El Banco de España, cuya labor de supervisión ha sido cuestionada en los últimos años de crisis, ha decidido, por fin, hacerse oír. El organismo que preside Luis María Linde está trabajando en la redacción de un libro blanco, de en torno a 50 páginas, en las que explica qué ocurrió realmente entre 2008 y 2012, los años en los que tomó forma la reestructuración financiera que ha cambiado completamente el mapa bancario en España.

Como un aperitivo a este libro blanco, Linde publicó el pasado viernes un análisis sobre el papel del Banco de España en la crisis en El País. Una crisis que deja a los españoles una factura que asciende a 60.718 millones (41.786 millones aportados por el FROB y 18.932 millones por el Fondo de Garantía de Depósitos) para evitar la quiebra de las antiguas cajas de ahorro.

En su artículo, Linde destaca que «la estrategia adoptada [por el Banco de España] para hacer frente a la crisis buscaba evitar la quiebra en cadena de un buen número de instituciones financieras. Esa estrategia perseguía, utilizando recursos privados y públicos y cambios legales e institucionales, evitar la contaminación de todo el sector bancario español, haciendo posible su posterior reestructuración, eliminando el riesgo de que se produjera una crisis de confianza, tanto en los mercados como entre los depositantes».

El libro blanco será clave para que el regulador se defienda si se abre una comisión de investigación

En opinión el gobernador del regulador bancario, «la liquidación mediante concurso de acreedores de las entidades con problemas habría tenido un efecto demoledor sobre la estabilidad del sistema financiero y habría supuesto la asunción de gran parte de las pérdidas por los depositantes, o por el contribuyente, en la medida en que el Estado hubiera cubierto esos depósitos, pues el importe que hubiera podido cubrir el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) en aquellos momentos habría quedado muy por debajo del total a compensar».

Recuerda que «entre 2008 y 2013 las entidades de crédito españolas realizaron saneamientos por un total cercano a los 270.000 millones de euros, asumidos en su mayor parte por los accionistas de esas entidades. Hay que subrayar que los depósitos de clientes no sufrieron pérdida alguna».

Linde, que tomó las riendas del Banco de España en junio de 2012, asegura que «no tengo ninguna razón para pensar que el Banco de España no actuase en función del interés general y respetando la normativa vigente en cada momento».

Reconoce fallos

Sin embargo, reconoce, «esto no quiere decir, naturalmente, que acertase siempre, que adoptase siempre las decisiones óptimas, bien por insuficiencias propias, bien por restricciones políticas e institucionales —severas en el sector de cajas de ahorro—, bien por deficiencias de información en casos que después, cuando han podido ser estudiados con mejor información, han tenido derivaciones, judiciales o de otro orden».

En este sentido subraya: «Creo que es obligado distinguir entre insuficiencias o, incluso, errores, y actuaciones susceptibles de reproche legal».

El gobernador del Banco de España reconoce errores de previsión. En su alegato apunta que «todas las instituciones, nacionales e internacionales, incurrieron en grandes errores de previsión, también el Banco de España. Esto, unido a la crisis en los mercados de deuda pública en la zona euro, que llegó a poner en cuestión la supervivencia de la moneda común, llevó a un intenso deterioro de nuestras entidades de crédito, especialmente del sector de cajas».

El libro blanco sería la herramienta clave para que el Banco de España defienda sus actuaciones, si finalmente se constituye, tal como reclaman Ciudadanos, Podemos y PSOE, una comisión de investigación que clarifique cómo se articuló el proceso para el rescate de las cajas de ahorro. Hasta la fecha, la iniciativa está bloqueada por el PP.