El Gobierno de Reino Unido ha dado luz verde por fin a la ampliación del aeropuerto londinense de Heathrow tras años de debates, parones y protestas. Heathrow contará con una tercera pista y con su sexta terminal, que vienen a resolver el problema de saturación de las instalaciones, que ya operan desde hace tiempo casi al completo de su capacidad. El proyecto lleva años debatiéndose y  había encallado una y otra vez por la división de los apoyos políticos y por las protestas de ecologistas y vecinos por el impacto medioambiental y también social (habrá que derribar unas 700 viviendas en las inmediaciones de las instalaciones).

La esperada ampliación del principal aeropuerto británico constituye la primera gran decisión del Gobierno de la primera ministra, Theresa May, y supone también el primer gran proyecto que se impulsa en el país tras el referendo que decidió la salida del Reino Unido de la UE. Y es que, de hecho, el propio Brexit ha sido finalmente un acicate para aprobar el proyecto, dado que servirá para promover una importante inversión, de cerca 17.500 millones de libras (unos 19.600 millones de euros) en un momento en que otras están en revisión o directamente se paralizan por la incertidumbre sobre las consecuencias del referendo.

En paralelo, las nuevas instalaciones, que estarán operativas como pronto en 2025, servirán para dotar de mayor conectividad aérea a Londres en el futuro. Una garantía cuando aún persisten las dudas sobre el impacto del Brexit en la integración del Reino Unido en el espacio único aéreo europeo y sus efectos sobre el tráfico de pasajeros y de carga en el mercado británico.

La joya de la corona de los Del Pino

El aeropuerto constituye una de las joyas de la corona de Ferrovial. Heathrow Airport Holdings, dueña y gestora del aeropuerto de Londres-Heathrow, es propiedad del consorcio FGP Topco, en el que el grupo español es el mayor accionista con un 25 % de las acciones. El grupo de los Del Pino se vería así indirectamente beneficiado por las consecuencias del tan temido Brexit, al dispararse el valor de su gran activo británico. Y, en paralelo, Ferrovial puede acabar adjudicándose contratos millonarios para la propia construcción del nuevo Heathrow (ya participó en las obras de renovación de la T2 y de construcción de la T5 del aeropuerto londinense).

Los gestores del aeropuerto, además de asumir el importe de las inversiones necesarias para la construcción de las nuevas instalaciones, tendrán que hacer frente a un programa de compensaciones para los vecinos afectados por un importe  aproximado de 2.600 millones de libras, según las directrices aprobadas por el Ejecutivo de Theresa May. Un fondo que se destinará tanto para compensar a los propietarios cuyas viviendas hayan de ser derribadas como para financiar los trabajos de aislamiento acústico de las casas que tras la ampliación quedarán cerca de las nuevas instalaciones.

«Con esta decisión, el Gobierno refuerza su compromiso de mantener el papel de Reino Unido como centro financiero y de negocios, y como ‘hub’ del turismo y el comercio», subrayó el Ministerio de Transportes en un comunicado. Según sus cálculos, la ampliación de Heathrow generará beneficios económicos al país por valor de 61.000 millones de libras en los próximos sesenta años y permitirá la creación de unos 77.000 nuevos puestos de trabajo de aquí a 2030.

Según el ministro de Transporte británico, Chris Grayling, la expansión de Heathrow con una tercera pista y una sexta terminal «ofrecerá empleo y oportunidades para la próxima década y más allá». «No es sólo una buena solución para las empresas, también lo es para los pasajeros, que se beneficiarán del acceso a más aerolíneas, destinos y vuelos», dijo el titular de Transporte y firme partidario del Brexit. En cualquier caso, aún queda que el Parlamento británico refrende el visto bueno al proyecto el próximo año. Un debate en el que las posiciones están divididas y en el que ni siquiera el apoyo en el seno del Partido Conservador de la primera ministra es unánime.