El pasado martes la cúpula directiva de la FIFA decidió, de manera unánime, aumentar el número de equipos participantes en el Campeonato del Mundo de fútbol desde los 32 actuales hasta los 48 que competirán en la cita de 2026. Hasta mayo de 2020 no sabremos cuál será la sede del Mundial con más combinados de la historia.

El evento tendrá, de esta manera, 80 partidos en vez de los 64 que tuvo, por ejemplo, la última edición celebrada en Brasil en el año 2014. Los días de competición, eso sí, se mantendrán en los 32 que ya duró la pelea por el título en tierras cariocas.

El formato de competición cambia para adaptarse al mayor número de contendientes: ahora habrá 16 grupos de tres equipos, se clasificarán dos de ellos y no habrá empates en dicha fase. Los encuentros que lleguen empatados al final de los 90 minutos se decidirán con una tanda de penaltis.

La decisión de la FIFA responde a motivos puramente financieros. Los supuestos «guardianes del fútbol» mundial, como se autodenominan en su web, han decidido rebajar notablemente el nivel del torneo a cambio de que los ingresos se multipliquen sustancialmente.

Esta decisión supone un triunfo para el nuevo dirigente del estamento, Gianni Infantino. Otrora presentador de los famosos sorteos de la Champions League, el suizo llegó al poder tras los escándalos de corrupción que acabaron con su predecesor, Joseph Blatter, y otros miembros de la cúpula de la organización.

La FIFA, que se define como una asociación de derecho, espera ingresar un 35% más en el Mundial del año 2026 gracias al aumento de los equipos. Más selecciones significa, evidentemente, más ingresos por entradas, derechos de televisión o marketing.

Dependencia

Las cuentas de la FIFA dependen sobremanera de los ingresos procedentes de la celebración del Campeonato del Mundo. Entre 2011 y 2014, periodo entre la celebración de la cita de Sudáfrica y la de Brasil, la organización ingresó 5.718 millones de dólares (5.430 millones de euros). Casi el 90% de esa cantidad fue gracias a la competición que coronó a Alemania.

El Mundial de Brasil fue todo un éxito económico para la FIFA. Ingresó más de 4.800 millones de dólares (4.500 millones de euros) y le reportó a la organización unos beneficios limpios de 2.560 millones de dólares (más de 2.430 millones de euros), gracias sobre todo a la venta de los derechos de televisión y al marketing.

Las esperanzas de Infantino pasan por que el concepto de derechos de retransmisión se dispare en el evento de 2026. Haciendo una pequeña correlación, cada vez que un colegiado daba el pitido inicial a un encuentro en Brasil, la FIFA ingresaba 37,93 millones de dólares (36 millones de euros).

De esta manera, un Mundial con 80 partidos disputados llevaría a las arcas de la FIFA 2.884 millones de euros, una cifra sensiblemente superior a los 2.307 millones de euros que fueron a parar a las arcas de la sede en Zurich en la cita brasileña.

También se elevarían los ingresos por marketing, que ya en el año 2014 supusieron 1.580 millones de dólares (más de 1.500 millones de euros). Hay que sumar, además, el concepto que sirve de cajón de sastre y que la FIFA califica simplemente como «otros», en el que se engloban muchos conceptos con la venta de localidades a la cabeza.

Más espectadores

Precisamente, la venta de entradas es otro de los campos en los que los ingresos crecerían exponencialmente. En el Mundial de Brasil, la FIFA ingresó más de 270 millones de euros por la venta de los tickets para presenciar los partidos en cualquiera de los 12 coliseos (sedes) del torneo.

Las entradas estaban divididas en cuatro categorías, según su precio, y se vendieron un total 3.144.613. Los estadios estuvieron al 98,3% de su capacidad, todo un récord para una cita de este calibre, y se colocaron el 99,2% de las localidades.

El 35% de las entradas correspondían a la categoría 1, la más exclusiva. En total se vendieron 1.100.614 tickets que costaban, de media, 133,6 euros por unidad y que fueron responsables de sumar 147 millones de euros al balance final del evento.

Las de segunda categoría salían por 98,4 euros cada una -de media- y sumaron 64,98 millones de euros ya que se vendieron 660.368. Las de tercer nivel, a 66,1 euros, alcanzaron los 45,72 millones de euros gracias a la venta de 691.814 de ellas. Las últimas, las más alejadas del terreno de juego, costaban 25,1 euros de media y se vendieron 503.138, totalizando 12,62 millones de euros.

Por supuesto, con 80 partidos los ingresos serían mucho mayores. En Brasil cada partido generó 4,21 millones de euros por la taquilla, por lo que de mantenerse esa misma cantidad la recaudación total se elevaría hasta 337,5 millones de euros. Evidentemente, la cantidad va a ser mucho mayor ya que todavía queda poco menos de una década para que se dispute el torneo.

Mayor inversión

Organizar un Mundial es muy costoso, tanto para el país anfitrión como para la FIFA. En el caso de Brasil, la organización suiza dotó con 453 millones de dólares (430 millones de euros) al Comité Organizador para ayudar a pagar todo lo que supone una cita así.

En cualquier caso, la factura se disparó y convirtió el de 2014 en el Mundial más costoso de la historia. Cuando al país brasileño, entonces dirigido por Lula da Silva, le concedieron la gracia de albergar la cita, el presidente prometió que todas las reformas de los estadios se pagarían con capital privado. Finalmente, no fue así y alrededor del 90% de los 3.420 millones de euros invertidos salieron de las arcas públicas.

El Mundial de Brasil de 2014 costó alrededor de 15.000 millones de dólares (más de 14.200 millones de euros) y en muchos casos las inversiones realizadas para ello han acabado por ser inútiles. Es el caso de los mencionados estadios, muchos de ellos prácticamente abandonados.

El césped del mítico Maracaná, sede de la inauguración y de la final, está ahora plagado de calvas por la falta de mantenimiento y de uso. El estadio de Manaos, en el que se enfrentaron Inglaterra e Italia, necesitó una inversión de 285 millones de euros y apenas ha albergado 11 eventos en los últimos cinco meses.

¿Una ONG?

En teoría la FIFA es una organización que no busca beneficios, sino que su objetivo es servir de guardián del fútbol mundial. En el Artículo 73 de sus Estatutos se dice que es «un deber importante que ingresos y gastos estén equilibrados». Eso quiere decir que, si ingresa más, debería gastar más para promover la difusión del balompié.

Pero ese mismo artículo dicta que la organización tiene que «aumentar las reservas de capital para garantizar el futuro». Grosso modo, ingresar cada vez más. Ahora mismo las cuentas de la FIFA reflejan que las reservas en cash alcanzan los 1.083 millones de dólares (1.029 millones de euros) y se elevan más allá de los 1.400 millones de euros gracias a otros activos e inversiones financieras en marcha.

Las cifras del Mundial 2026, aún sin sede, van a ser históricas. La FIFA ha hecho todo lo posible para que países como China, y sus mil millones de potenciales consumidores, Estados Unidos y todas las potencias europeas tengan prácticamente garantizada su plaza. Infantino ha pasado de anunciar los octavos de final de la Europa League a revestir de (más) billetes el mayor evento futbolístico del mundo.