Nueva amenaza política para los mercados europeos. Y nueva muestra de resistencia por parte de éstos.

En las primeras horas de este lunes, la caída del euro por debajo de los 1,06 dólares, a un paso de sus mínimos en más de dos años; el repunte de las primas de riesgo periféricas, con el interés de los bonos a 10 años de Italia escalando más de 10 puntos básicos, por encima del 2%, y el de Portugal y España remontando alrededor de seis puntos básicos; y la presión bajista sobre la banca europea surgían como claros indicios de los temores que vuelven a acorralar a los mercados de la región.

 

La caída del gobierno de Matteo Renzi, tras su contundente derrota en el referéndum sobre la reforma constitucional en Italia, supone un nuevo sobresalto en el convulso entorno en el que se mueven los inversores en los últimos tiempos. No tanto por el presumible relevo en la dirección del país, un fenómeno consustancial a la política que, en el caso de Italia, forma parte casi primordial en el panorama político, después de que en los últimos 70 años se hayan sucedido más de 60 gobiernos.

Lo que convierte la dimisión de Renzi en un escollo significativo en el camino inversor es el contexto en que se produce. En clave interna, porque vuelve a situar la sombra de la desconfianza sobre Italia, en el tercer país de la eurozona, en un momento de elevados desafíos económicos, entre los que sobresale la necesidad de abordar una reestructuración del sector financiero, que acumula en sus balances alrededor de 360.000 millones de euros en activos de baja calidad.

En un término más amplio, porque cualquier accidente en la banca italiana tiene el poder de desestabilizar el sistema financiero en toda Europa. Y porque la mera opción de que esta nueva crisis política desemboque en unas próximas elecciones en las que pueda resultar vencedor el Movimiento Cinco Estrellas, partido populista con posturas contrarias a la política europea, vuelve a situar en el foco las debilidades que amenazan el futuro de la unión.

Se diluyen las caídas

Este cóctel explica que, sin esperar a ver cómo evoluciona la crisis política italiana, muchos inversores amanecieran este lunes con la idea de deshacerse de los activos considerados más expuestos al riesgo. Al tiempo que interés del bono italiano volvía repuntar con fuerza, la bolsa italiana abría la jornada con recortes próximos al 2%.

La banca trasalpina centraba buena parte de los recelos inversores. Monte dei Paschi, inmerso en una ampliación de capital por 5.000 millones de euros, que podría verse amenaza por el complejo escenario político en que se halla el país, restaba más de un 7,5%, mientras otras entidades veían descender el valor de sus acciones más de un 4%. Entre ellas se contaba UniCredit, el mayor banco por activos del país, que también pretende ejecutar a inicios de 2017 una ampliación de capital que podría encallar entre los nuevos obstáculos políticos.

Estos temores también saltaban la frontera italiana y penalizaban a bancos como el alemán Deutsche Bank o el español Sabadell, que registraban recortes superiores al 2,3%.

Y sin embargo, una vez más, la desconfianza se ha ido evaporando con el paso de los minutos y una hora después de la apertura el conjunto de las bolsas europeas reflejaba notables avances, incluida la italiana, que subía más del 1%; la banca contenía los temores e incluso entidades como Monte dei Paschi borraban los números rojos; las alzas iniciales de rentabilidad del bono italiano a 10 años se reducían de forma significativa; y el euro recuperaba el nivel de los 1,06 dólares.

Tensión contenida

Este vuelco, hasta cierto punto similar al que se registró el pasado 9 de octubre tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos puede explicarse por factores técnicos, como el cierre de las numerosas posiciones cortas abiertas en los últimos días para beneficiarse de las dudas generadas por el referéndum italiano.

Y también a que el negativo desenlace de éste ya podía estar, en buena medida, recogido en precios, después de que en las últimas semanas las encuestas apuntaran casi de forma unánime a la derrota de Renzi. No en vano, la bolsa italiana es la que peor desempeño muestra en el año entre las principales del mundo, con recortes en el entorno del 25%, y con la banca cediendo más de la mitad de su valor en los últimos 18 meses.

Pero el movimiento del mercado significa también la confirmación de que los inversores han desarrollado en los últimos tiempos una llamativa capacidad de adaptación al convulso escenario en el que se mueven, habituándose a vivir día a día, esperanzados en que las mayores amenazas no lleguen a concretarse y confiados en que los bancos centrales ofrezcan algún tipo de resguardo contra la incertidumbre.

En este sentido, la reunión que este jueves celebra el Banco Central Europeo, en la que está previsto que aclare el rumbo a medio plazo de la política de estímulos, cobra una relevancia aún mayor tras los sucesos de Italia. «El BCE está preparado para dar liquidez si es necesario y debe prestar atención para evitar cualquier fragmentación o contagio en los mercados de bonos, usando medidas como el QE o el TLTRO. La liquidez puede prevenir cualquier riesgo sistémico», indica Patrice Gautry, economista jefe de UBP.

Al igual que en el caso del Brexit o la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EEUU, los otros grandes obstáculos que han alterado el rumbo inversor a lo largo de 2016, las consecuencias económicas de la crisis política italiana están por determinar y dependerán de la evolución de la evolución de los acontecimientos. Así, aunque se pueda prever que la incertidumbre acabe pasando factura a la confianza inversora, la cautela más que el miedo es la tónica dominante sobre el parqué.