La mayor parte de los españoles desconoce que invertir junto a grandes fortunas, como Alicia Koplowitz, la familia del Pino o César Alierta, no sólo es posible, sino accesible para todos los bolsillos -desde un puñado de euros- y sencillo. Tan sencillo como comprar un puñado de acciones de Telefónica, Santander o Iberdrola, por citar algunos ejemplos. Sin embargo, mientras el banco que preside Ana Botín cuenta con más de 3,3 millones de pequeños accionistas, Telefónica, más 1,5 millones, e Iberdrola, alrededor de 600.000, las Sicav, vehículos que utilizan los familias acaudaladas para gestionar su patrimonio, apenas tienen 468.000 inversores.

En España hay 3.300 Sicav (sociedades de inversión de capital variable) y sus acciones, como las de cualquier compañía cotizada, se negocian en Bolsa. No lo hacen en el Índice General de la Bolsa de Madrid o en el Ibex 35, sino en el MAB (Marcado Alternativo Bursátil), regulado, como los anteriores, por la CNMV. En España hay 32.000 millones de euros invertidos en Sicav, una cifra equivalente a la cuarta parte del dinero que las familias destinan directamente a Bolsa y que asciende a 139.914 millones, según datos de Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva) y Banco de España. 

La Sicav cotizan en Bolsa y se pueden comprar sus acciones, como si fuesen títulos de Telefónica o Santander

Las Sicav son, por tanto, un producto de ahorro al alcance de cualquier inversor, por muy pequeña que sea la cantidad que se quiera desembolsar. Así que, si bien no es probable que muchas familias puedan constituir su propia Sicav (requiere una inversión mínima de 2,3 millones de euros más los gastos de mantenimiento), sí lo es que, si lo desean, alineen sus intereses con los de las celebrities o los grandes empresarios invirtiendo en sus vehículos y logrando, por tanto, la misma rentabilidad que ellos.

La empresaria Alicia Koplowitz, marquesa de Bellavista y una de las mujeres más ricas de España con una fortuna estimada superior a los 2.000 millones de euros, según Forbes, controla la Sicav Morinvest. La sociedad administra un patrimonio de 534 millones de euros y se apunta una rentabilidad en el año de 1,5%, frente al Ibex, que pierde un 4,65%.

Su fortuna está a años luz de la de cualquier mortal, pero cualquier mortal puede invertir en la misma cartera de activos financieros que ella, desde 6 euros, precio al que se negocia cada título de su sociedad. Para ello, basta ir a una oficina bancaria (o a un bróker) y abrir una cuenta de valores, del mismo modo que si el objetivo de la misma fuese comprar títulos de Repsol u otra compañía cotizada. 

En el momento de efectuar la orden de compra hay que facilitar el ISIN de la Sicav -en el caso de Morinvest ES0164641039- y señalar que se quiere realizar la operación “a valor liquidativo”. Esto debería bastar para completar con éxito la operación y convertirse en socio de Koplowitz, pero, puesto que la banca no comercializa activamente estos productos, es posible que el cliente deba insistir, si, por desconocimiento, el comercial de la sucursal rehúsa cursar la orden.

Basta abrir una cuenta de valores en un banco e indicar el número ISIN de la Sicav para convertirse en accionista

Frente a Morinvest y muchas otras Sicav, que cuentan con poco más de 100 accionistas (número mínimo que exige la ley a estos vehículos de inversión), al estar, en realidad, controlados por un único accionista que posee la mayoría del patrimonio, hay otras sociedades que tienen cientos, miles de inversores, ya que se comercializan activamente. Buscan inversores para crecer y funcionan igual que un fondo de inversión tradicional, pero tienen forma jurídica de Sicav.

Es el caso de Lierde, la Sicav que, en su origen, en 1994, constituyó César Alierta, expresidente de Telefónica, para gestionar su patrimonio y el de su familia. Hace tres años, el equipo gestor de Lierde (nombre de un monte aragonés, tierra del empresario), entre los que figura su sobrino, Juan Uguet, comenzó una activa labor de comercialización para atraer inversores y, desde entonces, ha disparado el volumen de activos y el número de accionistas.

En octubre de 2013, este vehículo gestionaba 37 millones de euros y contaba con 120 inversores. Hoy, administra más 200 millones de 930 accionistas. El buen rimo de entradas de dinero se apoya en la abultadas rentabilidades que acumula este vehículo desde hace más de 20 años: gana un 1.420%, equivalente a un retorno anual del 16%.

Augustus Capital, firma a través de la que se comercializa Lierde Sicav y un plan de pensiones que replica la rentabilidad de ésta, explica en su web los sencillos pasos para invertir en ambos productos. El modo de proceder es similar al de Morinvest y el resto de Sicav.

Las sociedades de los Del Pino, Piqué y ‘El Juli’

Entre los grandes patrimonios españoles que utilizan las Sicav para canalizar su dinero figura la familia Del Pino, propietaria Ferrovial. La sociedad gestora Pactio administra ocho Sicav de la familia -Tusqueta, Keeper, Chart, Match Ten, Allocation, Addition, Altais y Swift Inversiones- que, en conjunto, tienen 1.000 millones de euros en activos.

Soandres de Activos, de Sandra Mera, hija del fundador de Inditex, Amancio Ortega, es otra de las grandes Sicav nacionales, con 413 millones de euros de patrimonio. Otro vehículo de renombre es Kalyani Sicav, del conocido inversor Ram Bhavnani.

La familia Hernández-Callejas, principal accionista de Ebro Foods -mayor fabricante de arroz del mundo- administra su patrimonio a través de Soixa (322 millones de euros). Mientras, el fundador de Pronovias, Alberto Palatchi, rentabiliza parte de su patrimonio a través de las Sicav Herprisa y Gesprisa, que aglutinan 408 millones de euros.

También el presidente de Almirall, Jorge Gallardo, tiene una Sicav: Elitia Invest, que administra 390 millones. Y Juan Muñoz, marido de Ana Rosa Quintana, preside la sociedad Argomaniz, con 10 millones de euros gestionados. Julián López, más conocido como El Juli, tiene cinco millones de euros en Rodeo de Inversiones.

El futbolista Gerard Piqué delega la gestión de su patrimonio en su padre Joan, que figura como cabeza visible de la Sicav Kerad 3, donde invierte 13 millones de euros. Y el ex presidente del Barca, Josep María Nuñez, invierte 4,8 millones en la Sicav NN2003.

Fiscalidad benévola

Uno de los principales atractivos de una Sicav es que permite diferir el pago de impuestos hasta que el invesor decide reembolsar el capital.  Es decir, el ahorro a través de Sicav está sujeto a la misma fiscalidad que el resto de los productos de ahorro (fondos de inversión, depósitos, seguros, acciones, deuda pública), ya que no tributa hasta el momento en que se reembolsan o cuando reciban los dividendos o intereses. Si la ganancia que logra el inversor es inferior a los 6.000 euros, la retención es del 19%. Si es superior a este importe, se tributa al 21% y, a partir de 50.000 euros, el pago al Fisco alcanza el 23% de la plusvalía.

Al igual que los fondos de inversión, permiten diferir el pago de impuestos hasta que se reembolsa el dinero

Además, tal como explica Inverco, las Sicav, al igual que fondos de inversión, fondos de pensiones, seguros y depósitos, están sujetas a neutralidad fiscal, por lo que no tributa el producto de ahorro y sí el inversor cuando vende sus inversiones o cuando recibe un dividendo o pago de intereses.

“Las Sicav tributan al 1% en el Impuesto sobre Sociedades, pero adicionalmente sus accionistas (personas físicas) tributan al 19%, 21% ó 23% en el IRPF, o al 25% en el Impuesto sobre Sociedades (si son personas jurídicas), cuando venden sus acciones, por lo que no sólo no tienen fiscalidad privilegiada, sino una doble imposición (el 1%, más el 19-21-23% en IRPF para las personas físicas o más el 25% en Sociedades para las personas jurídicas)”, exponen en Inverco.

La asociación subraya que, “si no fuese así (y en realidad deberían tributar al 0%), no se aplicaría el principio de neutralidad fiscal y existiría una doble imposición. Si paga la sociedad no debe pagar el socio y si paga el socio no debe pagar la sociedad. Esta última es la fórmula que se aplica en la mayoría de los países del mundo y también en España”.

 

Una de las principales bondades de los fondos de inversión que ofrece sólo una minoría de Sicav es el traspaso libre de peaje fiscal entre productos. Es decir, el ahorrador puede mover su dinero de un fondo a otro sin pagar impuestos, hasta el momento final en el que rescata su patrimonio. Es lo que se conoce como diferimiento fiscal. En el caso de la Sicav funciona, siempre y cuando éstas tengan un número mínimo de 500 accionistas, una característica que no se da en todas las sociedades salvo en las que sí están interesadas en crecer con aportaciones dinerarias de inversores.

Torrenova, por ejemplo, de la familia March, es una Sicav que, a todos los efectos, funciona como un fondo de inversión. Tiene más de 8.700 accionistas y administra un patrimonio de 1.341 millones, lo que la convierte en la mayor sociedad de España. La entidad, controlada por la familia March, comercializa otras Sicav como Cartera Bellver y Lluc Valores. Las tres permiten traspasos sin tributar, al contar con más de medio millar.

Entre las sociedades que cumplen esta característica destacan, por sus consistentes resultados, Belgravia, Elcano Inversiones, Smart Social, Centaurus 2002 y Promocinver.

Más fácil invertir en una Sicav que en un buen fondo

Comprar acciones de una Sicav es mucho más sencillo que adquirir participaciones de un fondo internacional o de un fondo gestionado por una firma independiente que no forme parte de un grupo bancario, ya que, salvo Bankinter y Deutsche Bank, las entidades sólo comercializan sus propios productos.

Si un ahorrador con una renta media quiere invertir en un fondo de JPMorgan AM, BlackRock o M&G, por citar algunos ejemplos de grandes gestoras internacionales, no podrá hacerlo en su oficina, salvo que pertenezca al exclusivo segmento de banca privada, que presta servicio a clientes con muy alto patrimonio. De no ser así, deberá recurrir a supermercados de fondos como Andbank, Tressis, Renta 4, SelfBank, Ahorro Corporación y Feelcapital.

Este motivo empuja a gestores independientes que lanzan sus propios fondos a hacerlo utilizando la forma jurídica de un Sicav, pues facilita su comercialización.