El viento sigue soplando a favor de la banca estadounidense. El profundo cambio de escenario que ha supuesto la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca representa un impulso para el sector que, lejos de apagarse, parece cobrar más fuerza con el paso de las semanas.

Como prueba, el índice bancario KBW Bank alcanzaba este miércoles sus cotas más elevadas desde 2007, en los 97 puntos. Acumula una ganancia próxima al 30% en los poco más de tres meses transcurridos desde que Trump salió victorioso en las elecciones estadounidenses.

Otro hito que ejemplifica el renovado brío del sector lo protagonizaba también esta misma semana Goldman Sachs, al superar sus máximos históricos, que databan de 2007. La entidad  financiera ha sido una de las grandes beneficiadas del nuevo contexto, que se ha traducido en el parqué en un repunte del 38% desde el pasado 8 de noviembre.

Sin embargo, el buen tono no es cosa de unos pocos nombres, sino del sector al unísono. De hecho, entidades como Bank of America registran un comportamiento aún mejor que el de Goldman, al sumar un 45% en el periodo. Morgan Stanley también suma algo más del 36%, mientras que JPMorgan y Wells Fargo se anotan cerca de un 30%.

Esta escalada ha permitido que el sector financiero haya recuperado un protagonismo perdido en los últimos años en el ránking de las mayores cotizadas de la bolsa mundial. JPMorgan, con un valor superior a los 320.000 millones de dólares es actualmente la sexta mayor cotizada del mundo, mientras que Wells Fargo, que ronda los 300.000 millones ocupa la novena posición.

A expensas de los tipos

De este modo, las entidades estadounidenses empiezan a dejar atrás los estragos de la crisis financiera que, si bien comenzó a percibirse ya en 2007, estalló con toda su virulencia en el verano del año siguiente.

En el tirón de los últimos días han tenido un protagonismo fundamental las crecientes expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) eleve los tipos a corto plazo. Las apuestas a un endurecimiento del precio del dinero en la próxima reunión de marzo rondaban este miércoles el 50%, después del mensaje que lanzó el martes la presidenta de la Fed, Janet Yellen, y tras el repunte de los índice de precios al consumo a máximos desde 2013.

Pero el sector también se ha visto ayudado por otras cuestiones clave. Entre ellas, el ambiente regulatorio más propicio que se vislumbra bajo la nueva Administración estadounidense. El propio Trump ha lanzado ya mensajes sobre su disposición de revocar buena parte de la normativa financiera aprobada en los últimos años, como respuesta a la crisis.

En este sentido, la reciente dimisión de Daniel Tarullo, miembro de la Fed responsable de regulación financiera ha sido entendida como un paso clave hacia un entorno más favorable, ya que se prevé que Trump sitúe en su lugar a un banquero central más favorable a una política regulatoria laxa.

Otro factor que ha podido ayudar a la banca, al unísono con el resto del mercado -los principales índices bursátiles de EEUU registraban este miércoles nuevos máximos históricos- son las expectativas sobre una amplia rebaja fiscal en la mayor economía del mundo. Unas esperanzas favorecidas por el mensaje lanzado por Trump este mismo miércoles de que un «masivo recorte de impuestos» llegará pronto.