“He hablado brevemente con el presidente sobre la orden ejecutiva de inmigración y las consecuencias que puede tener para el país. También le he dicho que no participaré en su consejo de asesores”. Con estas breves palabras despachaba Travis Kalanick una de las mayores crisis que ha tenido que vivir a los mandos de Uber. Y eso es mucho decir teniendo en cuenta los problemas financieros de la compañía.

“Unirme a ese consejo no significaba estar de acuerdo con todas las decisiones del presidente, pero ha sido interpretado de esa manera”, explicaba Kalanick en un comunicado a sus empleados que ha publicado The New York Times. Lo cierto es que la presión de las redes sociales, los colectivos de conductores de Uber y la opinión pública han obligado al californiano a montar una estrategia para limpiar su imagen a toda velocidad.

Todo comenzaba cuando los taxistas del aeropuerto John F. Kennedy, el más importante de Nueva York, convocaban una huelga de una hora para protestar contra la orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de prohibir la entrada al país a los ciudadanos de siete países musulmanes. Los famosos yellow cab no recogieron a nadie en el aeródromo durante 60 minutos, un periodo en el que las tarifas de Uber se dispararon para el trayecto con origen o destino en el mediático JFK.

Las obvias protestas de los usuarios no se hicieron esperar. La compañía tardó solo 34 minutos es suspender el fuerte repunte de las tarifas, pero el daño estaba hecho. En Twitter comenzó a circular la etiqueta #DeleteUber en un hashtag que impactó a más de 27 millones de usuarios en pocas horas y que acabó con más de 200.000 cuentas de Uber borradas. Por si fuera poco, Lyft superó a Uber en descargas por primera vez en la historia.

Todas esta presión social ha acabado por afectar a Kalanick, que se retira de esta manera del consejo asesor de Donald Trump. La compañía, además, ha creado un fondo de 3.000 millones de dólares, casi 2.800 millones de euros, para financiar la defensa legal de sus conductores que se vean afectados por las políticas migratorias del presidente.

Decisión alabada

Los principales colectivos de ciudadanos y conductores de Uber que han protestado contra las decisiones de Trump han aplaudido la decisión, a la vez que han aprovechado para lanzar nuevas críticas contra Kalanick.

“Estar en ese consejo es apoyar las medidas del presidente, y punto”, ha afirmado el director ejecutivo de Muslim Advocates, Farhana Khera, una de las principales asociaciones de ciudadanos musulmanes en Estados Unidos. “Gracias a los miles de activistas que han alzado la voz y que han despertado a Kalanick y a Uber de la realidad en la que vivían”.

Por su parte, la Independent Drivers Guild, uno de los mayores conglomerados de conductores de Uber en Nueva York con hasta 50.000 miembros, también ha celebrado la medida, por boca de su presidente Jim Conigliaro Jr.

Musk se queda

El consejo de asesores de Trump, con la salida de Kalanick, se queda de esta manera en 18 miembros, frente a los 19 que tenía en diciembre. Dentro de este comité de asesores también hay nombres relevantes como el del CEO de Disney, Bob Iger -que no acudirá a la reunión de este viernes por problemas de fechas-, o el consejero delegado de WalMart, Doug McMillon.

El que sí continuará en la misma mesa que Trump es el fundador de Tesla, el visionario sudafricano Elon Musk, que ha dicho que acudir al encuentro no significa necesariamente apoyar las medidas que tome el presidente en materia de inmigración.

Musk ha argumentado que irá a la reunión para “expresar mis objeciones a la orden ejecutiva sobre política migratoria”, a la vez que ha afirmado que “los refugiados no merecen ser rechazados”.

En un comunicado que ha hecho público a través de su perfil de Twitter, Musk ha comunicado que mantendrá su asiento en el consejo de asesores para “dar mi opinión en asuntos que son importantes para el país y para el mundo”.