Era un secreto a voces que Álvaro y Alberto Nadal querían ser ministros en el nuevo Gobierno. Hermanos gemelos y con vidas y carreras políticas gemelas estaban más que bien posicionados en todas las quinielas. Los dos. Dos gemelos sentados en el Consejo de Ministros.

Hay quien dice que ambos se lo habían ganado y que de ello estaba plenamente convencido el propio Mariano Rajoy. Álvaro por su ardua labor de rasputín económico del presidente al frente de la Oficina Económica de Moncloa, lidiando antaño con la amenaza del rescate, leyendo las claves de los deseos/amenazas de Bruselas, orquestando y encajando la política económica del Ejecutivo fragmentada en varios ministerios de peso…

Álvaro se impone a su hermano gemelo Alberto en la carrera por ser ministro

Y Alberto estaba en la carrera por la cartera ministerial, por un lado, porque como secretario de Estado de Energía había asumido la gran patata caliente de la polémica reforma eléctrica. Y, por otro, por haber hecho méritos -con más lealtad a Moncloa que abnegación sincera- al desistir del puesto en el Banco Mundial al que finalmente acabó optando su antiguo jefe en el Ministerio de Industria, José Manuel Soria. Aunque el escándalo por su nominación fue tal, tras su aparición en los papeles de Panamá, que el exministro fue el que acabó desistiendo obligado por las circunstancias.

En los mentideros políticos y de varios sectores económicos se daba por hecho que Alberto Nadal seguiría pilotando la política energética al frente de un nuevo y especializado Ministerio de Energía y que Álvaro se quedaría con Industria o con Empleo. Pero Rajoy ha decidido premiar sólo a uno de los gemelos, ha dado el caramelo sólo al más cercano de los dos, y lo ha hecho con la bicoca que quería el otro hermano. Finalmente Álvaro se pone al frente del nuevo Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital… y Alberto se queda fuera de la órbita gubernamental de primera línea.

Álvaro vuelve así a ganar a Alberto. Empollones al clásico modo, ambos fueron siempre los primeros de la clase desde pequeños, se licenciaron ambos cum laude en la doble licenciatura de Derecho y Empresariales, y se sacaron ambos al tiempo la oposición de técnico comercial del Estado. Álvaro fue el número uno de esa promoción, Alberto el número dos. Como entonces, Álvaro vuelve a ganar, ahora en la carrera por ser ministro.

La herencia de su hermano

El nuevo ministro tendrá que gestionar las reformas lideradas por su hermano y afrontar el tímido llamamiento que en los últimos meses se ha hecho desde el Gobierno a todos los partidos para sellar un pacto de Estado por la energía, a pesar en los tiempos de mayoría absoluta las medidas energéticas se adoptaron sin diálogo e ignorando el rechazo del resto de grupos.

Álvaro se tendrá que enfrentar a los incendios que avivó su hermano. Las grandes eléctricas han acabado dando por buena la reforma eléctrica por haber conseguido suturar el agujero del sistema que era el déficit de tarifa –alcanzó los 30.000 millones de euros-, a pesar de haber sufrido parte de los sacrificios con retribuciones recortadas y nuevos impuestos específicos.

Gemelos con vidas y carreras gemelas, Álvaro fue el número uno de su oposición. Alberto quedó segundo

Y, sobre todo, el nuevo ministro tendrá que lidiar con un sector de las renovables que se diría sigue en pie de guerra. Nadal -en este caso Alberto, pero con el respaldo de su hermano desde Moncloa- fue el responsable del hachazo a las ayudas a las energías verdes, del cambio de modelo de retribución para garantizar una “rentabilidad razonable” que los inversores no ven como tal. Unos recortes que han convertido a España en el país con más litigios internacionales por las denuncias presentadas por fondos internacionales (hace tiempo que dejamos atrás a Venezuela) y que le valió al propio secretario de Estado hasta una demanda personal por prevaricación, finalmente desechada.

Álvaro Nadal tiene por delante la labor de diseñar el mix energético nacional del futuro: decidir la manera de volver a potenciar las renovables para cumplir los compromisos medioambientales pactados con la UE y con qué coste. El nuevo ministro tendrá que decidir si mantiene sin cambios la normativa que diseñada por su hermano que trabas casi inasumibles para el desarrollo del autoconsumo, otro de los grandes hitos que solivianta al sector renovable.

Y se ve en la obligación también de abrir el melón de si avala la ampliación de la vida útil de las centrales nucleares hasta los 50 o 60 años, con la reactivación de Garoña como primer paso y con la renovación de Almaraz a la vuelta de la esquina, y la manera menos sangrante –medioambiental y socialmente- de acabar con el carbón nacional.

Las ‘otras’ tareas de Nadal

El Ministerio de Nadal es de nuevo cuño. Pierde las competencias de Industria, que se incorporan a Economía, pero mantiene las de Turismo. Y, con ello, Rajoy vuelve a decepcionar al motor de la economía española. El sector turístico lleva años reclamando un ministerio propio o, en todo caso, una secretaría de Estado que dependa directamente de Presidencia, para ejercer labores de coordinación de todos los ministerios implicados (Exteriores, Fomento, Interior, Economía, Hacienda…). Pero ni lo uno ni lo otro. Y las empresas turísticas ya temen que se les seguirá tratando como el sector que siempre va bien y que no da problemas suficientes como para darle protagonismo político.

El nuevo departamento también acoge un área de Agenda Digital, que aparece en la denominación en último lugar, a modo de coletilla, siendo el negociado más cargado de futuro y con la que se la juega el país. El Gobierno anterior ya tenía un plan de Agenda Digital, que se marca como objetivos el desarrollo de la economía digital en el país para fomentar la competitividad y la internacionalización de la economía; fomentar el despliegue de redes ultrarrápidas y servicios digitales innovadores; mejorar la Administración digital; el impulso de la I+D+i en el área de las tecnologías de la información… Retos importantes. Quizá los de mayor calado.