64 años de cárcel es la petición fiscal para José María Aristraín, accionista de Arcelomittal, por haber defraudado al fisco 211 millones de euros entre el 2005 y el 2009, al haber desviado su patrimonio a Holanda y Luxemburgo, y haber fingido que residía en Suiza para eludir el pago de impuestos.

Aristraín heredó el negocio familiar tras el fallecimiento de su padre en un accidente de helicóptero en la costa Azul en 1986. La revista Forbes le situó en la lista de los más ricos en el 2011 en la posición número 10 en España y 736 en el mundo al valorar su patrimonio en 1.220 millones de euros.

Montaje empresarial

Sin embargo, esta carrera se puede ver truncada si el fiscal consigue su objetivo. La fiscalía sostiene que este industrial «con el único objeto de no cumplir con sus obligaciones fiscales mediante un montaje puramente artificial deslocalizó su domicilio fiscal y sus participaciones sociales». A pesar de que residía en España «donde mantenía sus relaciones económicas y personales más relevantes».

Por ello, en 1998 creó una sociedad en Holanda que trasladó en el 2002 a Luxemburgo. En esta sociedades, según el fiscal, ocultó los dividendos de Arcelor, así como la plusvalía obtenida en el 2008 por la venta de las acciones de Arcelormittal. Por ello, el ministerio público considera que causó un perjuicio a la Hacienda Pública de 210 millones de euros.

Industrial y coleccionista

Además, el fiscal sostiene que Aristraín reintrodujo en España parte de los beneficios obtenidos a través de distintas sociedades que usaba para pagar gastos personales y de su familia. También usaba estas empresas para comprar y mantener un chalet en Suiza «en el que trapaceramente el acusado fingía tener su domicilio», un yate de recreo denominado «My Steel», coches de lujo que integraban su colección automovilística particular así como otros gastos personales. Y es que en el 2005 el industrial simuló su traslado a Suiza.