Cuando el entonces presidente de Telefónica, César Alierta, aseguró el pasado febrero que el dividendo de la compañía estaba «completamente asegurado» para los siguientes cinco o diez años resultó inevitable recordar que sólo cuatro años antes había pronunciado un mensaje similar («totalmente a salvo», fue la expresión que utilizó en aquella ocasión) para luego desdecirse. Sólo cinco meses después, la compañía canceló la retribución al accionista.

En esta ocasión el margen ha sido mayor, ocho meses, pero el resultado ha sido parecido: este miércoles, Telefónica anunciaba un recorte de su dividendo para este año y el siguiente. Es cierto que Alierta ya no es el máximo responsable de la compañía, pero su sucesor, José María Álvarez-Pallete, había hecho suyo, en distintas ocasiones, el compromiso de mantener inalterados los pagos al accionista, a pesar de las dudas que suscitaba su viabilidad.

El bloqueo por parte de Bruselas de la venta de su filial británica O2 y el reciente fiasco en la operación de salida a bolsa de su división de infraestructuras Telxius han representado notables contratiempos en la estrategia de desapalancamiento de la empresa de telecomunicaciones. Con una deuda en el entorno de los 50.000 millones de euros, su reducción supone un ejercicio crucial para evitar nuevos encontronazos con las agencias de ráting, que ya le han propinado varias rebajas de ráting a lo largo del año. Mantener una calificación de grado de inversión resulta esencial para una compañía que necesita mantener unos costes financieros bajos para no ver comprometida su solvencia.

El recorte del dividendo supone un ahorro de alrededor de 2.800 millones de euros en dos años

Por eso, como en 2012, la moderación del dividendo aparecía como una de las opciones más lógicas con que contaba Telefónica para aliviar sus problemas. La medida anunciada este jueves supone un ahorro de unos 2.800 millones de euros (aunque buena parte de ellos en acciones) durante los próximos dos años en el pago al accionista. «Es un paso en la dirección correcta que creo que puede resultar positivo en el medio plazo», observa Javier Mielgo, analista de Mirabaud Securities.

Pero en un sector como el de telecomunicaciones, maduro, con escaso potencial de crecimiento y afectado por una fuerte competencia, el dividendo aparece como uno de los reclamos más significativos. Y Telefónica no quería representar una excepción. «Hay muchos fondos que invierten en compañías de dividendos elevados que, tal vez, tras el recorte, opten por salir de Telefónica», apunta Xavier Cebrián, gestor en GVC Gaesco.

La compañía contaba hasta ahora, junto con el banco italiano Intesa Sanpaolo, con uno de los pagos más atractivos entre las grandes cotizadas europeas, con una rentabilidad por dividendo estimado para 2017 próximo al 8%, según datos de Factset. Tras el recorte, la remuneración de Telefónica ya no figura ni entre las 15 más rentables del EuroStoxx 50.

Como sugiere Luis Padrón, analista de Ahorro Corporación, la medida puede suponer cierta pérdida de credibilidad ante los inversores. «Significa un giro muy significativo con lo que hace sólo unos meses y el inversor puede estar algo confuso, porque no da la sensación de que los gestores tengan el control. El mercado valora mucho la credibilidad, especialmente los inversores institucionales, y teniendo en cuenta que Telefónica ya ha protagonizado movimientos de éstos, puede generar cierta desconfianza», señala.

Gestión del desapalancamiento

En cualquier caso, Padrón defiende la conveniencia del recorte del dividendo desde el punto de vista financiero y, de hecho, tituló un informe posterior a la medida como Rectificar es de sabios. Una visión positiva que es compartida por los analistas de Citi, para quienes la fuerte generación de flujos de caja en el tercer trimestre, comunicados en los resultados anunciados este jueves, «así como el cambio en la política de remuneración debe aliviar las preocupaciones en torno al ráting y el balance».

Desde UBS, por su parte, apuntan que «esto parece un movimiento para poner a la compañía en una posición más fuerte para gestionar el proceso de desapalancamiento y las eventuales ventas de activos». En este sentido, la compañía ha decidido dejar de ofrecer un compromiso de reducción de deuda. «Telefónica no quiere aparecer como un vendedor forzoso, porque esto tiene impacto en los precios que los compradores están dispuestos a ofrecerle», observa Mielgo. De hecho, una de las razones para el fracaso de la venta de Telxius fue que los inversores trataron de forzar un precio muy reducido.

Al tener menos urgencia por reducir deuda, Telefónica puede obtener mejores precios de sus activos a la venta

El limitado impacto que tuvo la medida en la cotización de Telefónica este jueves -retrocedió poco más del 1%- es visto por Daniel Pingarrón, estratega de IG, como la demostración de que el recorte del dividendo estaba ya en gran medida descontado y la asunción de que es una decisión lógica y favorable para el futuro de la compañía.

En cualquier caso, si se confirma que la operadora supera sin demasiado daño esta nueva prueba a su credibilidad en el mercado, el camino tampoco se muestra expedito de desafíos. Para empezar porque el recorte del dividendo apenas supone un paso limitado en la ingente tarea de reducir la deuda. Tendría que reducir 10.000 millones de euros para garantizarse la conservación de una calificación de grado de inversión, según cálculos de Moody’s citados por Bloomberg.

Y también porque la compañía que dirige Álvarez-Pallete debe resolver cuestiones estratégicas, como su papel en los mercados británicos, alemán o mexicano, donde ha quedado como un proveedor de servicios sólo móviles en contra de una tendencia en el sector a ofrecer servicios convergentes (telefonía, internet y televisión).

Aún así, según explica Cebrián, «Telefónica puede no ser la mejor compañía, pero creemos que vale bastante más que 9 euros». De hecho, por fundamentales, en GVC Gaesco consideran que el precio debería situarse en torno a los 16 euros (casi un 75% por encima de los niveles actuales). Y este optimismo, aunque ligeramente más moderado (le dan un precio objetivo de 14 euros) es compartido por los analistas de UBS, mientras que los de Citi ven la acciones repuntando hasta los 13,5 euros.