La zozobra bursátil de Banco Popular no encuentra final. Las acciones del banco, desde este martes por debajo de la barrera psicológica de un euro, siguen profundizando en sus mínimos históricos, tras enlazar tres recortes consecutivos (cuatro con la caída provisional de este miércoles), en los que ha perdido cerca de un 14,5% de su valor en bolsa.

La mala acogida a las cuentas que el banco presentó el pasado viernes, en las que, en opinión de los expertos, volvió a evidenciar una notable debilidad para generar ingresos, ha sido el desencadenante de esta nueva ola de desconfianza hacia una entidad que acumula ya un castigo muy holgado. En el año, sus acciones se han depreciado un 65% y más de un 96% desde sus máximos históricos, alcanzados en abril de 2007. Los 19.483 millones de euros en que llegó a estar valorado entonces se reducen hoy a alrededor de 4.000 millones.

Y eso que entre medias se han ejecutado dos ampliaciones de capital por valor de 2.500 millones de euros cada una: la primera, a finales de 2012; la segunda, el pasado mes de junio. Es decir, la entidad vale ya un 20% menos del dinero captado en esas dos operaciones.

Tras presentar sus cuentas el viernes ha perdido un 14,5% de su valor en bolsa y ya resta un 65% en 2016

La entidad se ha visto muy golpeada, desde el estallido de la crisis, a causa de su elevada exposición al mercado inmobiliario. Para sacarse de encima esa pesada carga, el banco ha diseñado este año un ambicioso plan de ajuste, por el que pretende reducir su carga de activos improductivos en unos 15.000 millones de euros (de los 34.000 millones que mantiene en balance), hasta 2018.

Este plan ha recibido alabanzas por parte de los analistas. Así, Nuria Álvarez, de Renta 4, considera «que la estrategia del banco es acertada». Pero las dudas sobre su ejecución siguen haciendo mella en el valor. El pasado 13 de octubre, una información de El Confidencial ponía en cuestión, por una supuesta oposición del Banco de España, una pieza clave en el proyecto del banco: la segregación de sus activos inmobiliarios en una especie de banco malo (el Proyecto Sunrise), mediante el que pretende sacar de balance alrededor de 6.000 millones en activos.

Aunque el banco que dirige Ángel Ron ha negado haber recibido indicaciones contrarias a su plan por parte del supervisor, firmas como N+1 Equities muestran serias dudas sobre su viabilidad. «Seguimos siendo muy escépticos acerca de esto y no creemos que obtendrá la aprobación regulatoria», señalan.

Dudas sobre el saneamiento

Pero los expertos destacan que las dudas van más allá de esta cuestión, ya que incluso con la puesta en marcha del Proyecto Sunrise, Popular aún tendría que hacer frente a un reto considerable para limpiar su balance. Una tarea que en estos primeros meses ha resultado poco exitosa. En N+1 sostienen que aún con el esfuerzo en provisiones previsto para el conjunto de 2016, el banco necesitaría otros 2.200 millones para llevar las ratios de cobertura de sus fallidos a niveles equiparables a los del resto del sector y no descartan ni siquiera la posibilidad de una nueva ampliación de capital.

Las dificultades en la ejecución de la limpieza del balance podrían dar pie a una nueva ampliación de capital

Tal situación ha exacerbado las dudas en torno al banco. Las ventas se han precipitado, con un volumen que, en la última semana, ha duplicado la media anual. Mientras tanto, las posiciones cortas (acciones tomadas por los inversores para apostar a una caída de la compañía) se mantienen por encima del 6%, cerca de sus niveles más elevados desde febrero.

La mala racha de Popular empieza a generar algunos miedos entre los inversores, que muestran un enorme grado de desconfianza hacia una entidad que ya les ha generado excesivos sobresaltos. La opción de una integración con otro banco (se le ha asociado con Sabadell en diversas ocasiones) sigue presente, pero con los problemas de balance que mantiene parece complicado atraer en el momento actual a cualquier pretendiente. Así, una nueva ampliación de capital en el medio plazo no parece una opción descartable. Por mucho que las anteriores no hayan servido para detener la sangría.