Hace 11 años nació Twitter. El 21 de marzo del año 2006 Jack Dorsey, @jack, lanzaba el primer trino de la historia de la red social, en el que el fundador de la compañía anunciaba que estaba «configurando mi twitter».

Desde ese primer trino (puedes ver tu primer tuit introduciendo aquí tu usuario) Twitter ha vivido de todo en estos 11 años de vida. Desde el éxito absoluto en sus primeros días de cotización en Wall Street hasta la irrelevancia financiera en la que está sumida ahora mismo la compañía, si bien su influencia entre el público sigue intacta. En el año 2016, Twitter perdió 457 millones de dólares, más de 423 millones de euros, aunque ha logrado cerrar algo la herida que lleva sangrando tanto tiempo.

Pese a que el primer mensaje data de ese 21 de marzo de 2006, no fue hasta el 15 de julio de ese mismo año cuando todos los internautas tuvieron acceso a la red social, y el calendario tuvo que avanzar hasta abril del 2007 para que Dorsey constituyera la empresa que ahora conocemos como Twitter.

Poco tardó el bueno de Jack en darse de bruces contra la realidad. Con apenas dos años y medio de vida, en octubre del año 2008, tuvo que dejar el sillón destinado al CEO y dio un paso atrás para quedarse simplemente con la etiqueta de dueño en un puesto no ejecutivo. El cargo de consejero delegado pasaba ahora a Evan Williams, cofundador de la compañía.

Bajo el régimen de Williams la red social fue creciendo poco a poco, abonada por la novedad y por la impresionante masa de usuarios que se abría a sus pies. En noviembre del 2008, sólo un mes después del cambio en lo más alto, se superaban los 1.000 millones de tuits lanzados en todo el mundo.

El crecimiento era entonces casi imparable. Las casas de análisis le otorgaban a Twitter unos avances anuales del 1.382% cuando acabó marzo de 2009. El boom era tremendo. Los editores del diccionario Collins, uno de los más prestigiosos en inglés, decidieron incluir el verbo tuitear entre sus vocablos en el verano de ese mismo año.

Con 50 millones de tuits al día, no es de extrañar que la compañía diera el primer paso hacía la monetización en la primavera del año 2010, cuando entraron en juego los mensajes promocionados por las marcas o los usuarios.

Más convulsión

De nuevo parecía que las cosas se encauzaban en las oficinas de la compañía en San Francisco, pero la salida de Evan Williams volvió a devolver la convulsión a una empresa que ya estaba empezando a acostumbrarse a la zozobra. El cargo de consejero delegado pasaba, en octubre del año 2010, a quedar en manos de Dick Costolo, que hasta entonces era el director de operaciones.

El punto de mayor influencia de Twitter, en el que sacó a relucir su carácter global y la influencia que puede tener, fue en la conocida como Primavera Árabe, un fenómeno social que estallo a comienzos del 2011 y que parecía que podía llevar la democracia a ciertos territorios de mayoría musulmana. En plenas revueltas y protestas en países como Egipto o Túnez, Twitter fue el canal por el que se comunicaban los manifestantes y por el que hacían saber al mundo las terribles represalias de regímenes como el de Hosni Mubarak, ex presidente del país del Nilo.

La red social alcanzó entonces una relevancia que es difícil que vuelva a alcanzar. También fue el momento en el que empezaban los rumores de una adquisición por parte de gigantes como Google o Facebook, en una operación que ya por entonces se cifraba en el entorno de los 10.000 millones de dólares, más de 9.200 millones de euros, pese a que la valoración de la compañía apenas superaba los 7.700 millones de dólares, más de 7.100 millones de euros.

Marzo de 2011 volvió a traer otro cambio en la dirección de la compañía. Jack Dorsey retornó para ocupar el cargo de director ejecutivo, con la misión de encontrar una vía que permitiera rentabilizar a las decenas de millones de usuarios que ya tenía la red social. Un año después superaban los 140 millones de usuarios y los 340 millones de tuits diarios, pero ni rastro de mejoras en las cuentas de la compañía.

Para septiembre de 2013 la cifra de usuarios llegaban a los 200 millones de cuentas activas de forma mensual. Eso animo a los responsables de la compañía a afrontar el mayor desafío: conquistar Wall Street.

Problemas bursátiles

La historia bursátil de Twitter es significativa de las expectativas frustradas por la compañía. La red social del pájaro hizo su debut sobre el parqué el 7 de noviembre de 2013, con un espectacular repunte del 73%. El optimismo en torno a la compañía se prolongó durante las semanas siguientes y antes de cerrar el año acumulaba una revalorización del 182%, lo que le otorgaba un valor de mercado superior a los 40.000 millones de dólares, casi 37.000 millones de euros.

Pero desde entonces, las dudas sobre su capacidad para ampliar su base de usuarios y, sobre todo, para rentabilizarlos ha dejado una profunda huella sobre su capitalización. Hoy en día, Twitter se mueve en bolsa en zona de mínimos históricos, con una capitalización ligeramente superior a los 10.500 millones de dólares, más de 9.700 millones de euros, tras depreciarse cerca de un 80%.

En los últimos tiempos, solo los rumores sobre su posible compra han logrado animar temporalmente su rumbo bursátil. Pero diluidos éstos, la crudeza de los números sigue sin ofrecer alivio al valor. Tras los últimos resultados, los analistas de Nomura resaltaron que las cifras se situaron por debajo de las previsiones y que las perspectivas emitidas por la dirección no hacen augurar una recuperación en el inicio de 2017. De este modo, el banco japones cree que Twitter podría profundizar en sus mínimos y caer hasta los 13 dólares, un 11% por debajo de su cotización actual.

Nuevas vías, mismos resultados

La introducción de nuevas funcionalidades, a las que Twitter fió un crecimiento que de momento no se ha materializado, tampoco ha funcionado como se esperaba. En enero de 2013 compró Vine y los usuarios empezaron a popularizar estos pequeños vídeos en bucle que apenas duran unos pocos segundos. O duraban. Hace sólo unos meses Twitter anunciaba el fin de Vine, a la que echó el cierre, después de que los costes de mantenerla en pie superaran a los beneficios económicos que traía. Ni siquiera una reunión con los principales productores de contenidos salvó a los famosos loops.

En la misma línea estuvo la compra de Periscope, una herramienta para interactuar con vídeos en directo que es popular, pero que no ha alcanzado la difusión que se esperaba. Más allá del uso que le da Gerard Piqué cuando al Barcelona le va bien, la verdad es que esta herramienta esta poco a poco quedando atrás en favor de las retransmisiones en directo.

Precisamente esta es la última funcionalidad en la que confía Jack Dorsey, y en la que más le vale no equivocarse. Twitter llegó a un acuerdo con la NFL, la liga norteamericana de fútbol americano, para emitir cada jueves un partido en horario de máxima audiencia. La maniobra sí dio ciertos réditos, con una audiencia media de más de 2,5 millones de personas conectadas viendo los partidos.

La estrategia se repitió durante los debates electorales entre Donald Trump y Hillary Clinton, los dos candidatos a ocupar la Casa Blanca. Twitter emitió los tres enfrentamientos directos entre los, por entonces, candidatos, que también congregaron a millones de usuarios.

La red social ha reflejado en estas herramientas la esencia de su historia. Tienen éxito, los usuarios las utilizan y sirven para difundir contenidos interesantes de los que millones de personas se hacen eco. Pero no llevan ingresos a la arcas de la compañía, ni hacen crecer el número de usuarios.

Queda por ver, por lo tanto, si la errática marcha de Twitter termina por una vez de encauzarse. Parece que los rumores de compra, que disparaban y hundían su cotización en Wall Street según soplara el viento, se han apagado definitivamente, y eso puede ser una gran noticia o una muy mala. Quizás los inversores ya han abandonado incluso la idea de que, algún día, Twitter pueda ser rentable. O quizás no.