Popular, Sabadell empujó una posible fusión, pero Ron no vio clara la operación

Tras la ampliación de capital que llevó a cabo en junio con la que captó algo más de 2.500 millones de euros, Popular espera alcanzar una posición de solvencia cómoda a final de año con un capital de máxima calidad (CET1) del 13,7%. Si en los próximos meses, además, logra soltar lastre inmobiliario y sacar de su balance activos por valor de 6.000 millones de euros, la absorción de Popular, que no llegaría hasta 2017, gana aún más atractivo para Sabadell. Este año, Popular espera publicar pérdidas por valor de más de 2.500 millones de euros; el próximo ejercicio prevé volver de generar beneficios.

Sabadell, ahora, quiere esperar a que Popular saque de su balance 6.000 millones de inmuebles adjudicados

En los últimos meses la pareja Sabadell-Popular ha sonado recurrentemente como posible protagonista de la consolidación del sector financiero. Es, de hecho, una de las parejas que sugiere Bank of America Merrill Lynch en un reciente informe. Según el gigante de la banca americana, «es más probable que Sabadell asuma el rol de consolidador, que el de ser objetivo de una operación».

«Con la compra de TSB, Sabadell presenta uno de los balances más débiles de España, lo que evidencia su necesidad de elevar capital y provisiones por los activos improductivos. Una operación corporativa es un atajo que podría explorar para elevar su capital», indica Bank of America. La absorción de Popular, que capitaliza 4.621 millones de euros, por parte de Sabadell, que vale 6.346 millones en bolsa, crearía un grupo bancario con una cuota de mercado en créditos del 16% y del 13% en depósitos.

Los accionistas latinoamericanos se movilizan

El primer contacto entre Popular y Sabadell se remonta al primer trimestre de este año, de la mano de Antonio del Valle. El empresario mexicano, que representa a un conjunto de familias acaudaladas aztecas, cuenta con el 6% del capital de Popular, adquirido en 2015 por 450 millones de euros, a cambio de que el grupo español se hiciese con un 25% de la entidad mexicana BX+.

Del Valle, con sus 80 años a cuestas y una vitalidad reseñable, llamó a la puerta de Sabadell a principios de este año con la intención de propiciar un acuerdo que evitase la ampliación de capital que Popular necesitaba a toda costa para fortalecerse. El mexicano no logró impulsar el acuerdo y, finalmente, tuvo que respaldar la colocación para que su participación no se diluyese.

En esa primera toma de contacto «los números no salían. La falta de capital no se compensaba con generación de sinergias y la integración carecía de sentido», señalan fuentes del entorno de Sabadell. Sin embargo, después de que Popular lograse colocar en el mercado acciones por valor de más de 2.500 millones, las tornas cambiaron. El equipo de Oliu hizo sus números y esta vez sí cuadraron. Fue entonces, en verano, cuando el presidente de Sabadell se aproximó a Ron. En agosto hablaron intensamente, sin que éste se mostrase todo lo receptivo que esperaba el catalán. Y ahora es Oliu quien da un paso atrás y enfría las negociaciones.

Aunque el primer intento de Del Valle no ha cuajado, el inversor mexicano no ha cejado en su empeño. Ahora, además, cuenta con aliados en el otro bando. Los inversores latinoamericanos de Sabadell, el también mexicano David Martínez y el colombiano Jaime Gilinski, respaldan la posible integración entre los dos bancos medianos.

Del Valle, accionista de Popular, junto a Martínez y Gilinski, de Sabadell, empujan la operación

Los tres magnates latinoamericanos buscan recuperar sus maltrechas inversiones que, en los últimos años, se han visto golpeados por caídas en bolsa y diluciones de capital. Gilinski, una de las mayores fortunas colombianas, cuenta con el  5% de Sabadell, mientras que David Martínez ostenta el 4,9% del capital, según los registros de CNMV, a través del vehículo Winthorp Securities. Fuentes solventen aseguran que, más allá de las participaciones desglosadas, ambos inversores controlan, en total, el 14% del banco. Gilinski y Martínez entraron en Sabadell en septiembre de 2013, aportando, cada uno, 250 millones de euros.

Los números del hipotético balance resultante de la suma de ambas cuentas de resultados son clave para que la operación llegue a buen puerto. Sin embargo, los presidentes los ambos bancos han comentado en sus círculos de confianza la contumaz insistencia de su homónimo en dejar claro qué puesto ocupará cada cual, si se concretase la fusión.