Más de medio billón de euros. Esa ha sido la ofrenda que el Banco Central Europeo (BCE) ha realizado este jueves para garantizar la estabilidad de los mercados financieros y comprar así más tiempo hasta que la recuperación se afiance en la eurozona. La tarea va para largo y por eso el presidente de la institución, Mario Draghi, ha insistido una y otra vez en que su presencia en los mercados será por un tiempo prolongado.

Cumpliendo el guión previsto, el BCE ha anunciado una extensión en su programa de compra de deuda (QE) hasta, al menos, diciembre de 2017, frente a la fecha límite establecida hasta ahora, que era marzo de 2017. Esto implica nueve meses más de presencia continuada del banco central en los mercados, un protagonismo que, se habrá prolongado por casi tres años cuando se alcance esta nueva meta temporal.

A cambio de esta prórroga, el BCE agitó los ánimos al anunciar un recorte del montante de las compras mensuales. A partir del próximo abril, la manguera de liquidez del banco central inyectará 60.000 millones de euros al mes, frente a los 80.000 que ofrecía hasta ahora. Por momentos, el fantasma del tapering (el proceso de retirada de los estímulos monetarios) recorrió los mercados y las rentabilidades de los bonos se elevaron de forma brusca.

Draghi ha sido tajante para negar que la retirada de los estímulos monetarios haya sido planteada

Contra esta interpretación, se alzó el Draghi más tajante. «El tapering ni siquiera ha estado sobre la mesa», aseguró y repitió de diversas formas. Si se ha acordado la reducción del volumen de compras es, según explicó el presidente del banco central, porque los temores que aconsejaron su ampliación, el pasado marzo, se han diluido. Pero en cualquier caso, «la presencia del BCE en los mercados será por un tiempo prolongado», reiteró.

De hecho, el BCE ha puesto más énfasis en las opciones para reforzar sus estímulos. Ya desde el comunicado inicial en el que se informaba de la reducción del volumen de compras del QE, se detallaba que si «las perspectivas fueran menos favorables, o si las condiciones financieras fueran incompatibles con el progreso del ajuste sostenido de la senda de inflación, el Consejo de Gobierno prevé ampliar el volumen y/o la duración de este programa».

Para que no quepan dudas de la disposición del banco central de llevar hasta el límite sus garantías, la institución ha introducido cambios en los criterios de su compra de bonos públicos. Por un lado, el BCE podrá comprar títulos con un plazo de vencimiento mínimo de un año, frente al límite de dos años existente hasta ahora. Y por otro, serán elegibles a partir del próximo enero bonos con rentabilidades inferiores a la tasa de facilidad de depósito (-0,4%), siempre que fuera necesario.

De este modo, el BCE garantiza a los mercados otros 540.000 millones de euros a partir del próximo marzo y hasta el cierre de 2017. Más de medio billón de euros que engordará el tamaño total del programa QE, iniciado en marzo de 2015, a cerca de 2,3 billones, el doble del PIB de España. Y la institución, como viene siendo costumbre, ha dejado abierta la puerta a prolongar estos estímulos el tiempo que sea necesario hasta asegurar «un ajuste sostenido de la senda de inflación que sea compatible con su objetivo de inflación».

Inflación insuficiente

Y este objetivo se hace de rogar. El BCE presentaba este jueves una revisión de sus proyecciones macroeconómicas en las que por primera vez se incluían previsiones para 2019. Para entonces, la tasa de inflación habrá repuntado ya a niveles del 1,7%, cada vez más cerca de la meta del supervisor, que se ubica ligeramente por debajo del 2%. Atrás han quedado ya los temores a una deflación, reconoció Draghi, pero el repunte de los precios sigue siendo insuficiente, en su opinión, por lo que, aseguró, «tenemos que persistir».

Para 2019, la tasa de inflación alcanzará el 1,7% aún por debajo del objetivo del 2% del BCE

Draghi sigue viendo el crecimiento económico en Europa amenazado por las incertidumbres. Aunque el contexto internacional parece apuntar a un escenario más favorable, el presidente del BCE ha vuelto a señalar a la falta de decisiones políticas como una gran rémora para Europa. «Se prevé que el crecimiento económico de la zona del euro se vea afectado por el lento ritmo de aplicación de las reformas estructurales y los ajustes pendientes del balance en varios sectores», indicó. El BCE estima que la eurozona crecerá un 1,7% en 2016 y 2017 y un 1,6% los dos ejercicios siguientes.

El presidente del BCE volvió a recordar a los Gobiernos europeos que el momento actual, con los tipos en mínimos y la liquidez fluyendo sin dificultades por obra y gracia del banco central, es el adecuado para llevar a cabo las reformas necesarias que afiancen el crecimiento económico en la región. Unas reformas que, señaló, son necesarias en todos los países de la región.

Este aviso no es nada novedoso en la boca de Draghi. Pero hasta ahora parece haber encontrado poca disposición de parte de los políticos para seguir sus consejos. Mientras trata de persuadirles, Draghi ha comprado nueve meses más de condiciones financieras favorables, a un precio de 540.000 millones de euros. Si para entonces, fuera preciso, el grifo de la liquidez seguirá regando los mercados.