Se nos han olvidado los CDs, los DVDs acumulan polvo en cajas de cartón y el negocio de los periódicos de papel no cesa de decrecer. Hemos cambiado lo físico por lo virtual, la cultura se consume en una pantalla, incluso las obras de arte. Pero, ¿por qué seguimos leyendo los libros en su formato tradicional cuando tenemos una opción digital?

El sector editorial lleva varios años aumentando sus ventas pero no gracias al libro electrónico, que se estancó en 2008 y, desde entonces, no hay forma de hacerlo despegar. Mientras que las publicaciones tradicionales crecieron en un 2,8% de 2014 a 2015, las ventas de los digitales permanecieron en un 5% del total. Cuando hablamos de publicaciones españolas, el porcentaje baja aún más. De los 900 millones de euros que generó el negocio editorial, sólo 30 millones son producidos por los libros electrónicos, un humilde 3%, según un estudio de la Federación de Editores.

«Hace un años pensábamos que a estas alturas no consumiríamos libros físicos, y ha ocurrido todo lo contrario», analiza Juancho Pons, presidente de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros). El libro tradicional recupera cuota de mercado, la gente empieza a leer más libros pero esta tendencia no está beneficiando a su homólogo virtual.

«En el mercado controlado por los editores, las ventas relativas de e-books se han frenado por dos razones fundamentales: una es el precio, el diferencial de precio del e-book no justifica a veces su compra, y otra es la estrategia de distribución de libros físicos de los editores orientada a mejorar la reposición de la librería, con plazos de entrega más rápidos y el uso de analítica de datos para optimizar el número de copias en stock de un determinado título», analiza José Antonio Latre, socio de Estrategia en Management Consulting de KPMG en España.

El IVA de los libros digitales es un 17% más alto que el de las publicaciones tradicionales

Otro de sus grandes problemas son los impuestos. El IVA de los libros digitales es un 17% más alto que el de las publicaciones tradicionales y, además, la mayoría de las descargas no se pueden contabilizar porque se realizan a través de webs pirata. Según un estudio elaborado por el Gremio de Editores, el 61% de los lectores que consumen piratería confiesa hacerlo por motivos económicos, aunque en realidad el precio no es muy alto, unos cinco euros de media cada ejemplar digital frente a los 14 del formato tradicional.

Pero Pons tiene claro que no es un tema económico -aceptando que la piratería afecta mucho- pero que la verdadera razón es que «la gente prefiere el libro de papel». Una idea parecida a la de Alfredo Quirós, de la Librería Cervantes, que asegura que «si tenemos que desprendernos de un dispositivo al salir de casa, nos desprendemos del e-book. Nos llevamos el móvil y poco más, y leer en un teléfono en el que no paran de saltarte notificaciones se hace pesado». Y a la de Latre desde KPMG en España, que argumenta que «desde el punto de vista del consumidor, el gran cambio ha sido la migración desde dispositivos exclusivos, tipo e-reader, a plataformas universales como las tablets o los propios smartphones«.

Los tres están de acuerdo también en el sentimiento que este objeto genera en los consumidores. En palabras de Quirós, «se trabaja mucho el libro como objeto de deseo porque realmente es un objeto de deseo». Algo que no ocurre ni con la música ni con las películas. «Sólo ocurre si se trata de recopilaciones o ediciones especiales. La gente consume más música desde el móvil que desde ningún otro dispositivo».

Pero, ¿se revertirá la tendencia? Latre considera que no se puede decir que el libro electrónico haya fracasado. «Este formato hará crecer el segmento de la auto-edición, mientras que la evolución del segmento de los editores tradicionales dependerá de las estrategias de éstos. El libro impreso es un formato muy resiliente por sus atributos, comodidad, precio razonable, etc., y por la relación sentimental que se establece entre el lector y el libro físico pero sobrevivirá en digital», sentencia.

También hay que tener en cuenta que, aunque en el último año las ventas han subido, los españoles no son grandes lectores. El último Barómetro del CIS confirmaba la sospecha de que en España no se lee o se lee poco. Un 39,9% de los encuestados no había leído un libro en el último año y más de un 7%, sólo uno.

¿Qué leemos los españoles?

El estudio que Libranda realizó el año pasado pone de manifiesto que, eliminando los libros de textos y los académicos, lo que más se lee en nuestro país son las novelas. Un 76% de los lectores españoles se decanta por este género literario, mientras que la poesía y el teatro se quedan con un residual 6%.

Si nos situamos dentro del e-book, la novela amorosa es la más demandada, lo que los expertos relacionan con su bajo precio en este formato. A pocos puntos se encuentra la de humor y la histórica, con gran aceptación dentro de nuestro país. «Los que mayor bajada han experimentado durante el último año han sido las de ciencia ficción y terror, la novela contemporánea y la policiaca», confirma el estudio realizado por ANELE (Asociación Nacional de Editores de Libros) en 2015.