La idea de que los jefes no dan un palo al agua está tan extendida entre los españoles como esa otra que les culpa de alargar las jornadas laborales y obligar a sus empleados a no abandonar su puesto hasta que salen por la puerta de la oficina. Más allá de lo que hagan desde que entran hasta que salen, si aprovechan o no el tiempo, las estadísticas reflejan que, desde luego, echan proporcionalmente más horas extras que sus empleados, con lo que, si arrastran a muchos a quedarse hasta tarde en la oficina, al menos no condicionan a todos. Más bien a cada vez menos.

La Encuesta de Población Activa (EPA) contabiliza las horas extraordinarias que realizan los directivos y gerentes y los empleados de oficina, contables y administrativos, entre otros colectivos laborales. Pues bien, en el cuarto trimestre de 2016 (las proporciones se mantuvieron a lo largo de todo el año) un 10,2% de los jefes realizaron horas extraordinarias, un total de 38.900 personas. Por su parte, los empleados que se quedaron trabajando más tarde de su hora de salida alcanzaron los 46.500, pero proporcionalmente supusieron solo un 2,6%.

Además, las diferencias se incrementan cuando se discrimina entre horas extraordinarias solo remuneradas o no pagadas. En el primer caso, el porcentaje de jefes que siempre cobran por ese esfuerzo extra es del 0,5%, frente al 0,9% de los empleados.

Asimismo, si bien en ambos colectivos se ha reducido en el último año el tiempo extra dedicado al trabajo en paralelo a la recuperación del empleo, la proporción de jefes que tienen contrapartida económica ha caído desde los 5.600 a los 2.000, menos de la mitad, mientras que en el caso de los empleados la cifra cae, pero no tanto: de los 21.800 trabajadores a los 16.100.

El reparto se invierte en el caso de las horas extraordinarias que se hacen sin contraprestación. El 8,7% de los jefes hace horas de más sin cobrar, mientras que solo el 1,6% de los empleados de la oficina está dispuesto a ello. Más aún, los jefes que se incluyen en este grupo han crecido desde los 31.000 en el cuarto trimestre de 2015 a los 33.700 al cierre de 2016, al tiempo que los empleados se han reducido de los 34.600 a los 28.300.

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Por sexos, son los hombres, tanto jefes como empleados, los que más alargan la jornada. Un 10,3% de los jefes lo hacen, frente al 9,5% de las jefas. Estos porcentajes son del 3,5% y del 2,2%, respectivamente, en el caso de los trabajadores de la oficina.

A la hora de cobrar o no este esfuerzo, la proporción de hombres que lo hacen es igual en ambos extremos de la jerarquía, no así en el caso de las mujeres: un 1,3% de las jefas se queda después de su hora, mientras que solo un 0,7% de las empleadas, alrededor de la mitad, lo hace.