Vía libre para el BCE. Las elecciones francesas han quedado ya atrás y con ellas el principal riesgo político que se cernía sobre Europa se ha disipado, gracias a la victoria de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen.

Hace tan sólo unos meses, la eurozona aparecía cercada por una serie de citas electorales que amenazaban con abrir nuevas brechas en la unión, por el auge de los partidos populistas de posturas antieuropeas. Ahora, pasados los comicios holandeses y franceses, esos miedos han quedado aplacados y algunos expertos se atreven a hablar incluso del renacimiento de Europa.

Este escenario político más apacible coincide con un entorno económico cada vez más favorable -Bank of America Merrill Lynch acaba de elevar su previsión de crecimiento en la eurozona hasta el 1,7%-, que parece allanar el camino para que el BCE active el plan de salida de las políticas de estímulos extraordinarios en que se encuentra inmerso desde hace años.

El BCE podría avanzar ya en junio en el fin del ‘QE’ con un cambio en su mensaje

«En un contexto de crecimiento mundial positivo, aunque moderado, la zona euro goza de una dinámica bien orientada. Los temores deflacionistas se disipan y alimentan el debate en torno a un abandono progresivo de las políticas monetarias ultraexpansivas puestas en marcha por el BCE», apunta Adrien Pichoud, economista jefe de SYZ AM.

El mercado contempla desde hace semanas que la próxima reunión de la institución, que tendrá lugar el 8 de junio, podría ser el momento ideal para que la institución que preside Mario Draghi empiece a dar los primeros pasos de este proceso, que podrían consistir en una serie de cambios en el tono de su discurso.

«La reunión del BCE del 8 de junio ofrecerá probablemente algunas indicaciones sobre el tema clave de la retirada del QE. De hecho, un menor riesgo político, junto con un sólido contexto macroeconómico y los primeros indicios de un repunte de la inflación subyacente, apuntan a una salida gradual del actual régimen de política monetaria extremadamente acomodaticia», indica Julien Lafargue, estratega de renta variable europea de J.P. Morgan Banca Privada.

En la misma línea, Raman Srivastava, codirector de inversiones en Standish -firma asociada a BNY Mellon-, opina que «las elecciones francesas suponían un gran riesgo para Europa y, ahora que se ha descartado que Marine Le Pen vaya a presidir el país, creemos que la relativa estabilidad política podría hacer de este un buen momento para que el BCE empiece a plantearse el tapering».

Un proceso con riesgos

Todo esto tiene notables implicaciones para los mercados y, muy especialmente, para la deuda europea. Tras varios años condicionada por las ingentes compras de bonos ejecutadas por el BCE -ha invertido 1,83 billones de euros a través de su programa QE-, la simple mención de la retirada de los estímulos podría desencadenar notables turbulencias, como ya ocurrió en Estados Unidos cuando la Reserva Federal anunció que se aproximaba el fin de las compras de activos.

De hecho, aunque, a priori, la victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas supone un elemento favorable para la deuda europea, al eliminar un importante riesgo político, los bonos europeos no se beneficiaron de esta circunstancia este lunes.

El repunte de los tipos podría amenazar la sostenibilidad de la deuda de algunos países

Al contrario, la rentabilidad de los países periféricos registró repuntes que fueron especialmente significativos en el caso de Italia, donde el interés del bono a diez años escaló ocho puntos básicos, hasta el 2,25%. Precisamente, la situación italiana es vista actualmente como el principal riesgo en el escenario político europeo, aunque no está previsto que se celebren elecciones en el país hasta dentro de, al menos, un año.

Los títulos de España, Portugal o Irlanda también vieron elevarse sus rentabilidades en la jornada.

Un informe reciente de Natixis advertía sobre el riesgo de que los problemas de la deuda vuelvan a hacerse tangibles en la eurozona. El banco galo ponía de relieve que en algunos de los países más débiles, como Portugal o Italia, el coste de los intereses se mantiene desde hace tiempo por encima de las tasas de crecimiento económico, lo que dificulta el desapalancamiento de estas economías y podría llegar a hacer insostenible la carga de sus deudas.

La entidad señalaba igualmente que países como España o Francia -con una carga de deuda próxima al 100% del PIB- podrían llegar a verse en una situación similar si se prolongaba la tendencia al alza de los tipos de la deuda, un escenario que podría agudizarse cuando el BCE empiece a retirar sus estímulos.

El propio gobierno español ha mostrado en algunos momentos su inquietud por el repunte de los tipos, aunque, la reciente caída de las rentabilidades de la deuda en los mercados ha aliviado esta preocupación.

Sin embargo, la mayor parte de los expertos coincide en que en un escenario de crecimiento económico como el actual, el banco central podrá gestionar sin sobresaltos una retirada gradual de su programa de estímulos.

En Bank of America temen, no obstante, que el banco central se precipite en su estrategia por dar satisfacción a las posturas políticas más críticas con el escenario actual de estímulos monetarios. «El cuadro general es que éste es un banco central que probablemente saldrá de forma prematura debido a la política interna, no a la economía, poniendo en riesgo el anclaje de las expectativas de inflación y poniendo potencialmente en riesgo la dinámica de la deuda si acabamos en un escenario de baja inflación».